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   Capítulo 67 En el Cine

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9213

Actualizado: 2019-07-13 09:10


"¡Buuu... huuuu...! Carlos Huo, Sr. Huo, Sr. Guapo, lo siento, cometí un error", Debbie se aferró a un barandal del ascensor y lloró, negándose a dar un paso más.

Carlos ignoró sus súplicas y la arrastró al cine con indiferencia, cuando llegaron al lugar, estaba lleno de espectadores, pero el gerente lo recibió en cuanto apareció en la entrada y los condujo a él y a su esposa hacia la sala más grande.

Cuando el encargado se fue, Debbie sostuvo a Carlos por la cintura y le suplicó de nuevo: "Sr. Guapo, me di cuenta de que estaba equivocada y no lo volveré a hacer, por favor, ¿podemos irnos ahora? Es espeluznante ver películas de terror en la noche, podría matarme, vamos a casa, por favor, por favor".

Carlos se mostró impasible y todavía actuó indiferente, después de arrastrarla al centro del teatro, la hizo sentarse a su lado.

La película comenzó rápidamente, una escena de un cementerio oscuro apareció los primeros minutos, esto hizo que la sangre de su mujer se congelara. "Carlos Huo, ya me disculpé, ¿por qué sigues haciendo esto? No volveré a beber, ¿de acuerdo? ¿Puedes perdonarme por favor?".

Debbie apartó los ojos de la pantalla y miró a su marido. Pero los efectos de sonido de la película hicieron que su corazón se acelerara, entonces ella se cubrió las orejas con fuerza con las manos, por un tiempo, eso ayudó, pero pronto le dolieron las manos y las muñecas. La fobia y el horror la estaban volviendo loca, Debbie había rogado y suplicado, pero su marido parecía no tener corazón al ignorarla. "¡Carlos Huo, eres un monstruo! ¡Estoy harta de ti! ¡Me divorciaré de ti! ¡Te juro que lo haré! ¡Vamos a divorciarnos ahora!", la chica había perdido los estribos.

"Siéntate bien", dijo el hombre después de mirarla con indiferencia, Debbie se levantó desafiante de su asiento y trató de ignorar los horribles sonidos. "Si quieres quedarte, ¡bien! ¡Quédate! ¡Yo me voy!", luego, ella aventó las gafas 8D lo suficientemente lejos de puro coraje.

'¡Lo odio! ¡Odio sus malditas agallas para hacer las cosas! ¡Me divorciaré de él, pase lo que pase!', pensó Debbie mientras se precipitaba hacia la salida del cine.

Para su mala suerte, la puerta estaba cerrada con llave desde afuera, ella empujó la puerta ansiosamente durante un buen rato, pero nadie vino a rescatarla.

Frustrada, pisó furiosa el suelo, se tapó los oídos, cerró los ojos y gritó a todo pulmón: "¡Carlos Huo, eres un imbécil! ¡Déjame salir! ¡Déjame salir ahora!".

Ella gritó y maldijo, no obstante, todos sus esfuerzos fueron inútiles, como si ninguna de sus palabras pudiera escucharse, Carlos permaneció indiferente, sentado allí, con los ojos en la pantalla.

Finalmente Debbie tuvo suficiente y comenzó a llorar, "Quiero salir... no quiero estar

se quedó dormida.

A la mañana siguiente, cuando se despertó, Carlos se había ido, así que empacó sus cosas y se preparó para irse.

Fue una decisión tan repentina que Karen no estaba preparada, estaba ocupada con algún asunto familiar y no podía ir con Debbie, finalmente, esta última se fue sola al aeropuerto.

Las concurridas calles de Ciudad Y estaban llenas de personas que iban de un lado a otro, ocupándose de sus propios asuntos, Debbie esperó pacientemente su vuelo con destino a ciudad J.

Fue un vuelo largo y agotador, al bajar del avión, paró un taxi y encontró el hotel que había reservado en línea. En el momento en que metió su maleta en el armario, se puso un atuendo blanco, después unos tenis, tomó su bolso y salió a divertirse.

Debbie se compró una porción de tofu relleno con salsa picante y caminó sosteniendo la comida en sus manos, cuando vio un objeto interesante en una tienda de la calle, se detuvo para apreciarlo. Cuando estaba tomando un bocado del tofu, su teléfono sonó, miró el identificador de llamadas, siguió comiendo y colgó. Era Carlos, ella no respondería su llamada, no obstante, él parecía bastante insistente. Su teléfono sonó una y otra vez y otra vez, cada vez que Debbie colgaba, su esposo llamaba de nuevo. Cuando su celular sonó por enésima vez, ella lo levantó con impaciencia y dijo: "Viejo, ya es suficiente, ¿tu empresa está en la quiebra o algo así? ¿No tienes trabajo que hacer? ¿Por qué sigues llamándome? ¡Es tan molesto!".

"Deb, soy yo", la extraña pero familiar voz la hizo congelarse mientras caminaba. Ella miró la pantalla de su teléfono para verificar el número, ciertamente no era Carlos, era Hayden quien la estaba llamando esta vez.

"Oh, ¿qué pasa?", el tono de Debbie se suavizó, tiró la caja de tofu a la basura, se secó la boca y lo escuchó atentamente.

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