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   Capítulo 70 ¡Haz pedazos la maldita tienda!

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8451

Actualizado: 2019-07-15 00:02


La forma en que trataban a su esposa hizo que a Carlos le hirviera la sangre, caminó sombríamente como un asesino de almas y antes de que los dos hombres robustos pudieran darse cuenta, envió a uno de ellos al suelo, luego pateó al otro a un lado de la vieja cama.

Luego ayudó a Debbie a incorporarse y la abrazó, su cabello estaba hecho un desastre, con suavidad, él apartó el pelo despeinado de sus ojos y le preguntó en un susurro: "¿Estás bien?". Había algunos rasguños en el rostro de su mujer, preocupado de que pudiera dolerle, Carlos evitó tocarle la cara y solo sopló un poco de polvo.

Con lágrimas cayendo por sus mejillas, Debbie asintió para decirle que estaba bien.

Carlos la mantuvo a una distancia segura de los dos hombres caídos, y luego caminó hacia ellos, levantó a uno de los sujetos, torció uno de sus brazos detrás de su espalda y luego, con un chasquido, le dislocó el brazo, el hombre sólo aulló de dolor.

Mientras Debbie sobaba sus muñecas, su marido rompía el brazo del otro hombre, ella se quedó impresionada cuando vio a Carlos derribar a los dos sujetos robustos tan rápidamente con sus propias manos. Al ver su ira, Debbie comenzó a preocuparse de si su marido los mataría, los delincuentes lloraron y gritaron como si fueran cerdos llevados a un matadero. Después de unos largos minutos que parecieron un siglo para los hombres, Carlos finalmente decidió descansar sus brazos y atender a su mujer, relajó las muñecas, ayudó a Debbie a levantarse y la sacó de la habitación. Cuando salieron, el encargado de la tienda estaba esperando a Carlos de rodillas, obviamente, se había dado cuenta de que había cometido un gran error al meterse con la persona equivocada.

"¿Qué fue lo que pasó?", Carlos le preguntó a su esposa con indiferencia. Debbie se sorprendió ante la pregunta, como su marido había golpeado a los dos hombres sin decir nada, había pensado que nunca se molestaría en preguntar la causa del asunto. '¿Acaso perdió la razón por mi culpa?', pensó ella por unos segundos. Luego señaló la hebilla con el símbolo de la paz en el estante y dijo: "Me obligaron a comprar ese artículo y no me querían dejar ir a menos que les diera el dinero".

Carlos miró la hebilla y se quedó callado, su mujer continuó: "Me pedían 28.000 dólares, pero la verdad es que no vale eso, por supuesto que no la compraría. Luego me encerraron en esa habitación, también me arrebataron el bolso y quisieron cobrarme con la tarjeta bancaria, lo siento, quise decir, tu tarjeta".

Con sólo una mirada, s

é que me equivoqué, así que por favor no te enojes", suplicó en voz baja sosteniendo la mano de su esposo con una sonrisa aduladora.

Como la chica poco femenina que era, eso era lo mejor que podía hacer para comportarse de forma linda y tierna, aunque en realidad, actuar de esa forma era una tortura para ella.

Sin embargo, el hombre no parecía apreciar sus esfuerzos, él se mantuvo indiferente y no creyó una palabra de lo que Debbie acababa de decir.

Ella se sintió completamente frustrada, desesperada por demostrar su sinceridad, levantó la mano derecha y dijo: "Te juro que es verdad cada palabra que acabo de decir, estoy realmente agradecida por lo que hiciste por mí hoy y prometo que te escucharé cuando regresemos".

De repente, Carlos la tomó en sus brazos, el corazón de Debbie latía nerviosamente, ni siquiera sabía cómo reaccionar ante tal situación. "Nunca vuelvas a viajar sola", exigió su marido, ella asintió llena de nervios. '¿Es... está preocupado por mí?', se preguntó Debbie, no obstante, se sentía dudosa. "Carlos Huo, ¿por qué estás aquí?", finalmente, ella reunió el coraje suficiente para formular la pregunta crucial que la había preocupado a lo largo del día, al mismo tiempo, una parte de su ser esperaba que su respuesta fuera "Estoy aquí por ti".

"Sólo estaba de paso", respondió Carlos tranquilamente.

Debbie se negó a creer una sola palabra de lo que su esposo acababa de decir. Pensando que él había venido aquí por ella, envolvió sus brazos alrededor del cuello de Carlos con felicidad, se puso de puntillas y lo besó en la mejilla con afecto.

'Gracias Carlos Huo, gracias por permitirme confiar en ti', dijo ella en su interior.

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