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   Capítulo 89 Seducción

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8389

Actualizado: 2019-07-24 00:26


El hecho de que Debbie fuera la esposa de Carlos era suficiente para prohibir a Jeremías querer algo más que amistad con ella. Incluso si fuera el hombre más valiente del mundo, no se atrevería a cruzar el umbral con la esposa de Carlos.

Kristina le envió un emoji de ojos de corazón, y a continuación lo que imaginaba. "Quiero dormir en los brazos de Debbie".

Dixon respondió de inmediato con el emoji de cara preocupada, "¿Qué hay de mí? ¿Qué me pasará, entonces?"

Los otros se rieron a los gritos.

Más tarde, dos de los ayudantes del médico vinieron a la villa para traer algunos medicamentos, y entraron en la habitación en donde estaban tratando a Carlos. Después de esperar dos horas más, la determinación de Debbie se iba debilitando. Todavía no había salido nadie de la habitación. Debbie estaba tan ansiosa por saber qué estaba pasando adentro, que estaba a punto de entrar.

Alrededor de media hora más tarde, la puerta de la habitación se abrió y por fin salieron los dos asistentes. "¿Cómo está mi marido? ¿Va a estar bien?". Debbie corrió hacia ellos en cuanto salieron de la habitación.

"Se extrajeron las dos balas, la cirugía ya está por terminar, El doctor Jiang está haciendo los últimos retoques para asegurarse de que no haya riesgo de problemas en el futuro", le aseguraron.

Debbie se sintió un poco aliviada. "¿Puedo entrar?", preguntó.

"Espere unos minutos más por favor, El doctor Jiang saldrá pronto".

"Está bien".

Quince minutos después, el doctor salió de la habitación, se quitó la máscara, lucía exhausto. "Las balas han sido extraídas y hemos logrado detener el sangrado, pero creo que sería mejor llevar al Señor Huo al hospital ya que no hay equipamiento médico adecuado en la villa", afirmó.

"Ya veo, gracias, doctor", asintió Debbie.

El doctor Jiang no sabía exactamente quién era esta joven, pero como Carlos la había mantenido cerca, en especial cuando resultó herido, dio por hecho que debía ser alguien especial para él. Con eso en mente, el doctor se dirigió a ella con respecto, "No hay de qué, Emmett y Tristán estarán aquí en un minuto, por favor, no duden en llamarme si me necesitan".

"Bien, gracias, por favor, déjeme acompañarlo".

"Conozco la salida, puede ir a ver al Señor Huo ahora".

"Muy bien, gracias, doctor".

Emmett y Tristan llegaron a la villa muy pronto, Debbie se sorprendió al notar que Tristán estaba cojeando, parecía que su pierna izquierda estaba herida también. Tristán le dijo que no se preocupara porque l

abían regresado algunos sirvientes a la villa.

"¿De verdad quieres que otra mujer vea a tu esposo desnudo?", dijo Carlos por detrás.

Debbie exhaló impotente, "¡Está bien! Te ayudaré a cambiarte". Carlos la había pillado, realmente no quería que otra mujer viera el cuerpo de su esposo.

Por fortuna, no fue tanto trabajo, excepto por las burlas de Carlos. No se comportó en absoluto cuando ella le cambió los pantalones.

Cuando le estaba poniendo la sudadera, accidentalmente chocó contra su pecho y lo besó ahí.

"Deb, niña traviesa, me estás seduciendo", su cuerpo se puso rígido al instante cuando los suaves labios de Debbie tocaron su piel. Instintivamente, la abrazó con su brazo izquierdo.

La cara de Debbie se encendió de vergüenza, se sentía como si estuviera en llamas. Se cubrió la cara ardiente con el dorso de la mano y dijo: "Fue un accidente, eres demasiado alto y me tropecé".

"¿Qué te parece si vamos al hospital después?", le susurró al oído con voz tentadora.

"¿Eh? ¿Después de qué?".

"Después de un postre," continuó Carlos, oliendo su cabello. "¿Qué estás pensando?".

Al darse cuenta de lo que estaba insinuando, Debbie lo pellizcó en la cintura, "Deja de bromear, date prisa". El corazón le latía con fuerza, pero lo empujó. Nerviosa, agarró su brazo izquierdo apresuradamente y lo metió en la manga.

Pero Carlos no se dio por vencido y continuó con su seducción. "Cariño, solo mi brazo está herido, mis otras partes están como nuevas, si no me crees, ¿por qué no las examinas por ti misma? Ven, ven".

Debbie trató de parecer enojada para encubrir su nerviosismo. "¡En tus sueños, caradura! Ahora, vamos al hospital".

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