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   Capítulo 107 La llegada de la suegra

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 7117

Actualizado: 2019-07-30 04:09


En su oficina del Grupo ZL, Carlos escuchaba a una de sus secretarias, Zelda, que le hacía un informe, cuando sonó su teléfono. En el identificador de llamadas aparecía el nombre de su madre.

"Señor Huo, eso es todo, lo dejo aquí". Cuando Zelda se dio cuenta de que era una llamada personal, puso el informe sobre el escritorio y se excusó.

Una vez que salió y cerró la puerta detrás de ella, Carlos tomó la llamada. "Hola mamá", saludó.

"Hijo, ¿es un mal momento?", preguntó Tabitha Luo con voz suave.

"No, para nada. ¿Qué pasa?".

"Tu padre y yo vimos las noticias esta mañana. Tú...", Tabitha no terminó su oración.

Carlos sabía lo que ella trataba de preguntar, así que admitió "Sí, mamá, es verdad".

"Entonces tráela a casa, por favor, tu padre y yo queremos conocerla, o, mejor aún, puedo ir a veros estos días que estoy libre". Algo importante le había ocurrido a Tabitha Luo y necesitaba con urgencia conocer a su nuera.

"Está bien, haré que Emmett reserve un boleto de avión para ti". Carlos, por su parte, quería esperar hasta que llegara su madre para decirle que Debbie y él ya se habían casado.

"Bien, entonces te dejaré volver al trabajo. Cuídate, ¿de acuerdo?".

"Por supuesto, lo haré, mamá. Chau".

Carlos colgó el teléfono y miró por la ventana, sumido en sus pensamientos. No mucho después de que él y Debbie se habían registrado para casarse, su abuelo había caído en coma.

Por eso sus padres todavía no sabían nada sobre su matrimonio.

En la Escuela de Economía y Gestión.

Afuera del baño, Karen de repente abrazó a Debbie y le preguntó en un susurro: "Jefa, dime, anoche, ¿tú y el señor Huo... eh?". Y en lugar de terminar su oración, le guiñó el ojo con picardía.

Al oír mencionar la noche anterior Debbie se soltó de la mano de karen y puso los ojos en blanco, su cara se puso roja. "Sabes todo, ¿verdad?".

"Tengo algunas pistas, cariño", dijo Karen en un tono travieso. "Bueno, puedo ver cuando una mujer ha tenido sexo, caminas de manera diferente. Además, con las noticias de esta mañana, puedo sumar: dos más dos...", susurró.

Debbie estaba tan avergonzada qu

"suegra" y "llegada".

'¿Cómo será? ¿Le gustaré? ¿Y si ella no...?', su mente viajó millas de distancia.

"¿Qué quieres almorzar? ¿Por qué no vienes a mi oficina así podemos almorzar juntos?", continuó Carlos.

"¿Qué? ¿Almorzar? Oh, almuerzo...". La palabra "almuerzo" devolvió a Debbie a la realidad. Miró a Karen que estaba hablando con su amiga en WeChat, y se quejó: "Es todo culpa tuya, ahora tendré que comprarle el almuerzo a Karen durante un mes, ya no podré almorzar contigo".

Al oír esto, Karen supo que había ganado. Provocadora, levantó dos dedos e hizo un gesto de victoria.

"¿Eh?", Carlos estaba confundido. '¿Por qué es mi culpa?'.

Debbie dijo con indiferencia: "Hice una apuesta con Karen y perdí..."

"¿Una apuesta por ir de excursión?", Carlos había adivinado bien.

"Sí", respondió Debbie.

A él le resultó divertido. "Ven a mi oficina más tarde para almorzar, yo resolveré lo de Karen, ¿está bien?".

"No. Perdí la apuesta, así que compraré el almuerzo de Karen por un mes, hicimos un trato", declaró Debbie.

"Deb, estaba bromeando, no importa si me compras el almuerzo, no te lo tomes demasiado en serio", dijo Karen.

Eran buenas amigas, incluso si Debbie rompía su promesa, a Karen no le importaría.

"Pon a Karen al teléfono, quiero hablar con ella". Carlos sabía cuánto significaba la amistad para Debbie, y su palabra era un compromiso, así que decidió ayudarla.

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