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   Capítulo 113 Ahora vivo una vida feliz

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8515

Actualizado: 2019-08-01 00:12


Al ver a Debbie atragantarse con la sopa, Julie en seguida tomó un pañuelo y limpió la sopa derramada sobre la mesa. "¿Por qué tanta prisa?, tómate tu tiempo", dijo.

"No vuelvan a hacerme esto", advirtió Debbie, con una mano en su corazón. Aún era una estudiante y no tenía planes de tener un bebé todavía.

De repente, recordó que algo no estaba bien: Carlos no había usado condón y ella se había olvidado de tomar su píldora del día después.

Tragó la sopa rápido y le envió un mensaje de texto a Carlos. "¡Mierda, viejo! No tomé mi píldora del día después. ¡No sé cómo lo olvidé!, ¿será demasiado tarde para tomarla ahora?".

Justo antes del almuerzo, ella le había enviado un mensaje para preguntarle por su cuenta de WeChat pero él todavía no le había respondido. Esta vez, su respuesta llegó de inmediato. "¿Qué píldora?".

¿Cuál era el nombre? Abrió Google y buscó "anticoncepción de emergencia". Recorrió la lista de resultados y en seguida lo encontró. ¡Mifepristona! En un parpadeo copió el enlace, tomó una captura de pantalla y le envió ambos a Carlos.

A continuación, su teléfono sonó. "Debbie Nian, hay dos cosas aquí, en primer lugar, ya es demasiado tarde para la píldora del día después. En segundo lugar, quiero un bebé. Quiero decir, ambos deberíamos estar desesperados por tener un bebé a esta altura", dijo con una voz firme que reflejaba claramente su intención.

"¿Qué? ¿Pero, por qué?", preguntó Debbie incrédula. ¿Ya quería tener un bebé desesperadamente?

"Cariño, escúchame". Con el teléfono en la mano derecha, se frotó el arco de las cejas con la izquierda y comenzó a explicar. "Deb, estamos casados, si te quedas embarazada, no sería algo preocupante. Felizmente, quiero que nos quedemos con el bebé. ¿Entiendes?".

"Pero... pero...", tartamudeó Debbie. No sabía cómo hacer que Carlos cambiara de opinión. Después de una larga pausa, encontró una excusa débil. "Quieres un niño, ¿y si diera a luz a una niña? ¿La ignorarías entonces?".

Sus propias palabras lo golpearon, en un tono inexpresivo, dijo: "No puedo permitirme ser selectivo con algunas cosas. Ya sea una niña o un niño, recibiré al bebé con los brazos abiertos Mientras tú seas la madre".

"¡Pero todavía estoy estudiando!".

"Los estudiantes universitarios pueden tener bebés".

"Pero... ¡Tú quieres que estudie en el extranjero el año próximo!". Debbie se sentía un poco desconcertada.

"Si te quedas embarazada, me iría al extranjero contigo".

"Pero... pero...", Debbie se había quedado sin excusas.

"Sin peros, lo que de

premió con una sonrisa. La superficialidad de toda la pregunta hizo que Jeremías maldijera. '¡Vamos tío!, ¡danos un respiro! ¡Deja de mostrar que estás loco por Debbie cuando estamos aquí!'.

Pero si pensó que la pregunta de Carlos era exasperante, sus siguientes palabras fueron aún peores.

"Ya que la chica te rescató, ¿podrías bailar para ella después de la clase? Solo puedes dejar de bailar cuando ella se ría", le dijo Carlos a Jeremías. Debbie no pudo contener la risa.

'A este ritmo, ¿llegaremos a alguna parte con nuestro trabajo de clase?', se preguntó.

La ridiculez de toda la situación provocó algunas risas y murmullos.

La cara de Jeremías estaba tan oscura como la tinta. '¡Carlos Huo, eres un idiota!', pensó.

Como si no fuera suficiente, Carlos continuó: "Bueno, si no puedes bailar para ella, entonces deberás verme en mi oficina después de clase".

Jeremías no tenía otra opción. "Señor Huo, elijo... bailar para Debbie", dijo Jeremías con los dientes apretados, lo que hizo que la clase entera estallara en carcajadas.

Cuando terminó la clase, Carlos recogió sus cosas, señaló el pizarrón y dijo: "Jeremías Han, eres alto, limpia el pizarrón".

Jeremías se quedó con la boca abierta.

'¿Otra vez? ¿En serio? ¿Le debo un millón de dólares o algo así?', maldijo mentalmente.

Debbie apoyó la mano en su barbilla y miró a Jeremías, que estaba limpiando la pizarra con cara larga.

Karen y Kristina se acercaron a Debbie y le hicieron un guiño, "Jefa, tu esposo es muy cariñoso".

Debbie sonrió con dulzura: "Para ser honesta, no puedo creerlo. La verdad no me gusta que él me consienta así, usando guantes de seda con un alma endurecida como la mía".

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