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   Capítulo 121 ¿Me lo prometes

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8858

Actualizado: 2019-08-03 05:51


Con una expresión muy seria en el rostro, Carlos dijo: "No me importa lo que piensen los demás de mí. No toleraré que nadie se ponga en contra de ti. Ni siquiera un niño de 5 años. Te doy mi palabra".

Meterse con su esposa significaba meterse con el mismo Carlos, y no dejaría que nadie hiciera eso tan fácilmente.

Debbie estaba verdaderamente conmovida de que, esta vez, Carlos estuviera de su lado contra Megan. Aquello era toda una sorpresa. Fingiendo estar enojada, hizo un puchero y dijo: "Si no te olvidas de eso, la ansiedad hará que me ponga a llorar. ¿Te sentirías culpable si me hicieras llorar?".

Reflexionando sobre sus palabras, Carlos bajó la cabeza y vio que los sentimientos afloraban a los ojos de Debbie. El disgusto le empañó el rostro. Pero se equivocó al interpretar las emociones de ella. El motivo por el que tenía los ojos llorosos era que estaba conmovida al ver cómo la protegía. Suspirando derrotado, Carlos no entendió lo que de verdad le pasaba. "De acuerdo, está bien. Te dejaré hacer lo que quieras, querida. Entre enamorados, hay concesiones que es imposible evitar", dijo con una mirada pensativa. Luego, acercando su cabeza a su oído, susurró: "No te pongas esa cara de mal humor, preciosidad mía, o me sentiré obligado a llevarte a nuestra habitación para complacerte".

Antes de que Debbie pudiera reaccionar, Tabitha los interrumpió con profunda resignación. "Hijo, no hice todo este viaje solo para verte presumir. Yo también quiero pasar tiempo con mi nuera".

Sonrojándose, Debbie apartó a Carlos inmediatamente y fue a apoyar a su suegra. "Mamá tiene razón. Carlos, deja de ser tan posesivo. Deberías dejarme disfrutar de su compañía durante el poco tiempo que está aquí".

Entonces ella caminó hacia Tabitha con calma.

Cuando se acercó a ella, la tomó del brazo y, fingiendo que no había pasado nada, le preguntó con voz dulce: "Mamá, ¿de qué hablabas con Julie?".

Nadie podía imaginarse el valor que tuvo que reunir Debbie para tomar a Tabitha por el brazo y llamarla "mamá".

Sin soltarse las manos, Tabitha mostró a Debbie un cuaderno de Julie lleno de recetas. "Estábamos hablando de lo que vamos a comer esta noche. Pero creo que sería buena idea dejarte elegir a ti. Dime cuál es tu comida favorita o cualquier cosa especial que quieras para esta noche y con mucho gusto te lo prepararé", ofreció Tabitha.

Era admirable para Debbie tener una suegra que, a pesar de todo su dinero y su posición, se mostraba tan cariñosa como para prepararle una comida.

Viendo la sorpresa en la cara de Debbie, Tabitha preguntó: "¿Qué pasa, es que crees que yo no sé cocinar?".

Debbie asintió c

a través de la pequeña brecha.

Megan dejó de reírse y dijo, "¡Tío Carlos, fuiste muy malo conmigo! Me plantaste la última vez e hiciste que todos se rieran de mí. Y todas las veces que intenté comunicarme por teléfono contigo, estaba apagado. ¡No me pareció muy cortés, la verdad!".

Justo cuando Debbie estaba a punto de abrir la puerta, escuchó a Megan mencionar la noche en que ella y Carlos estuvieron juntos por primera vez. Ella apretó los labios. El día después de aquella noche, Karina había alertado a Debbie de lo enojada que estaba Megan.

Las palabras en voz baja de Carlos llegaron a los oídos de Debbie. "Tu tía Debbie y yo teníamos algo urgente que hacer esa noche. Pero dime quién se atrevió a burlarse de ti y le daré una lección".

"No tienes que hacer eso, tío Carlos. Solo prométeme que nunca volverás a hacerme lo que me hiciste. Soy una chica razonable".

"Yo...", Carlos estaba a punto de decir algo cuando Debbie empujó sigilosamente la puerta sin que nadie se diera cuenta de que entraba en la habitación. Vio a Megan pasar por delante de la mesa de Carlos e inclinarse para acercarse como si fuera a darle un beso.

"Cariño, ¿has terminado tu trabajo?", la voz de Debbie paralizó a Megan en el sitio.

Esta se incorporó y miró a Debbie. La furia se podía ver en sus ojos.

Carlos cerró la carpeta en el escritorio y respondió: "Sí, ya terminé. Ven aquí, cariño".

Sin otra opción, Megan se fue de donde estaba de pie, cortando el aire con una mirada sombría.

Tomando la mano de Debbie, Carlos dijo: "Todavía no es hora de cenar. ¿Por qué no traes tu libro de inglés y estudias conmigo unos minutos?".

La cara de Debbie se agrió al oírle. "¿Lo dices en serio? Es sábado y no estoy, en absoluto, de humor para clases".

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