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   Capítulo 122 Te quedas a pasar la noche en el estudio

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9198

Actualizado: 2019-08-03 05:52


Antes de llegar a la puerta, Megan cambió de opinión y se sentó en el sofá del estudio. Mirando a Carlos con admiración, dijo: "Tía Debbie, el tío Carlos habla inglés tan bien. Él solía enseñarme. Mis notas en inglés mejoraron enormemente gracias a sus clases".

Cuanto más hablaba, más irritaba a Debbie. '¡Qué cabeza hueca! ¿Es que no puede dejarnos solos?

¿Qué placer le saca a estar siempre de sujetavelas? ¡Siempre presumiendo de su relación con Carlos, una y otra vez! Tengo que poner fin a esto', reflexionó Debbie.

De repente, se le encendió una bombilla en la mente. Se abrazó al cuello de Carlos y le besó su pelo corto. Olía bien. "Cariño, he cambiado de opinión. Voy a buscar mi libro para que me des una breve lección mientras esperamos la cena. Supongo que a Julie y a mamá les llevará un poco más de tiempo cocinar lo que tienen pensado", dijo Debbie juguetonamente.

Carlos esbozó una sonrisa y le acarició el brazo con agrado. "Muy bien, ve a buscar el libro. Estaré aquí, esperando por ti".

"Por supuesto. Regreso en un minuto". Antes de salir trotando a por el libro, Debbie le dio un beso en la mejilla.

Con los ojos llenos de afecto, Carlos vio cómo se alejaba su silueta. Cuando Debbie ya no estaba a la vista, Carlos se volvió hacia Megan y le dijo: "¿Por qué no vas a la sala a ver la televisión?".

Con una linda sonrisa, Megan respondió: "Tío Carlos, me gustaría poder unirme a la tía Debbie para la lección".

Carlos se encogió de hombros ya que no fue capaz de encontrar una razón para rechazar su petición. Cuando Debbie volvió con un libro en la mano, Megan, aún sentada en el sofá, le lanzó una mirada desafiante.

"Tía Debbie, el tío Carlos ha aceptado que me una a ti para la clase", dijo aquello con expresión altiva, con el mentón y la nariz como sostenidos en el aire.

Debbie se enfureció instantáneamente, pero hizo todo lo posible por no perder la calma. Justo en ese momento, se le ocurrió una idea. Con una falsa sonrisa, dijo, "Está bien. ¿Por qué no?".

Sentado en el sofá con Debbie y Megan, una a cada lado, Carlos empezó la lección.

Después de más o menos un minuto, Debbie le puso la mano en el regazo. Poco a poco iba ajustando su postura para ir acercándose cada vez más a él hasta que, finalmente, se apoyó en sus brazos.

De vez en cuando, le daba un beso en la mejilla o en el lóbulo de la oreja sin que Megan lo notara. Hasta ella se dio cuenta de que algo raro le pasaba a Carlos. Cuando finalmente terminó la clase, dijo: "Megan, ve a ver si la cena está lista".

Ella sabía que Carlos estaba intentando que se fuera para poder estar solo con Debbie. Y tampoco quería quedarse más tiempo y tener que ver a Debbie casi poniéndose íntima. Así que sin dudarlo un momento, se

lantarle. Pero parecía que había subestimado lo versátil que era Carlos.

La habilidad del lenguaje era solo una de sus muchas habilidades excepcionales. ¿Le alcanzaría alguna vez en alguno de sus puntos fuertes?

"Puedes intentarlo. Tal vez lo consigas", bromeó arqueando una ceja.

'¿Intentarlo? ¿Tendría que sepultarme en todos esos idiomas extranjeros cada día? ¡No, no, no!'. Negó con la cabeza de inmediato. "Viejo, he decidido que seré ama de casa. Tú alimentas a la familia, y yo todo lo que tengo que hacer es cuidar de ti. ¿Qué te parece?".

Después de aclarar las manos con agua, Carlos le pellizcó la mejilla con la mano mojada y respondió: "Tú eres quien manda".

Debbie le dio un codazo suave y poniendo mala cara, se quejó: "¡Cuidado con tu mano, viejo! Para causar una buena impresión a tu mamá, me puse un poco de maquillaje esta mañana. ¿Ves? He usado base y crema facial. Así que ten cuidado donde me tocas o se me correrá todo el maquillaje".

Aunque usaba cosméticos resistentes al agua, le preocupaba que su maquillaje pudiera correrse.

A Carlos le pareció que podía estar hablando en serio sobre su maquillaje.

Un rato antes, mientras estaba absorto en el teléfono, había visto a Debbie hacer algo frente al tocador. Debió haber sido que se estaba maquillando.

Cuando por fin fueron a la mesa, Tabitha y Megan ya los estaban esperando. Había diez platos principales y dos sopas en la mesa. Las criadas ya habían servido una copa de vino para todos. El vino era de una de las mejores colecciones de Carlos.

Carlos y Debbie se sentaron a un lado de la mesa, y Megan y Tabitha se sentaron enfrente. Hicieron tintinear los vasos y empezaron a comer.

El ambiente era bastante bueno al principio. Debbie estaba entusiasmada con los platos, alabando lo maravillosa que era la cocinera Tabitha.

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