ManoBook > Romances > Respira Conmigo

   Capítulo 143 La cama caliente

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 11151

Actualizado: 2019-08-09 00:02


"Toc toc". Debbie se sobresaltó por un golpe repentino en la puerta. Ya había pasado su hora de dormir habitual y se preguntó quién podría ser a esta hora tan intempestiva. Acababa de desabrocharse la chaqueta y no le quedó más remedio que volver a cerrarla.

"¿Quién es?", preguntó en voz alta.

"Jovencita, soy yo". Sonaba como la voz de la esposa del jefe de aldea.

Su suposición era correcta. Cuando Debbie abrió la puerta, vio a la esposa del jefe de la aldea y su guapo hijo afuera.

La mujer sonrió agradablemente al ver a Debbie y le preguntó: "Joven, ¿la desperté?".

Debbie negó con la cabeza. "No, está bien. No me había dormido todavía. ¿Está todo bien?", respondió, confundida preguntándose la razón por la que estos dos le hacían una visita de noche.

La mujer se volvió hacia su hijo y él, inmediatamente, levantó algo del suelo y se lo entregó a Debbie. "Este es nuestro calefactor eléctrico. Mi madre y yo te lo hemos traído para que no pases frío", le dijo tímidamente.

"Pero... no... No puedo aceptarlo. Es demasiado generoso". Debbie estaba profundamente conmovida. Por lo que ella sabía, ni siquiera había un calentador de agua en el pueblo. ¿Cómo demonios lograron conseguirle un calentador eléctrico?

No quería ser una carga para nadie, pero la esposa del jefe de la aldea no quería oír nada de eso y le pidió a su hijo que llevara el calefactor a la habitación de Debbie. Antes de que Debbie pudiera reaccionar, el joven ya había enchufado el aparato a un enchufe y el suave zumbido del motor llenaba la habitación.

"¡Muchas gracias! Pero si yo me quedo con el calefactor en mi habitación, ¿entonces ustedes? Pasarán frío por la noche". protestó Debbie, aunque estaba agradecida. Si estaba en lo cierto, ese debía ser el único calefactor eléctrico que había en todo el pueblo.

Con una sonrisa sincera, la mujer respondió: "Estamos acostumbrados a este clima, jovencita, pero tú vienes de la gran ciudad. No podrás dormir sin él. Espero que duermas bien. Nosotros nos vamos ya".

Luego, tomó la mano a su hijo y se fueron juntos, dejando a Debbie sola con sus pensamientos.

Con el calefactor encendido, la habitación pronto se caldeó. Sentada en el borde de la cama pensando en sus cosas, Debbie incluso olvidó acostarse.

Estaba confusa. '¿Por qué me trata tan bien la esposa del jefe de la aldea? ¿Será cierta la broma de Jeremías? ¿De verdad quiere que me quede y me case con su hijo? La verdad es que es bastante guapo. Pero... Estoy casada. Yo ya tengo a Carlos. Si ese es el motivo de todo este trato especial, me temo que su deseo no puede hacerse realidad, y tendrá que dejarlo', reflexionó.

Pero resultó que no podía estar más lejos de la verdad. Lo comprobó cuando la mandaron a buscar un poco de agua caliente.

No era solo la esposa del jefe de aldea quien la trataba tan bien. Debbie descubrió que casi todas las personas del pueblo que formaban parte de su vida en este momento eran muy amables con ella. Incluso los propietarios de la casa en la que se alojaba la trataban con un cuidado especial. Cuando salió de su habitación y le dijo a la anfitriona que quería un poco de agua caliente, ella inmediatamente llevó tres termos a su habitación.

Y no fue lo único que hizo. Poco antes, también había preparado una nueva palangana y una toalla limpia para Debbie. Hast

io a nadie más por allí. Confundida, le preguntó: "¿Qué quieres?".

Gustavo mantuvo sus ojos en ella sin responder.

A Debbie le puso la piel de gallina aquella mirada. "Maldita sea. Oye, eres un hombre y yo soy una mujer, así que no me mires de esa manera. Me estás asustando..."

Gustavo puso los ojos en blanco y le soltó, "¡Eres tan estúpida como todos los demás!".

Debbie se quedó muda. ¿Qué quería él? '¿Ha venido para crearme un problema nuevo?', pensó.

Con eso en mente, Debbie se guardó de nuevo el teléfono y se levantó de la roca donde estaba sentada. Estaba a punto de irse, pero Gustavo la detuvo. "¿Qué está pasando entre tú y Carlos Huo?". Gustavo había oído de pasada el comentario de alguien. Quienquiera que fuese, lo que había dicho era que Carlos había exigido a la gente del pueblo que dieran a Debbie un cuidado especial.

Cuando mencionó el nombre de Carlos, Debbie se dio la vuelta y escupió: "Niñato, métete en tus asuntos y no metas tu narizota donde no te llaman".

'¿Qué? ¿Niñato? ¿Yo?'.

La cara de Gustavo se oscureció. Si Debbie no fuera una mujer, seguramente ya la habría vapuleado a golpes.

Cuando Debbie se fue, Gustavo inmediatamente le envió un mensaje de texto a su hermano. "¡Curtis, Debbie me llamó niñato! ¿Cómo se atreve? Quiero volver a la ciudad. Prepáralo todo para que alguien me recoja. ¡No quiero volver a tomar ese maldito autobús!".

La cobertura era realmente mala en el pueblo, y Gustavo tuvo que insistir varias veces antes de poder enviar el mensaje.

Unos momentos después, recibió una breve respuesta de Curtis. "Debbie tiene razón. Así que quédate allí".

Gustavo estaba enojado por aquella respuesta tan fría. Se preguntaba por qué su hermano siempre se ponía del lado de Debbie.

Estaba seguro de que Curtis amaba a Karina, por lo que no debería haber habido ninguna relación indecente entre Debbie y él. 'Cuando vuelva a casa, necesito preguntarle a mi padre si nos confundieron a mí y a Debbie cuando nacimos. ¿Es posible que Debbie sea su hija biológica y yo sea una confusión?'.

En varias ocasiones Gustavo había sentido que Debbie era la verdadera hermana menor de Curtis y que él mismo había sido adoptado para proteger a Debbie.

Free to Download MoboReader
(← Acceso rápido del teclado) Anterior Contenidos (Acceso rápido del teclado →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Subir

Compartir