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   Capítulo 155 Hablando del bebé

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9524

Actualizado: 2019-08-12 00:02


"No estoy enojado contigo, pero eso no significa que no me importe", dijo Carlos mientras atraía a Debbie hacia sus brazos. "Así que necesitas hacerme feliz".

"Bueno. ¿Qué tal si te canto una canción?". Ella dejó su teléfono a un lado y se abrazó a su cuello.

"¿Cuál? '¿Pray for You' otra vez?", Carlos preguntó a regañadientes.

Debbie le sacó la lengua e hizo una mueca. "¡No no no! No quiero que me entierres viva de nuevo. El moho de las tumbas me da un aspecto horrible".

Su reacción divirtió a Carlos, quien le pellizcó la nariz haciendo una pinza con los dedos y ordenó juguetonamente: "Entonces canta".

Debbie apoyó la cabeza sobre su pecho y escuchó los fuertes latidos de su corazón. "Esta es mi canción favorita. Espero que la disfrutes".

"Aha".

Carlos movió el control deslizante para bajar la intensidad de la luz y un manto oscuro cubrió la habitación instantáneamente. Las luces de neón de la ciudad entraban por la ventana, bañando todo lo que había en la habitación de un curioso tono azul. Acurrucada en sus brazos, Debbie lo miró a los ojos y comenzó a cantar. "Tengo que confesar que a veces. No me gusta tu forma de ser. Luego te me desapareces. Y no entiendo muy bien por qué. No dices nada romántico. Cuando llega el atardecer. Te pones de un humor extraño. Con cada luna llena al mes. Pero a todo lo demás. Le gana lo bueno que me das. Solo tenerte cerca. Siento que vuelvo a empezar...".

Carlos siempre había sabido que Debbie era una buena cantante. Parecía tener magia en su voz; su mente inquieta se calmó cuando ella se puso a cantar. Por eso le gustaba escuchar cómo se elevaba su voz. Era capaz de llegar a partes verdaderamente intensas y había momentos en que su voz alcanzaba la estratosfera. Estaba dotada de gran talento y él era un hombre afortunado.

Y cantar también tenía un efecto sobre ella. Cuando alcanzaba a lo más profundo de su corazón, sus ojos comenzaban a llorar. Era capaz de sentir lo que cantaba, sacarlo desde sus entrañas y cautivar a una audiencia. "Yo te quiero con limón y sal. Yo te quiero tal y como estás. No hace falta cambiarte nada. Yo te quiero si vienes o si vas. Si subes y si bajas y no estás. Seguro de lo que sientes... Tengo que confesarte ahora. Nunca creí en la felicidad. A veces algo se le parece. Pero es pura casualidad. Luego me vengo a encontrar. Con tus ojos me dan algo más. Sólo tenerte cerca. Siento que vuelvo a empezar...".

Sus ojos eran tan profundos como el océano; ella no pudo evitar perderse en ellos.

Luego, terminó con una preciosa melodía. "Yo te quiero con limón y sal. Yo te quiero tal y como estás. No hace falta cambiarte nada...". Mientras cantaba, su voz era baja y angelical, tan tierna como la de una ninfa y tan suave como la nieve recién caída. Finalmente se relajó, poniendo fin a su interpretación de "Limón y Sal" de Jul

"Porque así, 'Papi' será lo primero que diga cuando moje la cama o tenga hambre. ¡Jajaja! Y serás tú quien se tenga que levantar a medianoche para cambiar el pañal...".

El corazón de Carlos se ablandó ante la mención de su futuro hijo.

Decidió seguirle el hilo a su esposa, que se estaba poniendo la chaqueta. "Cariño, no te preocupes. Si dieras a luz, contrataría a diez niñeras para cuidar de ti y de nuestro bebé. Así que, en realidad, deberías enseñarle al bebé a decir 'Niñera'".

"Pero oí decir que algunas niñeras lastiman a los bebés, y hacen cosas como darles pastillas para dormir para que no lloren todo el día", replicó.

"¡Nadie le haría eso a mi bebé!", Carlos habló zanjando la cuestión.

Poniendo los ojos en blanco, Debbie se subió la cremallera de la chaqueta y respondió: "¿Y si lo hicieran sin que tú te enteres?".

"Bueno, entonces, enséñale a nuestro bebé a decir 'abuela' y 'abuelo' primero", dijo Carlos encogiéndose de hombros.

"Entonces, estás tratando de decirme que no cuidarás a nuestro bebé, ¿eh?".

Un escalofrío le recorrió la espalda a Carlos. "Eso depende...". Lo único que podía hacer era darle una respuesta vaga para que no se enojara. Pero para sus adentros, él respondió: 'Por supuesto que no cuidaré al bebé. Los odio; son un dolor de cabeza'.

Debbie recordó que a Carlos quería tener un hijo, así que preguntó: "Si es un niño, ¿lo cuidarás entonces?".

"No", respondió él rápido.

Respirando hondo, continuó hurgando, "¿Qué pasa si es una niña?". Debbie estaba echando humo por dentro. 'Parece que no le gustan los niños en absoluto. Entonces, ¿por qué tiene tantas ganas de tener un bebé? ¿Solo quiere torturarme haciéndome dar a luz a uno? ¿O quiere tener un bebé con otra persona?'.

'¿Una niña?', la mente de Carlos reflexionaba sobre esa posibilidad. El hombre, que siempre había querido un niño, dudaba ahora. 'Una niña...'.

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