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   Capítulo 156 Nuestro nuevo hogar

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 10922

Actualizado: 2019-08-12 00:12


La pareja estaba inmersa en sus propios pensamientos. Sin darle una respuesta directa, Carlos sostuvo a Debbie, que se había vuelto a envolver en la chaqueta de plumas, y la condujo hacia la puerta. "He organizado nuestro viaje a Maldivas", dijo. "Iremos allí después de pasar el año nuevo en Nueva York. Luego, cuando termines el próximo semestre, irás a estudiar en el Reino Unido".

Metiéndose un dedo en la oreja, Debbie asintió repetidamente con la cabeza. "De acuerdo". Como su apuesto esposo siempre la había tratado bien, por supuesto que haría lo que él quisiera.

Y además, como no tenía que separarse de él, no le suponía un gran sacrificio. Carlos también estaría allí, esperándola cuando terminara cada jornada escolar. Mientras él estuviera a su lado, no tendría ningún problema con esos planes. Pero sus mejores amigos estarían tristes, porque el año que viene, no la verían. Ella era quien los defendía cuando alguien les hacía algo, y los animaba cuando estaban tristes. Por supuesto, ella también los echaría de menos.

Carlos estaba contento al ver que Debbie asentía mansamente sin protestar. Sin importarle nada quién estuviera allí, le plantó un beso en la frente. "Oye, tengo una sorpresa para ti".

"¿Qué sorpresa? ¿De qué se trata?", Debbie preguntó expectante.

Resplandeciente de felicidad, Carlos la miró a los ojos y dijo: "Tendrás que esperar hasta que regresemos a casa. Si te lo digo, ya no sería una sorpresa".

Con eso había despertado la curiosidad de Debbie, quien prácticamente rebotó en su asiento de emoción. Se devanó los sesos tratando de descubrir qué podría ser. Incluso le pidió pistas a Carlos, pero el hombre estoico no revelaría sus secretos, así que al final, tuvo que sentarse y esperar durante todo el viaje de cuatro horas de regreso a la Ciudad Y.

De repente, dejó su teléfono y miró hacia el exterior por la ventana del auto. Confundida por el paisaje desconocido que se veía afuera, se volvió hacia Carlos y le preguntó: "¿A dónde vamos? ¿No vamos a volver a la villa?".

"No...", respondió él mientras estaba ocupado revisando documentos. Aprovechaba el largo viaje para que su compañía siguiera funcionando sin problemas. Dedicar a trabajar el tiempo que uno tiene libre requería dedicación y empuje, pero Carlos andaba sobrado de esas cualidades. Su teléfono sonó de repente, e interrumpió su respuesta.

Cuando Carlos respondió a la llamada, Debbie se quedó callada. Sabía que a él no le gustaba hablar con ella cuando estaba al teléfono. Entonces sacó su propio teléfono nuevamente y se puso a mirar sitios de noticias.

Diez minutos después, el auto comenzó a disminuir la velocidad. En el asiento del conductor, Emmett le recordó a Debbie: "Señora Huo, mire por la ventana. El paisaje es completamente increíble". 'El señor Huo realmente sabe cómo disfrutar la vida. Esta mansión lo tiene todo', se maravilló Emmett en su mente.

Haciendo caso a lo que decía Emmett, Debbie bajó la ventanilla del automóvil y miró hacia afuera. Vio la puerta de la mansión a poca distancia. "¿Entonces, dónde estamos ahora?", preguntó con curiosidad.

Carlos sonrió, "En nuestro nuevo hogar".

Antes de mudarse a la villa para vivir con Debbie, Carlos se había estado quedando en esta mansión cada vez que

Crees que tengo interés en la música?".

Las lágrimas brotaron de los ojos de Debbie al instante. Con un sollozo, preguntó: "¿Cómo sabes que estoy loca por la música?".

Al ver sus ojos enrojecidos, Carlos sostuvo su mano y la llevó fuera de la habitación, mientras le advertía: "Sé que te encanta la música, pero deja ya de llorar. Instalé este estudio para que te entretengas, no para que llores. ¿Entendido?".

Debbie asintió repetidamente con la cabeza, pero su esfuerzo por contener las lágrimas fue en vano. Comenzaron a correr por sus mejillas, Carlos le limpió las lágrimas con impotencia antes de empujar otra puerta. "Deja de llorar ahora, o... bueno, ya lo averiguarás".

"¿Averiguar qué?", Debbie preguntó mientras sollozaba.

Carlos miró hacia el estudio de música, se acercó a ella y le susurró juguetonamente: "¿Qué tal si pasamos un rato sexy en el estudio de música?".

Estas palabras hicieron su efecto. En un instante, Debbie convirtió sus lágrimas en risas y lo reprendió, "¡Eres un idiota!". Y se puso a darle golpecitos en el cuerpo para desahogar su ira.

Luego, se sacó un pañuelo y se secó las lágrimas. Cuando se calmó, Carlos la condujo a la segunda habitación, que era totalmente diferente del estudio de música. En los estantes había muchas botellas y recipientes coloridos.

Al principio, Debbie no sabía para qué eran, pero cuando se dio cuenta de que había un conjunto de moldes y equipamiento, finalmente lo entendió. "¿Esto es para hacer lápices de labios?", preguntó ella.

Carlos le pellizcó la mejilla. "Chica lista. Sí, es un laboratorio de pintalabios. Contraté a algunos técnicos profesionales para que te enseñen a hacerlos".

Debbie volvió a sentirse conmovida. Apenas podía encontrar las palabras para expresarse. "Yo... No necesito... tantos pintalabios...".

"He registrado una compañía para ti: Cosméticos Decar. Puedes vender los pintalabios que no necesites o los tonos que no te gusten. He preparado todo para que algunos diseñadores trabajen en la presentación y el embalaje. Puedes elegir el diseño que más te guste luego. En cuanto a la publicidad y el canal de marketing, Emmett puede encargarse de ello".

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