ManoBook > Romances > Respira Conmigo

   Capítulo 157 El perro llamado Hum

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9716

Actualizado: 2019-08-12 01:16


Debbie estrujaba las manos de Carlos mientras escuchaba atentamente cada palabra que decía.

"Decar...", Debbie repitió la marca.

Carlos la besó en los labios y secó dulcemente con el pulgar las manchas de lágrimas en su rostro. "Decar es la combinación de Debbie y Carlos", dijo con ternura.

'Decar... Debbie y Carlos... ¡Qué buen nombre!', mirándolo aturdida, Debbie ahuecó el rostro de Carlos con sus manos como en un gesto tierno, pero en cambio le pellizcó las mejillas con fuerza. Carlos se sobresaltó, "¿Qué pasa?".

Con voz seria, ella le preguntó: "¿Te dolió?".

Carlos negó con la cabeza. "No".

"¿No? ¡Entonces solo estoy soñando despierta! Nada de esto es real, ¿verdad? ¡Qué buen sueño! Espero no despertarme nunca" dijo con un mohín.

Carlos puso los ojos en blanco, como Debbie todavía estaba confundida, la condujo a otra habitación especialmente amueblada para ella: un gimnasio.

El gimnasio ya estaba en la mansión anteriormente, pero él lo había hecho renovar para ella.

Como Debbie era buena para correr, había comprado algunas cintas nuevas con diferentes funciones, y había agregado otro equipamiento adecuado para mujeres.

La última sala que visitaron fue un amplio estudio de baile y de yoga. En uno de los lados de la habitación había una ventana francesa que daba a un jardín, las otras tres paredes estaban cubiertas con espejos del piso al techo, lo que le daba a la habitación la ilusión de ser más espaciosa.

Del techo colgaban algunas piezas de hamacas y correas de columpio para hacer yoga anti gravedad. La lista de accesorios se completaba con hermosas colchonetas y pelotas de yoga. Era un estudio totalmente equipado que rivalizaría con cualquier club profesional.

Este estudio entusiasmaría incluso a alguien que no estuviera interesado en el yoga.

Al observarse reflejados en el espejo, Carlos notó la mirada complacida de Debbie. La tomó en sus brazos con cariño y le dijo: "Solo espera un poco más, después de que termines tus estudios en el extranjero y regreses, nos instalaremos aquí. Este será para siempre nuestro hogar, ¿de acuerdo?".

'Nuestro hogar para siempre...', Debbie se sintió conmovida, miró el césped afuera, a través de la ventana francesa y se entregó un poco a la fantasía. Se imaginó caminando de la mano de Carlos por el césped bajo el sol, probablemente con uno o dos niños y un gato o un perro jugando alrededor. En su rostro se dibujó una sonrisa de felicidad mientras imaginaba esta escena tan cálida.

Al salir de los estudios, se dirigieron a la mansión principal. Cuando llegaron a la puerta, Carlos agarró la mano de Debbie y presionó su dedo en el bloqueo de huellas digitales para recopilar e identificar sus datos.

Ahora la chica se dio cuenta de que esta mansión de tres pisos era el lugar donde vivirían, mientras que el edificio de dos pisos que acababan de visitar sería para fines recreativos. Ca

Carlos?'. Incapaz de contener su curiosidad, llamó a su marido para preguntarle.

Se sorprendió al saber que algunos de los productos se los habían regalado los padres del niño travieso que Megan había traído a la villa el otro día.

"Y algunos de esos artículos nos lo ha enviado mamá la semana pasada desde París, me ordenó estrictamente que no te lo dijera hasta que entraras en tu nueva casa. Son su regalo de bienvenida para ti. Hay un armario al lado de tu tocador donde puedes colocar tus cosméticos, si no es lo suficientemente grande, solo dímelo y lo cambiaré por uno más grande", le dijo Carlos por teléfono.

'¡Oh, Dios mío!

Esto... ¡Esto es demasiado extravagante para mí!', exclamó Debbie en su mente. Carlos le había dado demasiadas sorpresas agradables en un solo día.

Después de finalizar la llamada, miró el armario. Era un mueble de madera hecho a medida, con puertas corredizas de vidrio. En la parte superior, los estantes se dividían en pequeños compartimentos que eran útiles para guardar distintos artículos.

Tarareando de alegría, Debbie no desenvolvió ninguno de los paquetes, simplemente los metió en el armario.

Pero cuando su mente regresó a los niveles de pobreza que había visto de primera mano en la Villa de Sur, comenzó a desear que pudieran devolver todos estos artículos y obtener un reembolso. Preferiría gastar hasta el último centavo de ese dinero para mejorar las condiciones de vida en el pueblo.

Abrumada de compasión por los aldeanos hospitalarios pero pobres de la Villa de Sur, se dejó caer en la cama deprimida y con mucha necesidad de descansar.

Cuando se despertó, ya estaba oscuro afuera, Carlos aún no había regresado porque tenía mucho trabajo que terminar antes del año nuevo, así que cenaría sola.

Cuando bajó las escaleras, descubrió que el chef y su bella ayudante estaban ocupados trabajando en la cocina, en pocos minutos, le sirvieron una cena deliciosa.

Free to Download MoboReader
(← Acceso rápido del teclado) Anterior Contenidos (Acceso rápido del teclado →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Subir

Compartir