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   Capítulo 160 Cásate tú mismo con ella

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9313

Actualizado: 2019-08-13 00:12


Cuando James Huo finalmente terminó su perorata, Carlos dijo con calma: "Ella no es solo una mujer cualquiera que saqué de las calles. Yo decido con quien me caso, papá. En cuanto a la familia Li, ve y explícaselo tú mismo. ¡Yo no tengo nada que ver con todo esto!".

Sus palabras hicieron que la presión sanguínea de James aumentara. Al escuchar el ruido en el otro extremo de la línea, Carlos cerró los ojos e inhaló profundamente. Sabía que su padre estaba hurgando en los cajones, buscando su medicina. Así que esperó pacientemente al teléfono.

Después de tomarse las pastillas, James, poco a poco fue recobrando el control. Cuando pudo volver a hablar, gritó: "¡Divórciate! ¡Tienes que divorciarte de ella!".

Con una voz aún más fría, Carlos preguntó: "¿Algo más?".

"El mes pasado, hablé de matrimonio con el abuelo de Stephanie. Tú y Stephanie crecieron juntos. Tienes 28 años y ella tiene 27. Si se casan antes de que los dos cumplan treinta...". James no se detendría, siguió instando a Carlos a casarse con Stephanie Li como si Carlos no estuviera ya casado. Pero él era de Debbie, eso ya no era discutible, y Carlos se encontraba a sí mismo cada día sorprendido, desafiado por Debbie y más enamorado de ella. No quería a nadie más.

"Parece que aprecias mucho a Stephanie Li, papá. ¿Qué tal si te casas tú mismo con ella? Así también mamá podrá relajarse".

"¡Idiota! ¡Maldito ingrato...!". La llamada se cortó de repente. Carlos pensó que James debía haber arrojado su teléfono contra la pared o algo así. Era propio de él y, desde luego, no sería la primera vez.

James había roto ya varios teléfonos a lo largo de los años. Si hubiera mantenido todos esos teléfonos en buen estado, podría haber abierto su propia tienda.

Por experiencia, sabía lo que James haría a continuación: encontrar a alguien en quien desahogar su ira. Y el objetivo era probablemente... Pasando a la acción, Carlos marcó rápidamente el número de su madre. Esperó mucho tiempo hasta que ella contestó.

"Carlos, ¿qué pasa? Ya es tarde. ¿Aún no te has acostado?", preguntó Tabitha, aunque adivinaba lo que había sucedido. Había oído los gritos de su marido a unas cuantas habitaciones de distancia y el sonido inconfundible de un teléfono estrellándose contra la pared.

"Mamá, enviaré a mi asistente a recogerte. Por favor empaca algunas cosas y ve a vivir a mi casa. Voy a volar a Nueva York pronto, dos días antes del año nuevo. Puedo traerte de vuelta a casa entonces". Carlos tenía varias casas en Nueva York. Si ella se quedara en una de sus propiedades, James no podría hacerle nada.

Tabitha se secó los ojos llorosos y forzó una sonrisa y dijo: "Estoy bien, Carlos. No te preocupes por mí. Me quedaré en mi habitación. Tú cuida a Debbie, ¿de acuerdo? Ahora tienes tu propia

drás que pagarme".

Al ver la mirada apasionada en sus ojos, Debbie entendió al instante qué tipo de pago estaba pidiendo. Luchó para sentarse. "No, no. Me lo secaré yo misma".

"¿Crees que puedes huir?", Carlos preguntó sin detenerla. Lentamente siguió a Debbie al baño otra vez.

En el baño, cuando Debbie encontró el secador, vio a Carlos entrar. Ella agitó el secador de cabello frente a él e instó: "Me voy a secar el pelo, en serio. Tú vuelve a la cama".

En lugar de irse, él agarró el secador de su mano. Por lo que Debbie pensó que realmente tenía la intención de ayudarla a secarse el pelo, pues no sería la primera vez que lo hacía. Sin pensarlo demasiado, se dio la vuelta, se volvió contra él y le recordó: "El cable es corto. Quizá quieras acercarte al enchufe".

Dejando a un lado el secador de pelo, Carlos se aferró a ella y le susurró con voz ronca: "Quizá el cable sea corto, pero ya sabes que cierta parte de mi cuerpo no lo es..."

El rostro de Debbie se puso rojo incandescente. Le dio unas palmaditas en la mano, tratando de alejarlo. "Vete. No me molestes".

Pero ya era demasiado tarde. La lujuria del hombre se había encendido. Incapaz de contenerse más, la giró y la presionó contra el lavabo. Sus manos recorrieron su cuerpo de arriba a abajo llevando oleadas de placer a través de ella, una y otra vez, hasta que ambos se rindieron al abrazo del amor.

A la mañana siguiente, Carlos ya se había ido a trabajar mientras Debbie aún dormía profundamente en la cama. Su teléfono la despertó. Era Karen, invitándola a salir de compras. Como el año nuevo estaba a la vuelta de la esquina, Carlos le había dado unas vacaciones al profesor de yoga y al profesor de baile a petición de Debbie. Ella también quería disfrutar de unas vacaciones relajantes, sin tener que ir a clases. ¡Podía dormir, comer y jugar todo el día!

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