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   Capítulo 173 Poniendo las cartas sobre la mesa

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8621

Actualizado: 2019-08-16 07:45


Cuando Debbie tenía diez años, la empresa de su familia fue absorbida por Lu Group como pago de deudas, y luego su abuelo falleció. Mientras tanto, su padre sufría una enfermedad rara, que costó al menos diez millones de dólares en dos años el tratamiento. A partir de entonces, Debbie dejó de ser una princesa.

Cuando comenzaron los problemas financieros de la familia Nian, solo Lucinda y Sebastian los ayudaron, y Debbie iba a la casa de la familia Mu muy a menudo.

Incapaz de soportar la atención que sus padres prodigaban a Debbie, Olivia sintió invadido su espacio y pronto, como represalia, comenzó a intimidar a Debbie.

Para no molestar a sus tíos, Debbie había soportado estoicamente los abusos de su prima Olivia.

Pero un día lluvioso, su aguante llegó a su fin. Ese día, el papá de Debbie estaba en el hospital en coma. Los médicos necesitaban la firma de un pariente adulto para la operación. Debbie pensó en su tía, así que fue a su casa en busca de ayuda. Sin embargo, fue Olivia quien abrió la puerta y no la dejó entrar.

Si hubiera sido solo así, Debbie no la habría odiado tanto. Pero esa noche lluviosa, Olivia la encerró en la perrera y la mantuvo allí durante toda la noche sin que los adultos lo supieran.

A la mañana siguiente, una criada encontró a Debbie cuando fue a dar de comer a los perros. Quedó horrorizada. Inmediatamente, despertó a Sebastián y a Lucinda Cuando abrieron la perrera en el frío penetrante de finales de otoño, Debbie estaba inconsciente y helada. Durante tres días, permaneció hospitalizada, con fiebre. Conmocionada por aquel acto atroz, Lucinda azotó a Olivia muy duramente, y durante los tres días siguientes la obligó a arrodillarse en el templo ancestral, hasta que Debbie fue dada de alta.

A Debbie le sorprendió que Olivia hubiera mencionado cosas de su infancia. En la memoria de Debbie, cuando era niña, su abuelo la amaba más. Siempre se aseguraba de que ella tuviera las cosas que tenían los otros niños, y las cosas que los demás no tenían, también se las compraba. Su habitación estaba llena de vestidos de princesa que su abuelo le había comprado, solo porque a ella le gustaban.

Mientras Debbie estaba perdida en sus pensamientos, Lucinda se puso de pie, con la intención de dar una charla a Olivia. Pero Debbie la detuvo extendiendo un brazo. Luego se volvió hacia Olivia y dijo: "No es que te ignoráramos cuando éramos pequeños. Los otros niños y yo queríamos jugar contigo, pero siempre te mostrabas altiva, como si fueras mejor que el resto de nosotros. Cuando jugábamos en el jardín, siempre nos

ebbie le envió un mensaje de texto a Carlos, preguntándole: "Sasha quiere visitar la mansión. Señor Huo, ¿tiene tu permiso?".

"En nuestra casa, quien manda es la señora Huo", respondió Carlos.

A Debbie le divirtió su mensaje. "Eres tan dulce. Quiero que vayas en el asiento del conductor esta noche".

"¿El asiento del conductor?". Después de una pausa, Carlos agregó: "¿Qué tal si me voy a casa y te dejo a cargo ya?".

Al escuchar eso, Debbie encendió el auto rápidamente y respondió: "Señor Huo, estoy conduciendo. Hablaré contigo más tarde".

Carlos, que estaba en una reunión con los empleados del departamento de planificación, sonrió, y aquello lo hizo parecer mucho menos serio.

Una nueva empleada del departamento se fijó en la sonrisa de su jefe, y le preguntó intrépida, "Señor Huo, parece muy feliz. ¿Está enviando mensajes a la Señora Huo?", preguntó.

Pocos de sus empleados habían sido lo suficientemente valientes como para hacer tales preguntas, por lo que Carlos se sorprendió al escucharla, pero asintió.

Todo el departamento se emocionó. Se morían por saber qué tipo de mujer podía ganarse el corazón del frío y poderoso Carlos Huo, pero ninguno de ellos se atrevió a pedirle que les mostrara la foto de su esposa.

"¡Guau! ¡Dios mío! ¡Señor! ¡Cielos! ¡Oh Dios mío!". Cuando Sasha llegó a la mansión, no pudo contener su alegría. Aulló y gritó con todo su corazón, sintiéndose agradecida por la inesperada fortuna de su prima favorita.

Desde que entraron a la masión, Debbie sintió que se estaba quedando sorda por los agudos gritos de Sasha.

Ella también se sorprendió cuando llegó por primera vez a la mansión, pero la reacción y los gritos de Sasha era una exageración.

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