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   Capítulo 190 Su esposa está embarazada

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9847

Actualizado: 2019-08-20 02:16


En cuanto la criada puso el plato de Megan frente a Carlos, Debbie metió sus palillos para tomar la loncha de carne asada. Sacudiendo la carne frente a la enojada Megan, dijo en tono travieso: "Oh, lo siento. Sabes, tu tío Carlos es un germófobo. Tocaste la carne con los palillos, así que no se la comerá. Entonces, mejor me la como yo".

Antes de meterse la carne en la boca, la miró mientras agregaba: "Espero que no... tengas... ¿Estás sana?" Se las arregló para tragarse las palabras "enfermedad infecciosa" antes de llegar a decirlas en voz alta. Eso hubiera sido muy atrevida, y Debbie era demasiado inteligente para eso. Quería que su ataque fuera bien planeado, oportuno y bien ejecutado, y ser demasiado atrevida habría dado al traste con todo. Trató de no reír mientras masticaba la comida. Eso también la habría delatado.

Exasperada, Megan comenzó a respirar más rápido. Ya sin aliento, tartamudeó: "Tía Debbie, ¿qué estás... diciendo sobre...? ¿Insinúas que... Yo...?".

A Debbie le parecía que los ataques de asma de Megan siempre llegaban en el momento más oportuno. El plan de Debbie sufría un contratiempo, en lugar de ayudarle a reclamar lo que era legítimamente suyo: el propio Carlos. Pero una vez más, daba la impresión de que Debbie estaba intimidando a una enferma.

"¡Ya es suficiente! ¿Por qué están siendo tan ruidosas en la mesa?". Al ver a Megan respirando con dificultad, Valerie inmediatamente hizo un gesto a una criada, indicándole que se ocupara de ella. Mientras tanto, lanzó una mirada severa a Debbie. Por supuesto, Debbie no iba a aceptar eso de buena gana.

'¿Yo estoy siendo ruidosa? ¿Pero quién empezó?'. No muy convencida, Debbie frunció los labios y se concentró en su comida.

Carlos dejó los palillos y llamó al mayordomo. Cuando este entró en el comedor, le ordenó: "Mañana, cambie esta mesa por una giratoria".

"Si señor Huo", respondió el mayordomo y luego se fue.

Carlos puso un trozo de col en el cuenco de Debbie y miró a Valerie. "Abuela, Debbie también es parte de esta familia. Si muestres favoritismo, lastimarías su corazón. Y con el tiempo, podría caer en depresión. Si eso sucede, ¿cómo vamos a poder darte un bisnieto?".

'¿Bisnieto?', Valerie miró a Debbie con odio, mientras esta parpadeaba hacia ella con sus ojos inocentes. Debbie no esperaba que, de repente, Carlos hablara de tener un hijo.

"Tú solo sigue comiendo", le ordenó Carlos en voz baja mientras ponía más comida en el plato de su esposa antes de seguir comiendo del suyo.

Al otro lado de la mesa, Valerie lanzó un suspiro de alivio cuando vio que la respiración de Megan había mejorado. Parecía que su ataque de asma ya remitía. Debbie también lo vio y le echó una rápida mirada. Estaba convencida de que Megan lo usaba para llamar la atención, e incluso podría estar fingiendo todo aquel sufrimiento. ¡Toda una acusación!

Después de la cena, Valerie se excusó y les pidió a Carlos y a Megan que la a

acuerdas de que existo. Desde que te enamoraste de Debbie te has convertido en un ermitaño".

Sin hacer caso de su queja, Carlos fue directo al grano. "¿Qué hiciste con el tipo que te entregué la última vez?".

"¿Cuál?".

"¡El hombre que ofendió a mi esposa en el Club Privado Orquídea!".

"Bueno, ese tipo. O... Oscar, ¿verdad? Es solo un cabrón. Llamé a un amigo mío, un policía, y lo arrestaron. Encontraron órdenes de arresto pendientes y el resto fue historia".

Carlos colgó el teléfono en cuanto se aseguró de que Debbie tenía una respuesta. Dejando su teléfono a un lado, preguntó: "¿Ya estás contenta?".

"Ahá", asintió Debbie. Entonces Jeremías tenía razón. Era razonable encerrar a Oscar en la cárcel durante el resto de su vida, a causa de los muchos crímenes que había cometido.

Carlos la tomó en sus brazos y le susurró: "Si se meten contigo, no los dejaré en paz".

Debbie plantó un beso en su frente. "Hmm... ¡Cariño, gracias!", ella le sonrió.

"¿Gracias? ¿Por qué tan formal?".

"¿Yo?", preguntó ella.

"¡Sí!". Él levantó las cejas.

Debbie sonrió y le rodeó el cuello con los brazos y le preguntó: "Por cierto, ¿de qué te habló la abuela? ¿Intentó convencerte otra vez para que te divorcies de mí?".

"Así es". No lo ocultó. "Pero no voy a darme por vencido contigo, pase lo que pase".

Con una dulce sonrisa en su rostro, Debbie fingió estar enojada y lo agarró por el cuello, luego apoyó una pierna sobre él y lo amenazó con condescendencia: "Prométemelo... o si no...".

Carlos tenías las manos debajo de la cabeza sobre la almohada y la miró con una tierna sonrisa adornando su hermoso rostro. Finalmente, una sola palabra salió de sus labios. "Prometido". Por primera vez en su vida, de buena gana cedió ante una amenaza, de muy buena gana.

"¡Así me gusta!". Debbie le lanzó un beso y luego trató de empujarlo al estudio.

Pero él sacudió su cabeza. "No voy a trabajar esta noche. Salgamos a divertirnos".

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