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   Capítulo 192 No sea tímida, abuela

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8185

Actualizado: 2019-08-21 00:12


Carlos la tomó en sus brazos y susurró: "No te preocupes por mí, puedo llevarte en brazos a casa y luego hacerte pasar un buen momento, te lo puedo demostrar".

"Basta", dijo Debbie y le tapó la boca con la mano.

Carlos apartó su mano y la besó en la boca. "¿Qué? ¿No puedo decirle esto a mi esposa?".

"Tal vez, y tal vez deberías estar encerrado por decir cosas así".

"Solo piensa en lo sola que te sentirías si me metieran preso, no es una buena idea, me extrañarías demasiado".

"¡Qué modesto!", se rió ella. Carlos pensó que quizá ya estaba un poco cansada.

Empezaba a llover en serio, lloviznaba fuerte y sus cabellos comenzaban a mojarse. Se guarecieron bajo una saliente de techo para no mojarse tanto, Carlos se quitó el abrigo y lo puso sobre la cabeza de Debbie, pero ella se lo sacó. "No, es tu abrigo favorito y es muy caro. No puedo dejar que hagas esto, se arruinará". Ella sabía cuánto le gustaba a Carlos esta prenda.

Pero él se lo volvió a poner sobre la cabeza y dijo, "Puedo comprar un abrigo nuevo, no quiero que te enfermes".

Su preocupación conmovió mucho a Debbie, y le hizo recordar una canción que dice, "Por el resto de mi vida, solo te quiero a ti, para bien o para mal".

Si Emmett supiera que su jefe la había protegido de la lluvia con su abrigo favorito, se hubiera maravillado de lo importante que era Debbie para él. Ya Emmet consideraba que Carlos era el esclavo de Debbie, y este acto se lo hubiera probado aún más. Esto era nuevo para Emmet, quien creía que inclinarse ante alguien no era apropiado para un hombre. Pero él nunca había estado enamorado, al menos no con ese tipo de amor profundo y duradero, así que no lo entendería hasta que le pasara a él.

La lluvia era cada vez más fuerte, preocupado de que Debbie pudiera pasar frío, Carlos llamó a su asistente para pedirle que los viniera a buscar.

Al día siguiente, Debbie bajó recién a las once, y todavía bostenzando.

Lo primero que vio fue la cara sombría de Valerie, de pie a su lado estaba Megan, que la atendía como una criada.

"Abuela", dijo Debbie.

"¿Así que sabes levantarte después de todo? ¿sabes qué hora es?", la reprendió Valerie, al tiempo que golpeaba su bastón contra el piso.

Debbie se sirvió un vaso de agua y sacó su teléfono para ver la hora. Eran las once en punto. "Lo siento, todavía no me repuse del cambio de horario".

La anciana resopló con fuerza, rechazando la explicación. "No puedes leva

mente, le llevó a Debbie tres horas para terminar todo el trabajo, pero cuando salió del galpón después de dejar los enseres de limpieza, Valerie dijo: "Olvidaste el baño, ve a limpiarlo".

Debbie sintió crecer la ira en su interior, pero una vez más, decidió enterrarla en su interior. 'Limpiar el baño, ¡no es gran cosa!'.

Sin embargo, tan pronto como vio el tamaño del baño, se sintió frustrada. Era enorme, con múltiples lavabos y un gran espejo que ocupaba toda la pared. No solo tenía muchos lavabos, sino también varios compartimentos. Era más grande que una tienda de baños.

'¿Para qué necesitan un baño tan grande? ¿Tienen que malgastar el dinero así solo porque lo tienen?'.

"¡Llámame y pídeme que salga ahora!". En secreto, Debbie le envió un mensaje de texto a Carlos, y comenzó a esperar ilusionada, pero después de un largo rato, Carlos aún no había contestado. En ese momento la anciana vino a controlarla, "¡Estás tardando demasiado! ¡Dame tu teléfono!".

'¿Soy realmente la nuera de la familia y no una sirvienta?', pensó Debbie.

Trató de disuadir a la anciana, "Abuela, seré más eficiente si escucho música mientras limpio".

"Deberías estar más concentrada. ¡Dámelo!".

Debbie quería tirar el trapo a su cara vieja y arrugada, pero se controló, 'Cálmate, es la abuela de Carlos, la abuela de mi querido esposo', pensó Debbie mientras trataba de recomponerse.

Carlos regresó muy tarde; agotada, Debbie se había acostado temprano después de tomar un baño.

Cuando él entró, ella lo miró y volvió a cerrar los ojos, había limpiado hasta el agotamiento, y definitivamente necesitaba descansar.

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