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   Capítulo 193 La erupción

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 7014

Actualizado: 2019-08-21 04:18


Carlos se aflojó la corbata y se sentó al borde de la cama. "¿Porque llamaste? ¿Sucedió algo? Estaba en una reunión. Llamé después, pero ¿por qué contestó tu teléfono Megan?", preguntó mientras le tocaba la mejilla.

Debbie tomó su mano y preguntó sin dar mucha importancia: "¿Qué te dijo ella?".

Carlos le hizo saber lo que Megan había dicho. "Dijo que dejaste tu teléfono en la sala de estar y estabas arriba, durmiendo. Ella me dijo que no pasaba nada".

Debbie adoptó una actitud conciliadora. Para evitar más problemas, mintió: "Te extrañé. Es año nuevo y aun así estás ocupado. Siempre he dicho que trabajas demasiado duro. Estoy preocupada por ti".

Carlos sonrió y la besó en la frente. "No te preocupes. Estoy acostumbrado a eso. Le pediré a alguien que te saque por ahí cuando quieras, por si vas sola y te pierdes".

Debbie aceptó su sugerencia de buena gana.

Al día siguiente, cuando Debbie estaba a punto de salir de casa con Carlos, Valerie de repente dijo: "Debbie, tú que eres joven y tienes buena vista, ven a ayudarme".

Carlos aún estaba cambiándose de zapatos. Debbie lo miró y su respuesta la hizo feliz. "Pídeselo a Megan, abuela. Debbie y yo nos vamos".

Debbie asintió con la cabeza a Valerie y sintió que su guapo esposo era increíble.

Valerie suspiró, "Megan no se siente bien. Y además, ella me cuida todos los días. Es el turno de otra persona". Después de mirar a Debbie con disgusto, le preguntó a Carlos impávida "¿Es que no puedo pedirle a tu esposa que haga algo?". Para evitar que el asunto fuera a más, Debbie le hizo un gesto a Carlos y dijo: "Está bien, ve a trabajar. Vuelve a casa temprano. Yo saldré después de ayudar a la abuela".

Carlos sonrió y le dio un beso en la frente. "Bueno. El conductor te está esperando afuera. Llámame si me necesitas".

"De acuerdo, adiós".

Carlos se fue, y la anciana guió a Debbie al almacén.

De pie en la entrada del almacén, sosteniendo su bastón con una mano y con la otra haciendo girar las cuentas, Valerie comenzó: "Busca mi collar de cuentas para rezar y limpia esta habitación".

'Sabía qu

er la abuela de Carlos, así que a ti no te haré nada. Pero Megan no es una persona mayor...".

Debbie agarró a Megan por el cuello de la camisa y la levantó bruscamente. "Como su tía que soy, le enseñaré una lección".

Como Debbie acababa de hacer la limpieza, sus dedos sucios dejaron líneas negras en el cuello blanco de Megan, quien gritó: "¡Ay! Qué asco. ¡Suéltame!".

"¿Asco?", se burló Debbie. "¿Crees que es asqueroso? Deberías estar acostumbrada. ¿Por qué eres tan condescendiente? Mi marido te trata bien, ¿crees que eres una princesa? Pues escucha bien: ¡no eres más que basura! De ahora en adelante, muestra algo de respeto, porque tengo muy mal genio".

Con eso, empujó a Megan con tanta fuerza que la chica se tambaleó y cayó sobre el sofá.

Furiosa, Valerie comenzó a jadear. Al ver que Megan había sido arrojada al sofá, se apresuró para levantar a la niña. "Querida, ¿estás bien?", preguntó preocupada.

Megan temblaba entre los brazos de la anciana. Al mirar a las dos, Debbie comentó con indiferencia: "No le debo nada a esta familia. Aunque me trate como una mierda, todavía la llamaré 'Abuela', solo porque es la abuela de Carlos y lo amo. No quiero que haya ningún problema entre nosotras, porque él tendría que tomar partido por alguien".

Después de una breve pausa, no lo suficiente larga como para que la anciana y la niña respondieran, ella continuó hablando.

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