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   Capítulo 231 Es una cita

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 7453

Actualizado: 2019-08-31 00:02


Fanni se flipó cuando Damon y Jeremías se liaron a puñetazos. Agarró del brazo a Jasper y dijo agitadamente: "¿Pero qué hacen? No te quedes ahí parado. ¡Haz algo!".

Jasper hervía de rabia. Se frotó las cejas arqueadas y maldijo: "¡Alto! ¿Qué hacen peleándose por esto? ¡Basta ya, idiotas!".

Damon y Jeremías no se detuvieron, como si no hubieran oído la orden que dio su padre. A Jasper no le quedó más remedio que amenazar a su hijo mayor. "Damon, si no te detienes ahora, le diré a Adriana que peleaste por otra mujer".

Adriana estaba de compras con sus amigas. Damon debía recogerla en el centro comercial por la noche.

La amenaza de Jasper hizo su efecto. Al escuchar eso, Damon se detuvo de inmediato. Pero a Jeremías no le importó y aprovechó la oportunidad para darle a su hermano un puñetazo. A pesar de que estaba furioso, Damon no se defendió.

Jeremías se limpió la sangre de la comisura de los labios y con una sonrisa maliciosa, se burló: "Cuando Adriana regrese, se lo voy a decir. Damon, prepara las rodilleras, porque vas a pasar mucho tiempo arrodillado".

"¡Maldita sea! Jeremías, le contaré a tu futura esposa todos los ligues de una noche que has tenido", dijo Damon apretando los dientes.

"¡Ja!", se burló Jeremías. "Ni siquiera tengo novia, así que mucho menos una futura esposa". Jeremías era un playboy, y aún no había decidido sentar la cabeza. Se juró a sí mismo que no se casaría hasta que tuviera más de 30 años.

Antes de que Adriana regresara a casa, Damon ya le había pagado a Jeremías diez mil dólares para que tuviera la boca cerrada.

Había sobornado a su hermano menos, y Jasper y Fanni no le contarían nada de esto a su nuera. Además, Adriana estaba embarazada y nadie quería que le pasara nada malo. De modo que pronto olvidaron la pelea. Cuando Adriana preguntó por los labios hinchados y los moretones, los hermanos murmuraron algo sobre que se les había caído un pesado cofre que sus padres les pidieron que movieran.

Por su parte, Debbie llegó al restaurante a las 6, la hora a la que Karina y ella habían quedado.

Cuando encontró la mesa, había un chico allí. Al ver a Debbie, se levantó y la saludó alegremente: "Hola, Debbie".

Ella miró a Gregory confundida. "

Debbie, que ni se levantó ni alzó la cabeza. "¿Una cita?", preguntó él con frialdad.

Debbie puso la mano entre ella y él. '¡Habla con la mano, Carlos!', pensó.

Incómodo, Gregory trató de explicar: "No es lo que piensas, Carlos. Nosotros...".

Antes de que pudiera terminar, Debbie levantó la cabeza y miró a Carlos a los ojos. "Sí, es una cita. Lo tuyo también es una cita, ¿verdad?".

'No debería haber confiado en él. Me dijo que no tenía nada que ver con Olga. Y ahora está saliendo con ella otra vez', pensó enojada.

Olga estaba un poco desconcertada por la actitud desafiante de Debbie. '¿Quién se cree que es para hablarle así al señor Huo? ¿Ya se le olvidó el castigo anterior?'.

Se podía ver la furia en los ojos de Carlos. Gregory trató de mantener la paz, diciendo: "Esto... Debbie no lo decía en serio. Solo...".

Carlos levantó la mano en señal a Gregory para que no se molestara en defender a Debbie. Luego le dijo al encargado del restaurante que estaba detrás de él: "Limpia y prepara la mesa para nosotros". Señaló la mesa de al lado de Gregory y Debbie.

El encargado llamó a varios camareros y comenzaron a preparar la mesa.

Las dos mesas estaban tan juntas que los cuatro podían oírse fácilmente.

Carlos y Olga tomaron asiento en un minuto.

Cuanto más pensaba Debbie en la pareja de al lado, más se enfadaba. Finalmente decidió lo que quería comer y consultó con Gregory sobre la elección. Cuando él estuvo de acuerdo, ella hizo el pedido.

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