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   Capítulo 262 Porque eres mi tío

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9312

Actualizado: 2019-09-06 00:12


Al ver que Debbie quería irse, Curtis sonrió con resignación. "Debbie, es solo una cena. Venga".

Debbie respiró hondo, pero ya había decidido. "Ya no tengo hambre", le dijo obstinadamente a su esposo, negándose hablar o si quiera a mirar a Curtis.

Carlos se dio la vuelta y le explicó: "Este es el restaurante de Karina. Y es caro, además. Comamos y dejemos que Curtis pague la cuenta. Podemos aprovecharnos de él. Será divertido".

"¿Desde cuándo te importa el dinero?", Debbie replicó cortante. Cada tarjeta VIP para el quinto piso del edificio Alioth costaba un millón. Carlos le había dado a Debbie y a cada uno de sus amigos más cercanos una tarjeta de esas, así sin más. Por supuesto, en este momento, a él el precio de la comida en ese restaurante le daba igual. Lo único que quería era que Debbie le diera una oportunidad a Curtis.

Con una sonrisa, la persuadió diciendo: "Oye, lo entiendo. Pero tienes hambre, ¿verdad? Pues ya que estamos aquí, comamos algo".

Debbie sabía que Carlos no la dejaría irse, así que, a regañadientes, entró con los dos hombres. No ganaría nada resistiéndose, así que decidió que, al fin y al cabo, tenía hambre.

Curtis los condujo a un reservado. Antes de que entraran, un camarero ya había llevado una olla de caldo de sopa dentro y la había puesto en la estufa para calentarla. Cuando entraron los tres, un olor delicioso llenaba el aire.

Tomaron asiento. Debbie se sentó al lado de Carlos, y Curtis estaba del otro lado.

Pronto, el camarero trajo varios ingredientes para que pudieran terminar de hacer el hotpot. Había cordero y cabra en rodajas finas, carne de res, fideos de huevo, col china, tallos de margarita y calabaza china, espinacas, lechuga, zanahorias, yuca, rábano y berros. Además, había varios condimentos como salsa de soja, ajo, pimienta blanca y salsa picante. Los ingredientes eran mucho más exquisitos aquí que los que había comido en otros restaurantes a los que había ido. Este lugar parecía atender a una clientela exclusiva. Lo cual no era extraño, ya que era Carlos quien la había traído.

Debbie dio por hecho que Curtis y Carlos iban a comer con ella, dejó que los camareros siguieran trayendo un plato tras otro. Había allí suficiente para un festín espléndido.

Cuando el caldo comenzó a hervir, Curtis tomó algunos ingredientes y los arrojó dentro. Debbie no vio todo lo que había echado, pero sin duda había algo de cordero y rábano. Cuando la comida estuvo lista, Carlos la sacó de la olla con sus palillos y la puso en el plato de Debbie, quien comió sin quejarse, disfrutando de la vida, por el momento.

Cuando hicieron una pausa, miró a los dos hombres con los que estaba comiendo y notó que no habían comido nada. "¿Por qué no están comiendo ustedes dos?", le preguntó a Carlos.

Él m

cisamente pobre. Probablemente podría mantener a una docena de Debbies, si esa fuera la cuestión.

Al ver que su esposo no respondía, Debbie hizo más preguntas, "¿Y por qué permitiste que él me comprara un apartamento? ¿No eres tú el que siempre está celoso? ¿Por qué no se lo impediste?".

...

Carlos y Curtis estaban estupefactos. Esta no era en absoluto la reacción que esperaban.

En lugar de tomar las llaves, Debbie engulló otra porción de pizza con enojo. Carlos la consoló: "Él es tu tío, es familia. Además, no quiero que vivas en la residencia de estudiantes. Si aceptas las llaves, podemos vivir allí juntos".

"Él no es mi tío. Fuiste tú quien dijo eso, no yo. Así que él es tu tío, no el mío". Debbie miró hacia Carlos poniendo los ojos en blanco.

"Bueno, si es mi tío, también es el tuyo", replicó.

"No, no lo es. Si este regalo fuera de cualquier otra persona, lo aceptaría".

"¿Y Gustavo? Él también es tu familia". Gustavo tenía la misma edad que Debbie, y era el hermano de Curtis, así que legalmente hablando, también era el tío político de Carlos. Carlos se sintió frustrado ante la idea.

"Por supuesto que no. Ni se te ocurra intentarlo, Carlos. Te gusta el dinero de Curtis, eso es todo. Señor Lu, se lo agradezco de verdad, pero no puedo hacerlo", dijo Debbie negándose a la idea de pertenecer a la familia Lu. Por un lado, aquel regalo era demasiado. Y por otro lado, no quería tener nada que ver con su madre, la mujer a la que nunca había conocido.

A Curtis no le importó su reacción. Dijo con una sonrisa: "No importa que rechaces mi disculpa. Toma las llaves. Considera el apartamento como un regalo de bodas tardío para ti y para Carlos".

Al oír esto, Carlos tomó las llaves por Debbie y dijo: "Gracias, señor Lu".

Debbie miró a su marido y se burló: "Maldita sea Carlos, ¿dónde está tu dignidad?".

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