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   Capítulo 264 La sonrisa del señor Huo

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8590

Actualizado: 2019-09-06 00:14


El conductor era británico. Debbie estaba segura de que no hablaba chino, así que siguió hablando con Carlos en su lengua materna. Sonrió y persuadió a Carlos, usando su voz más dulce. "Lo decidí hace un par de días. En ese momento, estaba de mal humor. ¿Podrías ya no estar enojado, amor? Sabes cuánto te amo. Traigo el reloj que me compraste".

También llevaba el anillo que le había regalado. Sólo que lo traía en el cuello como un collar, como antes.

"¿También traes los pendientes que te compró Hayden?".

"No. Ya se los regresé por correo y bloqueé su número. Cariño, mi amor por ti es tan puro como la luz de la luna y tan profundo como el mar".

Al otro lado de la línea, al escuchar la declaración de amor de Debbie, Carlos sonrió de oreja a oreja. "Ya te contraté chofer, guardaespaldas y cocineros. Tengo un amiga que te puede ayudar si lo necesitas. Te mandaré por mensaje su número más tarde".

"Está bien, todo lo que tú digas, cariño. Entonces, ¿se quedará Emmett?".

Por un momento, Carlos se quedó en silencio otra vez. Ella notó que había dicho algo malo. También estaba segura de que él se lo diría. 'Así que de eso se trata', pensó Carlos.

"Jiji, señor Guapo...", Debbie suplicó con una risita.

"¡Debbie!", contestó su esposo.

"¿Sí?", ella respondió de inmediato.

"Entonces otra vez se trata de Emmett. ¿Recuerdas cuántas veces me has rogado por él?". Cada vez que Emmett cometía un error, ella le suplicaba a Carlos por él con la mayor dulzura y suavidad. Eso no lo hacía ni por ella misma. A ella le agradaba el chico, quien cometió los errores con buenas intenciones, después de todo.

"Simplemente no quiero que tenga problemas por mi culpa. Él me ayudó. Y jamás le agradeciste; por el contrario, intentas exiliarlo a una aldea remota. No es justo".

"Se lo merece", dijo Carlos con firmeza.

Su obstinación frustraba a Debbie. "Muy bien, no te quito más tu tiempo. ¡Adiós, señor Huo!". Su tono se volvió gélido.

Carlos se frotó las sienes que estaban a punto de explotarle. Antes de que ella colgara, le dijo: "Está bien, de acuerdo. Ya no estará en la mira. ¿Feliz?".

Debbie dijo alegremente: "¡Gracias, cariño! ¡Muah!".

Carlos dejó escapar un suspiro silencioso. "Y no creas que volverás a salirte con la tuya. ¡Sabes que me molesta!", le advirtió.

"No hay problema. Prometo que no lo volveré a hacer. Cariño, eres el mejor". Su voz era dulce como un caramelo.

Después de colgar el teléfono, Debbie volteó y miró por la ventana del auto. El paisaje era muy diferente al de China. En el camino se podían v

gicas.

Su actualización había acumulado más de doscientos "Me gusta". Pero aún así, no había rastro de Carlos.

'Debe estar ocupado. Ya lo comentará más tarde', intentó consolarse.

Mirando la comida en la mesa, papas fritas, filete asado, pastel de carne, pollo asado... De repente, entendió por qué Carlos había contratado a Ethel para cuidarla.

Estaba algo conmocionada. Parecía que a su estómago no le agradaba ese tipo de comida. Estaría bien comerlo una vez, tal vez dos, para cambiar un poco la rutina. Pero si comía eso a diario, moriría.

'Carlos es muy atento. Es tan bueno conmigo', pensó alegremente.

¡Levantó su teléfono para revisar los comentarios, y luego vio algo de Carlos!

Tenía los ojos pegados a la pantalla, las manos sujetaban el teléfono con fuerza: no quería perder una sola palabra. "Señora Huo, ¿estás esperándome para que comamos comida chatarra juntos?", comentó él en la publicación.

'¿Comida chatarra?', Debbie miró las papas fritas. 'No importa. No tiene mucho tiempo para comentar, porque está muy ocupado'. Entonces respondió a su comentario: "Sí, si lo amas, llévalo a comer comida chatarra".

En su oficina, Carlos sonrió ante sus palabras. Zelda, que estaba haciendo un informe, estaba confundida. 'Estoy hablando de algo serio y grave. ¿Por qué el señor Huo está sonriendo? ¿Qué es tan gracioso?'.

Zelda revisó el archivo de principio a fin, pero no encontró nada divertido.

"Perdón, señor Huo...", dijo la secretaria con cautela.

Al instante, la sonrisa de Carlos desapareció. Él la miró con asombro y dijo: "Estás a cargo de este proyecto. Ahora que hay un problema, te corresponde resolverlo".

"Claro, señor Huo", respondió nerviosamente.

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