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   Capítulo 265 Carlos está herido

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 7383

Actualizado: 2019-09-06 00:21


Debbie ya llevaba algunos días en Inglaterra. El día que se registró en la universidad, se encontró con alguien familiar.

Gustavo, que siempre había sido muy extraño, corrió hacia ella con una gran sonrisa en el rostro. "Debbie, ¡cuánto tiempo sin verte!", dijo, con una mirada extraña.

Ella lo miró y pasó de largo sin decir una palabra.

'¿Qué hice mal?', reflexionó el muchacho con expresión confundida.

Pero eso no lo detuvo. Saber que realmente era tío de Debbie lo puso de buen humor nuevamente.

La alcanzó y proclamó: "Sobrina, como tu tío, he venido a hacerte compañía. ¿Estás conmovida? ¡Vamos! Puedes decirme 'tío'".

La verdad era que no quería estudiar en el extranjero, porque eso significaba estar lejos de su novia. Pero Curtis lo había engañado para que fuera para allá.

Por el momento, sólo le interesaba que Debbie lo llamara "tío".

Debbie se detuvo y lo miró con frialdad. "Lo siento. ¿Te conozco? Aléjate de mí".

Gustavo se sintió aturdido por su tono grosero. Fue hasta entonces que se dio cuenta de que había algo extraño en su comportamiento hacia él.

Su cara feliz se esfumó. Le gritó a la espalda: "Debbie Nian, sólo quería que me llamaras 'tío', como debe ser. ¿Tienes que poner esa cara tan larga?".

Sin siquiera tomarse una pausa, Debbie caminó directamente hacia su salón de clases.

'¡Maldita sea, Curtis!

¿Por qué siempre me pone tareas tan frustrantes?', se preguntó con mal humor.

En su octavo día en Inglaterra, Debbie llamó a Carlos por videollamada y se enteró de que estaba enfermo.

Le preguntó a Emmett cómo había sucedido, y él le dijo que desde que se había ido a Inglaterra, Carlos no había vuelto a la mansión ni una sola vez. Comía y dormía en la empresa y trabajaba más de diez horas al día. Las largas jornadas, el estrés y la falta de sueño finalmente habían dañado su salud.

Hoy era su tercer día enfermo, pero no había tomado medicamentos e insistía en trabajar sin descanso.

Preocupada, Debbie lo hizo ir al hospital, para lograrlo tuvo que ordenárselo, persuadiéndolo y amenazándolo al mismo tiempo.

Sin embargo, ella sabía que Carlos no tomaría sus medicamentos como debía hacerlo.

Durante el descanso, le envi

ignificaba llegar dos días después a su visita en Inglaterra.

"Pero tú...", Carlos miró la hora en su reloj y preguntó: "¿No deberías estar en clase a esta hora? ¿Dónde estás?".

"Pues... Yo... estoy en mi clase, por supuesto", mintió Debbie.

"¿En serio? Dime, ¿en qué aula universitaria cabe un gran árbol?".

Como la había descubierto escapándose de clases, Debbie miró hacia el árbol de la mentira y sonrío, "Estaba demasiado preocupada por ti, no podía enfocarme en la clase. Tenía que llamarte".

"Si vuelves a escaparte de clases, consideraré convertirme en un instructor en tu universidad hasta que te gradúes, solo para supervisarte", le advirtió Carlos mientras entraba a la sala de descanso de su oficina.

Debbie se levantó y sacudió el polvo de su trasero. "Señor Huo, Dios te dotó con la capacidad de ser un CEO extraordinario para así poder ganar dinero e impulsar el desarrollo económico mundial, no para convertirte en instructor de alguna universidad. Eso sería un desperdicio de tu talento".

Carlos dejó su teléfono a un lado y comenzó a quitarse la chaqueta del traje. "Un instructor puede cultivar mentes más capaces para el país. En este sentido, ser instructor es más importante que impulsar la economía mundial".

"¡Espera, señor Guapo! ¿Por qué te quitas la ropa?". Debbie iba corriendo hacia su salón de clases. Pero cuando vio a Carlos quitarse la ropa, se detuvo en seco, sin poder apartar los ojos de la pantalla del teléfono.

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