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   Capítulo 271 Mi esposa es más cruel que yo

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9081

Actualizado: 2019-09-08 00:02


"Muy bien. Tú mismo lo dijiste. Cumple tu palabra. De hecho, ¡se me acaba de ocurrir una idea excelente!". Debbie miró a Carlos con un brillo en los ojos.

Él mostró una gran sonrisa. "Sabes cómo aprovechar el momento".

"¡Por supuesto! Es una oportunidad de oro". En el fondo, Debbie sabía que Carlos la mimaba mucho y le permitía hacer lo que quisiera. Pero si el asunto tenía que ver con Megan, era difícil saber si estaría de acuerdo con ella o no. Así que ahora ella quería aprovechar esta oportunidad para llegar a algún tipo de acuerdo con él.

"Dime".

"Bueno. Dado que has arreglado todo para que estudie en el extranjero, creo que es justo que también envíes fuera a Megan. ¿Ves lo que te digo? Me enviaste a Inglaterra y a Dixon a América. Así que deberías mandar a Megan a un país remoto y pobre, lejos de todos nosotros".

Carlos se quedó sin habla. 'Mi esposa es más cruel que yo', pensó para sí mismo, sonriendo.

Lo que Debbie quería realmente no era enviar a Megan a un país lejano. Mientras Megan se mantuviera alejada de Carlos, cualquier país le parecería bien.

Si Megan seguía atosigando a su esposo, Debbie temía que se lo arrebatara tarde o temprano.

Carlos lo meditó durante un momento y luego dijo: "Como este semestre ya ha comenzado, dejemos que termine. La enviaré al País A después de sus exámenes finales". Wesley era originario del País A. Los Li radicaban allí, por lo que Wesley y su familia podrían cuidar de Megan si ella fuera allí.

Ahora que Carlos había tomado una decisión apropiada, Debbie pensó que sería mejor que dejara de pedir demasiado. Ella asintió alegremente y le dio un beso en la mejilla. "Cariño, me tratas tan bien".

Carlos le pellizcó la mejilla afectuosamente. "Eres mi esposa. Un esposo está obligado a mimar a su esposa, ¿sí o no?".

Una sonrisa feliz apareció en la cara de Debbie. Ella lo atrajo hacia sí, presionó su cabeza contra su pecho y le dio unas palmaditas como para consolar a un niño. "Puedes estar seguro de que siento lo mismo. Te amaré el resto de mi vida".

Carlos aprovechó la oportunidad para pasar los dedos sobre su pecho y besarla en el cuello. Sorprendida por aquel movimiento, ella protestó: "Oye, compórtate. Estás herido. Acuéstate y te daré un masaje".

Él levantó una ceja. "¿Un masaje? ¿Cuándo aprendiste eso?".

Debbie se apartó de sus brazos y lo hizo acostarse en la cama. Mientras ajustaba la altura de la cama, respondió con calma: "Nunca dije que supiera dar masajes. Solo te ayudaré... a relajar un poco tus músculos".

Carlos suspiró, sacudiendo la cabeza con resignación.

Debbie tomó su brazo derecho y comenzó a masajearlo mientras murmuraba: "Gracias, señor Huo, por tu dedicación a esta fa

nazará la vida de Megan después de eso".

Se suponía que esto era información confidencial que Wesley le había confiado en secreto. Carlos no tenía la intención de decirle nada, pero para calmar a Debbie, no tuvo más remedio que decirle parte de la verdad.

Si pudieran eliminar todas las amenazas físicas que acechan a Megan, Wesley y Carlos estarían más aliviados, y ya no tendrían que estar cerca de ella para protegerla.

A través de sus ojos borrosos, Debbie preguntó: "¿El momento adecuado? ¿Cuando es eso?".

"Si las cosas van bien, debería ser el próximo mes". 'O antes', pensó.

Ya estaría en camino para acabar con esos gángsters si Debbie no hubiera regresado sin avisar.

"Ajá...", Debbie se sorbió la nariz. Ella le creyó completamente, sin darse cuenta de cuáles eran sus verdaderas intenciones.

Carlos la estrechó en sus brazos. Le hizo falta un buen rato para contener sus lágrimas.

Al final, ambos se quedaron dormidos en los brazos del otro.

Debbie pasó la noche en el hospital para hacerle compañía. Habría querido preguntarle a Carlos sobre el asunto de James echándole píldoras anticonceptivas en la comida. Pero en toda la noche, no encontró ocasión de preguntarle al respecto.

Ella ya había discutido con él sobre Megan, así que no quería remover más temas que pudieran molestarlo. Entendió que Carlos estaba atrapado entre la espada y la pared. Después de todo, se trataba de su propio padre. Bajo ninguna circunstancia podría encargarse de su padre como lo hacía con sus rivales en los negocios.

Incluso aunque Carlos no tuviera reparos en castigar a James sin piedad, Debbie no estaría de acuerdo. Lo último que quería era que Carlos le diera la espalda a su familia por ella.

Pero poco sabía Debbie que Carlos ya había tenido una pelea terrible con James.

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