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   Capítulo 1408 Me gusta comer

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9703

Actualizado: 2020-08-02 03:10


Erica lloró a mares, pues, al parecer, era la salida de las emociones que tenía acumuladas en el corazón. Se abalanzó a los brazos de su esposo y lloró con amargura.

Matthew se quitó el abrigo y la arropó. Luego, inhaló el aroma de su esposa y la besó cariñosamente en la cabeza. "Cariño, no llores", le dijo para tratar de consolarla.

'¡No permitiré que te mueras! Si la Parca quiere llevarte, primero tendrá que vencerme', pensó el hombre.

Erica no dijo nada y siguió llorando.

Ambos se quedaron de pie junto al río, abrazados fuertemente. La mujer se ahogaba en sus propios sollozos, mientras Matthew la tranquilizaba.

Ocasionalmente, cuando alguna persona se acercaba a ellos, no podía evitar mirarlos. La tristeza de la pareja fue reemplazada por calidez y dicha.

Algunos minutos después, Matthew le dijo de repente: "¿Todavía andas trayendo el resultado del examen? Déjame echarle un vistazo".

Con los ojos rojos e hinchados, Erica sacó el papel arrugado de su bolsillo y se lo entregó.

Matthew tuvo que estirarlo para poder leerlo. En el título, el documento decía que era una endoscopia electrónica del Primer Hospital General de la Ciudad Y. Matthew no estaba apurado por leerlo, sino que, en cambio, le preguntó a su esposa primero: "¿Te pusieron anestesia para hacerte el examen?".

"¿Anestesia?", le preguntó la mujer, confundida.

"¡Sí!".

Erica pensó por un momento y le dijo: "No". No le habían puesto nada para el dolor, ni la sedaron. Absolutamente nada.

Matthew la sostuvo en sus brazos y le preguntó con voz temblorosa: "Niña tonta, ¿por qué no pediste que te pusieran anestesia?". Por lo general, esa clase de procedimientos implicaba dormir al paciente con algún tipo de anestesia. Luego, se insertaba un tubo con una cámara por la garganta para que los médicos pudieran examinar alrededor del estómago. Generalmente, ese examen era doloroso, incluso cuando el paciente estaba sedado.

En el examen, Erica no sabía lo que estaba pasando, además, los doctores nunca le ofrecieron nada. Ella lo abrazó y le dijo con tristeza: "No importa. De todas formas, ya me anestesiarán cuando me operen".

Matthew suspiró en silencio y continuó leyendo los resultados del examen.

Al medio del documento, había un largo párrafo que consistía en las instrucciones médicas profesionales y él entendió la mayoría de lo que se expresaba en ellas. "¿El médico te dijo por qué podrías haber desarrollado cáncer?", le preguntó Matthew.

Pero Erica, quien seguía entre sus brazos, sacudió la cabeza. "Estaba demasiado triste para preguntarle".

"¿Por qué no te dijo?", la interrogó Matthew. De todas formas, no importaba, ya que él la llevaría nuevamente a hacerse un examen y, esa vez, lo harían bien y realizarían todas las preguntas necesarias. Sin importar cuál fuese el resultado, ambos lo enfrentarían juntos.

Erica todavía estaba sumida en la pena y no podía

resión fría, le preguntó a la mujer que estaba acostada en la cama: "Dime una cosa, ¿de dónde sacaste la carambola?".

Erica, al darse cuenta de que había cometido un error, trató de encogerse tanto como pudo y le respondió: "Fui al mercado de agricultores y se la compré a una anciana". Erica se comió toda la carambola, la cual era del tamaño del puño de un bebé y tenía un sabor agridulce.

Sin embargo, ella no tenía la culpa, porque la anciana le había dicho que la fruta estaba fresca.

Al escuchar eso, Matthew se enojó muchísimo y su tono de voz se volvió cada vez más frío. "¿Acaso no tenemos suficiente fruta en la casa?", le preguntó él.

La nevera de la casa siempre estaba llena, ya que Erica y sus cuatro hijos vivían junto a él en la casa. A ellos nunca se les acababa la comida, además, contaban con veinte o treinta tipos diferentes de frutas.

"Está bien, está bien. Todo es mi culpa. Me gusta comer. ¡No te enojes conmigo!", confesó Erica y, afortunadamente, consiguió lo que quería. Estaba tratando de controlar sus emociones y evitar reírse a carcajadas.

Las mangas del hombre estaban medio enrolladas y estaba de pie junto a la cama, con las manos en la cintura. Era obvio que Matthew quería saldar todas las cuentas con ella. "¿En serio? ¡Te estás riendo!", le dijo él.

"No puedo evitarlo. Lo siento, ¿está bien?", le respondió la mujer con voz débil.

Matthew no sabía qué responderle. '¿Qué tengo que hacer? No puedo enojarme con ella para siempre. ¡Es mi esposa y la amo más que a nada en el mundo!', se dijo a sí mismo.

"Necesito que hagas una lista con tus errores, pero no debe ser de menos de mil palabras. No puedes irte a dormir hasta que la termines", él le ordenó.

'¿Qué?', se preguntó Erica, quien no había escrito una lista así en más de diez años. Lastimosamente, Erica levantó la mano izquierda, donde tenía puesta una jeringa vía intravenosa, y le dijo: "¿Y si no la hago?".

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