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   Capítulo 306 Accidente automovilístico

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9201

Actualizado: 2019-09-15 00:02


Debbie presumió, "Por supuesto, ahora sabes lo importante que es Karen. Así que mejor valórala".

Cuando el semáforo se puso en rojo y el auto se detuvo, Emmett volteó a mirar a Carlos y a Debbie. "Son una pareja cruel", se quejó. "Debería decirle a Karen que se aleje de ustedes".

"Karen siempre prefiere a sus amigos. A pesar de que seas su novio, ella siempre me querrá más a mí", respondió Debbie.

Cuando la luz del semáforo se puso en verde nuevamente, Emmett miró hacia adelante y se concentró en conducir. "Señor Huo, ¿se da cuenta de que la señora Huo quiere intimidarme?", se quejó él.

Lanzando una mirada cariñosa a Debbie, Carlos se acercó y le dio un beso en la mejilla.

Pero justo entonces, un agudo claxon lo interrumpió. Instintivamente, Debbie se acurrucó y lo agarró, sus manos temblaban sin control. Al siguiente segundo, observó al camión de 24 ruedas acercándose. El camionero había tomado el lado equivocado de la carretera y se precipitaba como un loco maniático hacia su carril.

En reacción al peligro inminente, Emmett giró el volante hacia la derecha. "Señor y señora Huo, ¡un camión se pasó el alto! ¡Cuidado!", gritó con voz de pánico.

Mientras tanto, Carlos volteó y empujó a Debbie hacia abajo del asiento trasero, la abrazó con fuerza mientras la protegía con su cuerpo.

Todo sucedió muy rápido. Lo siguiente que oyeron fue un ruido ensordecedor y un impacto que dejó a Debbie con un dolor terrible en las extremidades.

Los gemidos de angustia de Emmett y Carlos la alarmaron aún más. Aunque Carlos se sintió agitado hasta la médula, intentó decir algo para tranquilizarla. "Amor... Te quiero...", murmuró él.

Pero pronto, su mente se quedó en blanco. Por un momento, se quedó sorda como una tapia.

Afuera, había todo un caos. Mientras la gente gritaban y se asustaban, más autos chocaban y se apilaban, los frenos chillaron y las bocinas sonaron.

En el auto, Carlos, como si sintiera un espasmo, la abrazaba con tanta fuerza que casi la asfixiaba. "Amor...", Debbie intentó decir algo.

Pero sintió que algo pegajoso había caído sobre su rostro.

Hizo todo lo posible para reunir algo de fuerza, tartamudeó un poco, pero lo único que salió de su boca fue un débil murmullo inarticulado. Al responder, Carlos sonaba muy débil, aun así seguía abrazándola con fuerza.

Debbie intentó moverse, pero su cuerpo no le respondió.

"Ambulancia... la policía...". Carlos dijo con una voz temblosa.

"Sí, tengo que llamar a la ambulancia", recordó. Pero ella apenas podía moverse. Trató de alcanzar su bolso para tomar el teléfono.

En ese momento, una multitud rodeaba el auto. "Hay alguien en el auto. ¡Dense prisa, llamen a una ambulancia!", gritó una señora de la multitud.

Debbie querí

iosos de su mamá y hermana, Olivia tenía una muy mala expresión. No necesitaba ser un experto para descubrir que era seguro que la habían arrastrado al hospital en contra de su voluntad.

Lucinda había estado llorando. Al ver a Debbie despertarse, se limpió los ojos hinchados de inmediato y dijo con gran alivio: "Debbie, me alegra que estés despierta". Luego volteó a ver a Olivia y le ordenó: "¡Rápido, ve a buscar al doctor!".

Olivia se movió lentamente al lado de la cama y presionó el botón para llamar a la enfermera, Sasha caminó hacia el otro lado, también tenía los ojos rojos e hinchados. Debbie se dio cuenta de que las dos habían estado llorando. "Debbie, ¿cómo estás? ¿Cómo pasó todo esto?", Sasha preguntó entre sollozos.

Debbie levantó la mano para acariciar su vientre. "¿Qué tal sigue la situación?", preguntó ella, profundamente preocupada.

La sonrisa en el rostro de Lucinda se congeló. "Tu bebé está bien...", ella dudó. "El señor Huo... él... él todavía está en la sala de quirófano".

"Ha pasado mucho tiempo. ¿Por qué sigue en la sala de quirófano?".

Debbie trató de sentarse de la cama. Justo entonces, entraron dos médicos.

La detuvieron de inmediato cuando vieron lo que estaba haciendo. "Señora Huo, su placenta puede desprenderse. No puede moverse".

"¡Carlos! ¡Debo ir a verlo!", les exigió, su ansiedad crecía a cada minuto.

"Escucha Debbie, No vayas ahora. El señor Huo está en la sala de quirófano. Sólo podrás permanecer fuera de la sala si llegas ahí. ¿Por qué no descansas? En cuanto salga de la cirugía, te llevaré a verlo, ¿de acuerdo?".

Sacudiendo la cabeza, Debbie protestó, "No, debo verlo. Como sea, tengo que saber cómo está, tía. Se lastimó por intentar salvarme. Por favor, llévame con él. Déjame esperar a que se despierte...". Sus sollozos ahogaron sus palabras.

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