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   Capítulo 328 El aventón

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 7644

Actualizado: 2019-09-19 00:30


El coche aceleraba con rapidez hacia Debbie, quien cerró los ojos con fuerza, esperando el inevitable impacto. Las llantas chirriaron sobre el asfalto mientras el auto se detenía a solo unos centímetros de ella.

Afortunadamente, la persona que conducía era un conductor de circuito profesional, y conocía los límites de la máquina... así que fue lo suficientemente rápido como para pisar el freno cuando notó que ella había saltado en medio del camino. O de lo contrario la habría arrollado.

Después de que el auto se detuvo, Debbie fue cojeando hacia la puerta trasera. Aún creyendo que Carlos había regresado por ella, golpeó la ventana del auto con gran ímpetu. No podía esperar para verlo, besarlo y estar en sus brazos una vez más.

Ese sonido tenue llegó a sus oídos nuevamente cuando la ventana bajó, mostrando a los pasajeros dentro. Debbie estaba sonriendo; sin embargo, Carlos parecía sombrío. Él simplemente la miró de reojo con frialdad y se quedó callado.

Su silencio lastimó sus sentimientos. '¿Acaso no regresó por mí?', La sangre en sus venas se congeló. 'No... no lo hizo'.

Carlos parecía haber perdido toda la paciencia. Debbie dijo apresuradamente: "Sr. Huo, ¿podrías...?".

"No", él se negó incluso antes de que ella pudiera decir otra palabra.

Entonces su corazón se apretó en un nudo ante tal respuesta. Pero aún así no se rendiría. "Me lastimé la pierna y no puedo tomar un taxi. ¿Podrías llevarme al hospital antes de regresar a casa?".

"No me va de camino". Después de eso, subió la ventana.

El auto se alejó, dejándola con una sensación de malestar en su alma.

Debbie levantó la cabeza para mirar la noche llena de estrellas mientras intentaba contener el llanto.

Hace tres años, le mintieron y le hicieron creer que su verdadero amor estaba muerto. Cada año en el aniversario de su muerte, lloraba sin cesar. A veces, solía contemplar a su hija dormir, miraba cómo su tierno pecho subía y bajaba, y pensaba en él. Cuando dolía demasiado, sostenía a Piggy con fuerza y sollozaba sin parar. Piggy era lo último que le quedaba de él. Su único recordatorio viviente. Pero no importa cuán difíciles hayan sido esos días, ella nunca había llorado tanto como ahora, que sabía que él estaba vivo, pero ya no la amaba.

Dentro del Emperor, el

e interesaba. Tenía que ser paciente. Si apresuraba demasiado las cosas, las arruinaría. Incluso podría llegar a odiarla y eso no era lo que ella quería.

Carlos se sorprendió y su cara se oscureció. '¿Acaba de rechazarme? ¿Acaso está enojada? Joven pero con genio, ¡ja!'.

Ya que Carlos no decía nada, Debbie le hizo un gesto con la cabeza a Niles, que los observaba con interés, y se dirigió a la entrada.

Era casi medianoche y las nubes comenzaban a juntarse para oscurecer la luz de la luna. Había muy pocos taxis pasando por el hospital en este momento. Debbie esperaba junto al cesped verde al borde de la carretera. En ese instante, Karen la llamó. "¿Dónde estás? ¿Ya se terminó la cena?", preguntó.

"Sí. Estoy en camino de regreso".

"¿Dónde estás? Le pediré al chofer que te recoja".

Debbie mintió para que Karen no se preocupara. "No te preocupes. Ya estoy tomando un taxi".

Karen lo pensó por un momento. "Bueno. Sabes artes marciales de todos modos. No estoy preocupada. Llámame cuando llegues. Bajaré a buscarte".

"De acuerdo, adiós".

Cuando colgó, un SUV Mercedes se detuvo frente a ella. Niles estaba en el asiento del conductor y bajó la ventana del asiento del pasajero. "Hola, señorita Nian, nos encontramos de nuevo tan pronto. No es fácil encontrar un taxi a esta hora. ¿Necesitas que te lleve?".

Debbie miró el asiento trasero. Carlos estaba sentado allí atrás. Después de considerarlo un poco, ella sacudió la cabeza y respondió obstinadamente: "Gracias, pero tomaré un taxi".

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