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   Capítulo 342 Ataque directo

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 7100

Actualizado: 2019-09-22 00:12


"No", respondió Carlos con frialdad. No era curioso por naturaleza.

A pesar de su respuesta, Debbie decidió continuar. Mientras trotaba junto a él, dijo: "¡La forma más fácil de perder peso es... darme tu corazón!".

Debbie se echó a reír de su broma, sabía que Carlos todavía no estaba listo para darle su corazón ni su alma.

Debido a que respiraba y se reía al mismo tiempo, comenzó a exhalar entrecortadamente.

Pero aun así siguió riéndose, quizá en un intento por ocultar su vergüenza. Por lo que se veía, Carlos había amanecido imperturbable.

Sin embargo, sin que ella se imaginara, él estaba disfrutando mucho de su alegre compañía. Su sonrisa era como un rayo de sol que se abría paso para derretir su hasta ahora frío corazón.

Disminuyó la velocidad y luego se detuvo, la miró con ojos determinados y llenos de deseo.

Debbie también se detuvo. Su intensa mirada la hizo sentir incómoda. Se rascó la parte posterior de la cabeza y tartamudeó: "Creo que... será mejor que vuelva a casa".

De repente, Carlos dio un paso adelante.

Sorprendida, Debbie retrocedió por instinto. Repitieron la acción varias veces hasta que la espalda de Debbie chocó contra un gran árbol. Tenía que esquivar el árbol si quería alejarse de él, así que se giró a la derecha en un intento de esquivar el árbol, pero él estiró el brazo y agarró la rama, así pudo bloquearle el camino.

Como no le quedó ninguna otra opción, ella tuvo que girar a la izquierda. Pero, otra vez, Carlos le bloqueó el camino.

'¿Es un ataque directo?'. Su mente regresó al estudio de la mansión, donde, entre otros libros, también había un par de obras de poesía japonesa que retrataban perfectamente ese movimiento. Con melancolía, se preguntó cómo les habría ido si hubieran estado juntos estos tres últimos años. Poco a poco, el corazón comenzó a acelerarse y sus mejillas se sonrojaron llenas de amor, entonces, ella levantó la cabeza para mirarlo. "Tú... Yo...". Se quedó sin palabras.

Carlos bajó la cabeza y la besó en los labios.

Un beso intenso y apasionado de un hombre que estaba ávido de amor. '¡Volvió a besarme!'. Saboreó

s suspiró con profunda resignación. "Así es, no me afecta que me llames 'tío'. Pero a ella también debes llamarla 'tía'. De lo contrario, todos pensarán que también es mi sobrina". Al entender el sentido de sus palabras, Debbie protestó, "¡Eso no va a suceder!".

Jugando, Karina le pellizcó el brazo a su marido y le sonrió amablemente.

Al observar a esta pareja tan tranquila, Debbie sintió envidia de su amor y compromiso.

Después de tantos años, Karina y Curtis seguían enamorados. Debbie nunca los había visto tener un desacuerdo.

Por el otro lado, Carlos y ella se disgustaban casi a diario.

Debbie salió de sus pensamientos, soltó a Karina y se acercó a Curtis, que sostenía a un niño pequeño. "¿Quién es este chico tan guapo?", ella preguntó. Le pellizcó ligeramente la cara regordeta y sonrió ampliamente.

Era la primera vez que veía a su pequeño primo, quien era mucho menor que su hija. Metió la mano en su bolso de mano y sacó una barra de chocolate para dársela.

El niño felizmente la tomó y se la puso en la boca; intentó morderlo sin quitarle la envoltura cerrada.

Debbie lo tomó en sus brazos, le abrió la barra de chocolate y jugó con él, además disfrutó de sus felices balbuceos.

"Cariño, ¿cómo te llamas?", ella preguntó.

"Él es Justus", respondió Karina.

"Justus, suena bien". Curtis le acercó la silla a Debbie mientras ella se sentaba llevando al niño en brazos.

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