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   Capítulo 351 Ahogar las penas en el alcohol

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 10269

Actualizado: 2019-09-24 00:02


Durante la pelea, el hombre se escapó y Jeremías tuvo que salir tras él. Como Karen estaba tomando un café allí y relajándose, había tenido que pagar todos los daños que había causado Jeremías.

Cuando a Jeremías se le pasó la borrachera, al día siguiente no recordaba nada de lo sucedido.

La persona que compartía el café con Karen también conocía a Sasha. Así que Karen le contó todo lo que había pasado y el lío que habían montado.

No hace falta decir lo mal que se sintió Sasha cuando supo todo aquello. Ella se ofreció a devolverle el dinero a Karen, pero esta se negó rotundamente a aceptarlo, y le dijo que si la próxima vez que sucediera algo así Jeremías se hacía cargo de los gastos, quedarían en paz.

"Lo que tuvo que pagar ella no llega a un millón y aquí me tienes a mí, sin otra opción que pagar varios millones". Jeremías estaba que echaba humo de rabia.

Con una mano apoyada en la barbilla, Karen hojeó el menú sin prisa. Luego, rápidamente paseó la mirada por el club para ver quién andaba por allí. "Por lo que pude deducir, tendrías que pagar unos diez millones, pero es solo un cálculo aproximado. ¿Por qué no vas y le pides al gerente que te haga un descuento? Relájate, no pasa nada. Ya verás como todo sale bien".

"¡Diez... millones!", dijo Jeremías enormemente frustrado.

Sin hacerle caso, Karen siguió hablando y le preguntó a Debbie: "Jefa, ¿qué vas a tomar? Echa un vistazo al menú y mira a ver si hay algo que te guste".

Dejando su teléfono en la mesa, Debbi se puso a mirar el menú. "Me encantaría tomar un buen trago, algo fuerte. Hacía mucho tiempo que no podíamos vernos así y salir a tomar algo. Esta noche vamos a beber para alegrarnos el corazón. ¿De acuerdo?".

No era difícil darse cuenta del desánimo que apenas ocultaban sus palabras. Parecía que lo único en lo que pensaba en aquel momento era en ahogar sus penas en alcohol.

Siendo así, sus amigos querían estar allí para ella y acompañarla bebiendo. Chasqueando los dedos, Jeremías llamó al camarero que estaba cerca de ellos. "Camarero, tráiganos diez botellas de whisky, por favor".

Todos se quedaron atónitos al oírlo decir eso. 'Colega, ¿de verdad tienes que pedir tanto whisky?', se preguntaron muchos de los que estaban por allí.

Era bastante obvio que Debbie realmente estaba planeando ahogar sus penas en todo ese alcohol. No era que fuera buena bebiendo, pero en cuanto sirvieron el whisky, no perdió ni un segundo y se tomó dos vasos sin respirar.

Cuando iba ya por el tercer vaso, ya estaba empezando a divagar sobre todo lo humano y lo divino. Llegó un momento en que hasta empezó a discutir con Jeremías por un tema que no se sabía ni cómo había empezado.

Karen quería evitar que ella se tomara un cuarto vaso. Pero Debbie la abrazó con fuerza y con lágrimas en los ojos y gritó: "Karen, por favor, déjame beber. Quizá cuando esté borracha del todo y me quede dormida, deje de sufrir tanto".

A Karen le dolía ver a una amiga tan querida en ese estado. Dándole una palmadita en la espalda, trató de consolarla, "Deb, ya has bebido bas

mo de gelatina. "¿Señor Huo?".

Con solo una mirada, el hombre inmediatamente reconoció quién era Carlos.

Ya se había encontrado con Carlos en un par de ocasiones, pero esta era la primera vez que tenía una verdadera conversación con él.

"Tráemela inmediatamente", exigió Carlos de forma intimidante. Sin ninguna demora, el hombre entregó raudo a Debbie.

Hay muchas mujeres en el mundo. Jamás se atrevería a molestar a Carlos a causa de una mujer, fuera quien fuera.

Debbie parecía que estaba murmurando algo. Carlos dio a sus guardaespaldas las siguientes instrucciones: "Asegúrese de que a partir de hoy, se le prohíba a este tipo la entrada a cualquiera de los clubes u otros lugares de entretenimiento que hay en la Ciudad Y".

"Sí, señor Huo".

El hombre se quedó completamente atónito y atemorizado y no tenía ni la más remota idea de qué había hecho para ofender a Carlos. Él no había hecho nada más que cooperar y andar con cuidado. Así que, ¿por qué motivo le prohibía Carlos ir a cualquier establecimiento de la ciudad?

Pero en cualquier caso, no tenía agallas para decir nada. Solo pudo responder a las preguntas de los guardaespaldas lo mejor que pudo. Luego escuchó mientras los guardaespaldas hacían llamadas telefónicas para que no pudiera entrar más a ninguna parte.

Carlos levantó a Debbie y la llevó a su automóvil. Apestaba tanto a alcohol que le dieron escalofríos. ¿Qué estaba pasando esta noche con el alcohol? Un rato antes también había tenido que recoger a Stephanie completamente borracha. Y para su sorpresa, Debbie estaba aún más borracha todavía.

Al reconocer el aroma de Carlos, Debbie se acercó a él. "Oye, ¿por qué estás tardando tanto? ¿Por qué todavía no llegamos a la pista de baile? Venga. ¿Qué pasa? ¿Sabes bailar o no? Apuesto a que no sabes", balbuceó Debbie.

Segundos después, oyó que se cerraba la puerta del auto. Entrecerrando los ojos, preguntó inocentemente: "¿Eh? ¿Por qué hay una puerta de un auto aquí en medio de la pista de baile? ¿Es algún tipo de tecnología moderna?".

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