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   Capítulo 352 Prométeme

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8338

Actualizado: 2019-09-24 00:12


Al ver a Carlos enojado, la mente de Debbie quedó en blanco durante un instante. "¿Eres tú? Pero no puede ser que estés aquí, debo estar equivocada". '¿Por qué no está con su novia? ¿Por qué está aquí, conmigo?', eran los pensamientos conflictivos que corrían por su mente.

Con los ojos cerrados, Debbie apoyó la cabeza contra su pecho, inhalando su embriagante perfume.

"¿A dónde quiere ir, señor Huo?", preguntó el asistente de Carlos, sentado al volante.

En los seis meses que había estado trabajando para Carlos, era la primera vez que lo veía abrazar a otra mujer que no fuera Stephanie.

Carlos no respondió de inmediato. Miró por la ventana, reflexionó y dijo: "Ve a Champs Bay Apartments".

"Entendido, señor. Huo".

Diez minutos después, al llegar a Champs Bay Apartments, sonó el teléfono de Carlos. Era una llamada de Curtis.

"Hola", respondió de inmediato.

"Carlos, Jeremías me dijo que no podía encontrar a Debbie. ¿Sabes dónde está?". Jeremías la había estado buscando por todas partes, pero se dio cuenta de que ella había olvidado su teléfono en el sofá del club. En sus frenéticos esfuerzos para encontrarla, había llamado a Curtis.

"Sí, lo sé", respondió Carlos vagamente.

"Menos mal. Jeremías dijo que estaba borracha. Cuídala, ¿de acuerdo?", dijo Curtis, sintiéndose más tranquilo.

"Por supuesto".

Jeremías, quien estaba aún en el club, seguía preocupado. Solo pudo tranquilizarse después que Curtis lo llamara para comentarle con quien estaba Debbie.

'¿Cómo hizo Carlos para llevársela tan discretamente, sin que nadie se diera cuenta? Es como un fantasma', pensó Jeremías.

Ahora que Debbie se había ido y como Karen estaba completamente borracha, ya no tenía ninguna gracia quedarse en la discoteca, así que prefirió irse a casa. Pero la cuenta le iba salir una fortuna. Fue en busca del gerente del club. "Colega, dime, ¿cuánto tiempo me voy a tardar lavando los platos para pagar la factura?".

El gerente sonrió amablemente: "20 años no te alcanzarían. Será mejor que pague la cuenta señor Han".

"Está bien. Llama a esta persona. Es mi hermano. Dile que hui y pídele que te la pague". Hacía mucho tiempo que Jeremías no había hablado con Damon.

Damon no se iba dejar estafar así de fácil, sobretodo que la cuenta era ridículamente cara. Y de hecho, Damon lo llamó en seguida. Jeremías, calmadamente le explicó: "Ya que no has actuado como un hermano mayor en estos últimos años, y que no me has cuidado en absoluto, considera est

ama, cuando de repente Debbie le dio una cachetada en la cara.

Él, rojo de ira, tenía que reprimir la ira de estrangularla de lo enojado que estaba, pero Debbie ni siquiera se dio cuenta que estaba furioso. Hablando entre dientes, le dijo: "Planeaba quedarme soltera por el resto de mi vida cuando me dijeron que estabas muerto. ¿Y tú me tratas así? ¡Estúpido! ¡Eres un imbécil que no tiene corazón!".

Ignorando su disparate, Carlos la acostó, le quitó los zapatos y la tapó con una fina colcha.

Debbie no quiso dormir debajo de la colcha, se destapó y la tiró al suelo. Luego se sentó, gritando y maldiciendo. "No eres mi esposo. Mi esposo me ama. Jamás besaría a otra mujer. Tampoco se casaría con otra persona. ¡Sal de aquí!".

Cuando fue a golpearlo de nuevo, Carlos le apretó las manos y advirtió: "¡Cállate y vete a dormir! No acabes con mi paciencia".

"¿Por qué has cambiado tanto? Ya no eres la misma persona que antes. En aquel entonces me amabas con toda tu alma".

Carlos se quedó sin palabras. 'Esta mujer me está cansando', pensó.

Mientras él buscaba una manera para acabar con este drama, ella se dio vuelta abruptamente, lo abrazó con fuerza y apoyó la cara contra su pecho. "Viejo, no la beses. Prométeme que no la besarás, ¿de acuerdo?", le imploró. Su cambio de tono lo tomó por sorpresa. Recién, lo único que quería era que se cansara y que lo dejara en paz.

Pero ahora, ante su voz suave y tierna, y cómo lo abrazaba, Carlos deseaba que ese momento pudiera durar una eternidad.

Sin darse cuenta de que en realidad lo estaba excitando, Debbie continuó rogando entre sollozos, "Solo prométemelo. Es lo único que te pido".

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