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   Capítulo 377 Cuestión de estrategia

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9156

Actualizado: 2019-09-29 00:12


"Bueno. Nos vemos", le dijo Debbie a Jeremías.

Sintió un fuerte tufo a alcohol apenas entró en la habitación. Hizo un ademán con sus manos para tratar de alejar el olor de su nariz y su boca.

Luego de dar un par de pasos hacia el interior de la habitación, se dio cuenta de que en el sofá descansaba, con los ojos cerrados, un hombre de camisa blanca.

No estaba del todo segura si estaba dormido o no. Pero parecía no haber notado su presencia.

Debbie dejó su bolso a un lado y le dio una palmadita para tratar de despertarlo. "Oye, ¿estás despierto? Ven, vámonos a casa", le dijo.

Al escuchar su voz, Carlos separó sus párpados lentamente, se incorporó en el sofá, cabizbajo y se masajeó un poco las cejas para tratar de aliviar su dolor de cabeza.

Debbie no sabía qué hacer. Se rascó la cabeza mientras esperaba en silencio una reacción de su parte.

Pero pasó un tiempo y él aún no se percataba de su presencia. Solo se mantuvo con la cabeza gacha.

Sin nada más que hacer, Debbie se agachó frente a él y le sacudió por el brazo. "Viejo, ¿estás bien? Vamos, te llevaré a casa para que puedas dormir". '¿Por qué habrá bebido tanto?', se preguntó Debbie.

Él no era así. Cuando tomaba llegaba a embriagarse un poco, pero no era persona de emborracharse así.

Carlos aprovechó el letargo de Debbie para tomarla entre sus brazos y abrazarla.

Sorprendida, Debbie golpeó su cabeza contra el pecho fornido de Carlos. "¡Ay! Me estás lastimando", se quejó.

"Debbie Nian". Su voz ronca retumbó en sus oídos, derritiendo su corazón.

Ella exclamó en su mente: 'Oh, Dios, ¿por qué? ¡Incluso su voz es tan ardiente! ¡Me encanta!'.

Seguidamente, le rodeó el cuello con sus brazos y le brindó una sonrisa encantadora. "Si Sr. Huo. Estoy aquí."

Carlos la sostuvo y examinó su rostro cuidadosamente. Luego de un rato, le reclamó: "¿Estás tan desesperada por aprovecharte de mí estando borracho?".

Debbie se había maquillado y puesto perfume. El seductor aroma que emanaba de su piel lo excitaba. Él comenzó a perder la compostura.

"¿Qué ocurre?", Debbie estaba confundida. Esta vez ella no había dicho nada, ni siquiera se había movido un poco.

Súbitamente él la agarró con más fuerza. Y con voz ronca le susurró: "¿Quieres que te haga mía? Estás vestida para la ocasión".

Ahora Debbie estaba aún más confundida. Así que revisó lo que llevaba puesto. Tenía una falda negra ajustada que realzaba sus caderas. La falda tenía un dobladillo con encaje y una abertura de un lado. Pero no era corta ni enseñaba demasiado. Era una típica falda de corte alto.

"Yo...", tartamudeó Debbie y justo cuando abrió la boca para intentar darle una respuesta, sintió sus labios que la besaban divinamente.

Al cabo de un

despertara? ¡Qué imbécil!'.

Con las piernas aún temblorosas, Debbie salió del club. Afuera el sol resplandecía y hacía calor. Tomó un taxi y se fue al Plaza Internacional Shining para cobrar el cheque.

Ella no era una prostituta pero nada le impedía usar el dinero.

Una hora después, Frankie entró en la oficina del gerente general y le informó a Carlos: "Sr. Huo, el cheque fue cobrado en uno de los bancos locales en Plaza Internacional Shining".

"Hmm", asintió Carlos como única respuesta, una pizca de sarcasmo se notaba en sus ojos.

En realidad, Debbie lo había enloquecido anoche. Simplemente no podía resistirse a hacer el amor con ella. Tan pronto como lo hacía, ya estaba listo para volver hacerlo una vez más. Pero James tenía razón. Ella estaba tras él por su dinero.

Frankie continuó con su informe: "Cerca de ochocientos mil fueron gastados en un bolso de diseñador, el resto se gastó en ropa".

Carlos soltó una risita sardónica y dijo: "Está bien. Ahora vuelve al trabajo".

'Ofreció su cuerpo por un bolso y algo de ropa. ¡Qué mujer tan vanidosa!', pensó con desprecio.

Luego de hacer las compras en el centro comercial, Debbie tomó un taxi y se dirigió a un vecindario adinerado.

Sin contratiempos, llegó a un apartamento y tocó el timbre.

Casi en seguida, la voz de una mujer se escuchó desde el otro lado de la puerta: "¡Debbie! ¿Qué estás haciendo aquí?".

Con el bolso de diseñador en la mano, Debbie se apoyó casualmente contra la puerta y le respondió: "Te he echado de menos. Vamos, abre la puerta".

"¿No te preocupa que llame al tío Carlos?".

Debbie se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja y sonrió. "No estoy asustada. Justo acabamos de hacer algo desdeñable. ¿Acaso sabe hacer otra cosa?".

Hubo un momento de silencio desde el otro lado de la puerta.

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