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   Capítulo 397 Entrégame en matrimonio

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8884

Actualizado: 2019-10-03 01:33


Después de despedirse de Iván, Debbie se dio la vuelta para irse, pero una mujer se interpuso en su camino. Era Ramona, la madre de Debbie, que la miró con compasión y le dijo: "Estás triste, ¿verdad?".

Aquellas palabras sacudieron el corazón de Debbie. Ella hizo todo lo posible para ocultar sus emociones y esperando que su rostro no la traicionara, se burló de su madre. "¿Por qué iba a estar triste? ¿Porque me abandonaste o porque dejaste a papá? Nah, no estoy triste por eso".

Sus palabras hirieron el corazón de Ramona, quien trató de calmarla. "Lo siento mucho. Dame la oportunidad de compensarte".

Antes de que Debbie pudiera responder, sonó una voz anciana, "¡Ramona!".

Cuando Ramona vio a aquel anciano acercarse, su rostro cambió abruptamente.

Debbie no estaba interesada en hablar con ninguno de ellos y trató de escapar. Pero Ramona de repente tuvo un colapso, gritando: "¡Papá! Tú también eres padre. Deberías saber cómo me siento. No he visto a mis hijos desde hace más de veinte años. No empieces otra vez conmigo".

Su voz llena de desdicha le llegó a Debbie al corazón. No parecía en absoluto que estuviera fingiendo estar triste. Su angustia sonaba real.

Debbie se quedó quieta donde estaba. Tenía un conflicto, porque quería irse, pero no de esa manera. Se giró para mirar a su madre, a quien engullía tal tristeza que temblaba de pies a cabeza. El abuelo de Debbie no mostró emoción alguna y simplemente hizo un gesto a los guardaespaldas que estaban detrás de él. A una orden de Elroy, dos de ellos dieron un paso adelante dispuestos a agarrar a Ramona y llevársela.

Ramona respondió perdiendo por completo el control de sus emociones y lloró desconsoladamente. "¿De verdad soy tu hija? ¡Me has torturado durante más de veinte años! ¿Por qué? Ahora que finalmente puedo acercarme a mi propia hija, tú me haces esto. Pronto cumpliré cincuenta años. No me queda mucho más tiempo. Si no puedo ver a mis hijos, ¿para qué seguir viviendo?".

"¡Cállate! ¡Llévensela!", gritó Elroy. Los gritos de la madre no hicieron que el anciano mostrara ninguna compasión, al contrario, solo añadieron leña al fuego.

De pie junto a Elroy estaba la madrastra de Ramona, Sybil, que contemplaba la escena impasible. Ella no hizo ademán de detener a Elroy.

Cuando los guardaespaldas se volvieron a cargar contra Ramona, esta de repente se dio la vuelta, corrió hacia Debbie y la abrazó con fuerza. "Lo mejor que hice fue casarme con tu papá, pero probablemente también mi peor decisión. No olvides que te quiero mucho, y a tu hermano también. Perdóname. No puedo seguir queriéndote".

Debbie estaba conmocionada por sus emotivas pal

spital, hijo?".

"¿ Cómo te sientes?", le preguntó un familiar.

Al escuchar todas aquellas voces, Carlos se soltó de Debbie y cerró los ojos durante un instante. Cuando los abrió, volvió a ser el mismo hombre frío de siempre. En lugar de responder a todos, miró a Debbie y la regañó, "¡Estúpida mujer!".

Debbie guardó silencio.

Stephanie le sacudió la ropa a Carlos y lo arregló lo mejor que pudo. Luego le lanzó una mirada enojada a Debbie. "Señorita Nian, Carlos es mío ahora. ¡Apártate!".

A Debbie le importaba un carajo la actitud fría de Stephanie y simplemente miró a Carlos expectante. "¿Te acordaste de nuestro pasado? ¿Por eso me salvaste?".

Todos los que estaban a su alrededor guardaron silencio, cada uno albergando diferentes emociones en sus corazones.

Carlos respondió rotundamente: "Stephanie y yo estamos prometidos oficialmente. Espero que puedas renunciar a mí".

'¿Renunciar a ti?'.

El corazón de Debbie se rompió en mil pedazos.

Stephanie y James se llevaron a Carlos, dejando a Debbie allí mismo completamente atónita.

Algunos de los guardaespaldas ya estaban en la carretera deteniendo los coches para que pudieran pasar.

Cuando llegaron al otro lado, Debbie volvió en sí y gritó: "¡Carlos!".

Él se detuvo y después de vacilar durante unos instantes, se dio la vuelta.

"Muy bien. Tú ganas, pero prométeme solo una cosa", gritó ella. Aunque Carlos se encontraba a solo a unos pocos carriles de ella, para ahora era inalcanzable. Era como si estuviera a miles de kilómetros de distancia.

"¿Sí?", preguntó él. Emanaba un aura helada, y sus ojos eran oscuros como un agujero negro.

"Me casaré pronto. Ya que no tengo padre, ¿me entregarás en el altar?", dijo Debbie con una voz resuelta que atravesó el aire.

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