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   Capítulo 401 Por favor, regresa

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9382

Actualizado: 2019-10-04 00:32


Carlos cayó en un profundo letargo pensando en sus relaciones problemáticas. Se dio cuenta de que no importaba cuán exitoso fuera en los negocios, en lo que respetaba a los asuntos del corazón, aún tenía un largo camino por recorrer. Sus desenvolturas con respeto a los asuntos amorosos no estaban tan desarrollados como sus agudas habilidades analíticas.

Aparentemente, parecía que todos tendrían un final feliz, él estaba comprometido con Stephanie y Debbie se iba a casar con Iván.

Pero por razones que no lograba descifrar, en lo profundo de su corazón no dejaba de sentir inquietud. Sus instintos le advertían que estaba a punto de perder algo muy valioso. Se sentía torturado por esos pensamientos y, a pesar de que trataba de enfocarse en su trabajo para mantener la mente ocupada, no lograba disiparlos. Cuando la veía, no podía evitar que los sentimientos afloraran en su corazón, haciéndolo perder el control sobre sus emociones.

Justo como le estaba pasando en ese preciso instante. Carlos sabía perfectamente que no era correcto tener pensamientos íntimos con una mujer que pronto iba a casarse con otro hombre.

Pero, a pesar de su gran autocontrol y el entrenamiento especial que había recibido en el ejército, aún no podía controlar su deseo por Debbie. Ansiaba abrazarla, besarla y hacerle el amor. Así que no pudo contenerse y decidió actuar según sus impulsos.

Ni siquiera Debbie, inmersa completamente en la profundidad de sus ojos, podía adivinar lo que estaba tramando Carlos. Luego de escudriñar tanto en su intensa mirada, finalmente cedió.

"Sé lo que piensas, pero que sea esta la última vez que tengamos sexo", le susurró.

Pero Carlos le respondió con lo que ya le había dicho: "No te cases con Iván", y ansiosamente, trató de buscar algún signo de arrepentimiento en su rostro.

"De ninguna manera", se negó ella nuevamente.

Esta vez, él decidió no seguir hablando y la embistió durante toda la noche.

Al día siguiente, Debbie se marchó de la Ciudad Y junto a Piggy. Más tarde ese mismo día, Carlos miró en las noticias las fotos de Debbie en el aeropuerto. En ellas no aparecía Piggy porque Iván había hecho los arreglos para que alguien cuidara de la niña y viajara con ella con otro pasaje VIP.

Tres días después, Carlos recibió la tarjeta de invitación a la boda de Debbie, adjunta con una foto de su certificado de matrimonio.

La imagen de Debbie sonriendo alegremente en certificado de matrimonio era un indicio de su felicidad. Carlos sintió que la foto era como un cuchillo que le apuñalaba el corazón.

Como si no fuera suficiente, a dos días de la boda, Carlos recibió una foto de Debbie vestida con un hermoso vestido de novia.

Esta vez había sido Xavier quien le hizo llegar la foto.

"Sr. Huo nos vemos en el País Z", le había escrito.

iggy, dijo suavemente: "Evelyn, es hora de dormir Voy a darme un baño ahora".

Piggy asintió y le dijo: "Buenas noches, papi".

"Buenas noches, Piggy", Iván besó la frente de la niña y salió de la habitación. Luego de cerrar la puerta, se dirigió a la habitación contigua.

Debbie dejó la toalla e insistió: "Querida, recoge los juguetes y vete a la cama".

Piggy, obedientemente, le entregó los juguetes a su madre. Cuando Debbie se dispuso a guardarlos en el cajón, la niña se subió sola a la cama.

"Eres una buena niña. Voy a secarme el pelo, pero volveré en un momento, ¿de acuerdo?".

Piggy sacó la cabeza de la cobija y asintió: "Está bien, mami", y cerró inmediatamente los ojos.

Debbie estaba profundamente conmovida. Se sentía feliz de tener una hija tan encantadora.

Con un sentimiento de gratitud en el pecho, se dirigió al baño y tomó el secador para secarse el pelo.

Cada cierto tiempo, salía del baño y le daba una mirada a la niña.

Podía escuchar el murmullo de Piggy jugando sola y hablando de algo bajo la cobija, pero al cabo de un rato, dejó de escucharla pues se había quedado dormida.

Al ver la quietud en el rostro de su hija dormida, sintió una gran calma en su corazón también.

En el Club Privado Orquídea, un grupo de hombres adinerados jugaban mahjong en la estancia VIP de Carlos. No había nada fuera de lo común.

En algún momento, Niles sacó una pieza de mahjong. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro mientras ponía su jugada en la mesa. "¡Siete pares, gané yo!", exclamó emocionado.

Cinco minutos más tarde, Damon tomó la pieza del Dragón Blanco que Carlos había descartado y completó su serie. Se puso de pie y dijo: "¡Oigan chicos, parece que esta ronda gano yo!".

Otros cinco minutos después, Curtis mostró su jugada y con una mirada petulante dijo: "Lo siento chicos, pero esta ronda la gané yo".

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