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   Capítulo 452 La cena de la venganza

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8769

Actualizado: 2019-10-15 00:31


Elmer estaba ansioso por irse, así que se negó a escucharlos, se puso de pie y caminó hacia la puerta. "Lo siento, tengo que irme, la próxima vez yo invito...". Su voz se dejó de escuchar cuando llegó a la salida, la puerta se abrió desde el exterior y todos se sorprendieron al ver a la persona que entraba. "¿El se-ñor... Huo?", Elmer tartamudeó.

Luego, miraron a Debbie que estaba tan atónita como ellos, después todos se levantaron y caminaron hacia él.

"De prisa, llegó el señor Huo", el señor Li apresuró a los demás. "Buenas tardes, señor Huo", todos saludaron a Carlos al unísono, entonces Carlos inclinó ligeramente la cabeza y le lanzó a Elmer una mirada de reojo. "¿A dónde vas, señor Xue?".

"Pues... a ninguna parte. Yo... Señor Huo, por aquí, por favor", respondió Elmer. Debido a que Carlos había llegado, entendió que ya no podía irse, así que sonrió más pronunciadamente y lo llevó a la mesa.

Como era muy astuto, recuperó la compostura antes de que llegaran a la mesa. Sonriéndole a Debbie le preguntó: "¿Por qué no nos dijiste que el señor Huo nos acompañaría? Lo hubiéramos esperado".

"Está bien", dijo Carlos antes de que Debbie pudiera hablar. Un camarero trajo otra silla. "Ahí", dijo Carlos al camarero, señalando el lugar al lado de Debbie. El camarero salió de la habitación después de colocar la silla donde se le indicó, haciendo otro lugar en la mesa con los cubiertos.

'¡Demasiado obvio, viejo!', pensó Debbie con resignación.

Todos los invitados quedaron boquiabiertos por lo que Carlos acababa de hacer.

Para romper el incómodo silencio, el señor Li tomó una botella de licor de la mesa y se acercó a Carlos. "¡Señor Huo! ¡Qué placer verte! Tomemos un trago", dijo mientras llenaba el vaso de Carlos.

Otro invitado lo siguió: "Cierto, todos estamos felices de verte". Luego miró el camarero y dijo: "Sirve más ensalada para el señor Huo y trae también platos calientes".

Debbie sólo se quedó ahí sentada y observaba cómo se desarrollaba todo.

Al principio, era una cena de agradecimiento en su honor, pero Carlos se había convertido de inmediato en el centro de atención. Todos lo adulaban y ahora la razón de la fiesta se veía eclipsada por la presencia de este hombre frío.

Debbie sólo observaba, se sintió confundida y en conflicto con todo el asunto. En ese momento, Frankie entró con cuatro botellas de alcohol en las manos, las puso sobre la mesa como un gran gesto y le sonrió a Elmer. "Señor Xue, el señor Huo supo que tienes un gran paladar para el alcohol, así que me pidió que trajera esto, provienen de una cosecha exquisita, y son de algunas de las me

tuvo un minuto y después pensó que era un fin muy agradable para ella. Rezó para pedir que la violaran, ahogaran o que muriera destazada.

Porque ella siempre había amado a Carlos, y un día, de repente, había aparecido Debbie y ella había perdido todo. Esa mujer había destrozado sus planes, ella incluso contaba con la aprobación de la familia y todo.

Carlos siempre era muy distante, así que Stephanie jamás pudo descifrarlo. No conocía ni sus debilidades, ni sus pasatiempos y menos sus disgustos. Entonces dudó en acercarse, estaba desanimada y sabía que no podía ganarse su corazón.

Entonces apareció Debbie y Carlos se enamoró perdidamente de ella, volvió a enamorarse de ella incluso después de haber perdido la memoria. La amaba con todo su corazón y alma, hasta Stephanie podía sentirlo. Y ella hubiera querido que Carlos sintiera eso por ella.

Debbie sólo era una cantante, no tenía una familia poderosa, ni nivel social y menos un título impresionante, tenía mal genio, era mezquina, egoísta, celosa y enérgica. No era nada.

Por el contrario, Stephanie se había graduado en una prestigiosa universidad. Posteriormente, había estudiado durante dos años en el extranjero, además la familia Li era poderosa, y ella era muy buena para los negocios por lo que podía rivalizar con muchos otros magnates. No le faltaban admiradores. De vez en cuando, ella también perdía los estribos, pero siempre había sido paciente con Carlos, amaba al hombre y le gustaba cuidarlo. Ella siempre era la que lo llamaba y le preguntaba cómo iba su día, además había renunciado a todo por él, había desperdiciado su tiempo, su amor y su orgullo. Lo había cortejado con paciencia, pero al final, le había dado su corazón a otra mujer.

¡Qué ironía!

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