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   Capítulo 486 ¡Muchacho tonto!

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8312

Actualizado: 2019-10-22 03:54


Los presentes voltearon a ver a Carlos y a Debbie. Pensaron que presenciarían la escena de una película de terror con Carlos estrangulando a Stephanie hasta la muerte, pero se encontraron con que fue una película romántica. Carlos y Debbie se estaban dando muestras de afecto.

Debbie se había calmado tras escuchar las suaves palabras de Carlos. Ella lo miró de reojo y le preguntó: "¿Es en serio?".

"¡De verdad! ¡Lo prometo!", le dijo Carlos dibujando una suave sonrisa en su rostro.

Debbie soltó un largo suspiro de alivio y luego dijo: "Le estarías haciendo un favor a Stephanie y James matándolos tan rápidamente, mejor deberíamos torturarlos y luego entregarlos a la policía. Tienen que pagar por todo lo que han hecho". Si bien Carlos no le había dicho a todo el mundo que había recuperado la memoria, casi todos a su alrededor ya sabían la verdad, incluyendo a James, quien había planeado, antes de que Carlos se volviera en su contra, cómo reaccionar en el caso de que eso sucediese. Lo que no sabía era cuándo llegaría ese día.

Por su parte, Carlos no tenía planeado lidiar con sus enemigos todavía. Pero las recientes acciones de Stephanie lo habían hecho salir de sus casillas. Ella había tratado de drogarlo.

Y cuando Carlos supo lo que planeaba, fingió estar drogado y se fue a la habitación con ella. Luego, la desenmascaró.

"Está bien, haré lo que me dices", le dijo a Debbie.

Luego de tranquilizarla, se volvió hacia el resto de los presentes, con la mirada sombría otra vez. Se quedó viendo a Curtis, Karina y Tristán y les preguntó con desdén: "¿Se quieren quedar a ver el espectáculo".

Curtis asintió con una sonrisa maliciosa.

Karina se sintió incómoda y tiró de la manga de su marido. "¿Cómo que un espectáculo? ¿Será algo sangriento?, le preguntó con la voz temblorosa. Tenía miedo pues había escuchado lo que se decía de la manera en la que Carlos saldaba las cuentas con sus enemigos, y justo acababa de sentir su aura demoníaca.

Curtis le dio una palmadita en el hombro y le dijo: "No tienes de qué preocuparte, Carlos es un hombre razonable".

Carlos hizo que sus hombres llevaran a Stephanie a una suite presidencial. Luego él y el resto de la fiesta fueron tras ellos.

Después de alistar todo para el "espectáculo", Carlos y Curtis tomaron asiento frente a una tablero automático de mahjong que estaba en la sala.

Al cabo de un rato, Niles entró sin aliento en la habitación. Se apresuró a agarrar un vaso de agua y dijo: "Carlo

erdido demasiado dinero jugando con ellos!".

Mientras tanto, James no perdió de vista la intimidad entre Carlos y Debbie. Seguidamente, apartó la mirada y forzó una sonrisa. "¡Qué descortés de su parte, chicos! Llamarme a estas horas para jugar mahjong".

Luego de sentarse, Carlos presionó un botón y la mesa empezó a revolver las piezas automáticamente. "Espera un momento, solo jugar mahjong sería muy aburrido, tenemos preparado un espectáculo luego", dijo maliciosamente.

Si bien James no sabía lo que podría pasar, tuvo un mal presentimiento. Pero, aun así, trató de mantener la calma. "¿En serio? Ahora estoy expectante".

Empezaron con la primera ronda, manteniéndose en silencio mientras jugaban. El ambiente era bastante tenso en la habitación. Al finalizar la ronda, Niles dijo jocosamente: "¡Gané! ¡Jajaja! ¡Quizá sea mi día de suerte!".

Luego de tomar las piezas de los demás, Niles presionó el botón y comenzaron la segunda ronda.

Como si todo estuviese arreglado por Carlos y Curtis, Niles y James ganaron las siguientes rondas.

Luego de haber ganado algo de dinero, James se relajó considerablemente. "Bueno, ya que Niles ha ganado tanto dinero esta noche, tendrá que comprarnos algo para picar".

Niles levantó la barbilla con orgullo y dijo: "¡No hay problema! Pide lo que quieran".

"¡Jajaja!", se rió James con gusto.

Al cabo de un rato, volvió a sonar el timbre. Esta vez, Tristán fue a abrir la puerta. James levantó la cabeza para ver quién era y frunció el ceño en señal de desagrado.

Un olor terrible impregnó la habitación. Todos en la estancia tuvieron que taparse la nariz, embargados por las náuseas.

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