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   Capítulo 506 Estamos oficialmente casados de nuevo

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9952

Actualizado: 2019-10-26 01:05


Carlos ya había preparado todos los papeles y documentos necesarios para registrar su matrimonio. Todo lo que Debbie tenía que hacer era firmar y poner su nombre en la licencia.

Hicieron todos los trámites sin problemas, y en tan solo unos minutos, obtuvieron sus licencias de matrimonio y salieron de la oficina, con las bendiciones del personal presente allí.

Carlos obtuvo lo que más deseaba, y lo único que le importaba ahora era escoltar a Debbie de regreso a su auto e ignorar a todos los reporteros. Sin embargo, Debbie tenía otras intenciones. Le arrebató las licencias de la mano y se las mostró a los reporteros. Sonriendo con orgullo, dijo: "Gracias a todos por su interés en nuestro matrimonio. Ya estamos oficialmente casados. Gracias por su apoyo".

Carlos sintió que algo no estaba bien, pero a pesar de esto.

Le siguió el juego y le besó en la mejilla, mostrando su amor por ella. Debbie sonrió cariñosamente y lo miró a los ojos. Todos podían ver el amor y el afecto que tenían el uno por el otro cuando sus ojos se encontraron.

De repente, una gran ronda de aplausos surgió de la multitud que los adoraba. Aplaudieron y gritaron sus bendiciones a la feliz pareja. Al poco rato Carlos la acompañó con cautela hasta el auto, y se alejaron rápidamente de la multitud y de la Oficina de Asuntos Civiles.

Una vez que estuvieron en el auto lejos de las miradas indiscretas de la multitud, una oleada de sentimientos encontrados recorrió su cuerpo mientras Debbie miraba su licencia de matrimonio. Había esperado tanto tiempo por este día. Después de superar tantas dificultades, finalmente era la esposa legal del señor Huo nuevamente.

Podía sentir cuánto la amaba Carlos, y es por eso que no pudo resistirse más y la llevó a la fuerza a la Oficina de Asuntos Civiles para volverse a casar.

Debbie se acurrucó en sus brazos, sumergiéndose en su calidez y amor. Se sentía culpable por seguir torturándole.

'No no... Debbie, no olvides el dolor y la pena que te causó'. Se recordó a sí misma que no debía perdonarlo tan fácilmente.

Carlos le besó la frente y le preguntó con ternura: "¿Qué te gustaría comer ahora? Almorzaremos juntos".

Debbie se enderezó y se alejó un poco de su abrazo. "No hay necesidad. No tengo hambre. Tengo trabajo que hacer esta tarde".

Carlos sintió que estaba tratando de poner una barrera de nuevo. Lentamente se acercó a su lado mientras decía: "Pero yo sí tengo hambre. Tienes que venir conmigo".

"No eres un niño. ¿Por qué necesitas que te acompañe a comer?".

"Necesito la compañía de mi esposa".

"No, no la necesitas".

"Sí".

"No..." Antes de que ella se diera cuenta, los labios de Carlos cubrieron los de ella. Luego la amenazó en voz baja y ronca: "Si no vienes conmigo, te haré el amor aquí mismo".

Debbie se mordió el labio inferior con ira. '¡Idiota descarado!', le insultó en silencio.

Dada la alternativa, Debbie acordó comer con él, y almorzaron en el quinto piso del edificio Ali

erna y Carlos no me habría atrapado".

El rehén había caído inconsciente y se demoraba en su último aliento de vida. Ni siquiera podía reaccionar ante los azotes crueles e implacables de James.

"¡Carlos no me dejará ir, y yo tampoco te dejaré en paz!", James golpeó su látigo contra el cuerpo inerte del rehén nuevamente. Este desafortunado hombre cometió un error al mencionar el paradero de James a los hombres de Carlos.

Después de desahogar su ira contra el hombre durante un buen rato, una mujer irrumpió de repente, interrumpiéndolo, y gritando le dijo: "James, ¡malas noticias!".

Frunciendo el ceño, James levantó la vista para ver que era Glenda.

En tono urgente, ella continuó: "Todas nuestras cuentas bancarias están congeladas. ¡Alguien está investigando el dinero que has transferido!"

La noticia conmocionó a James hasta lo más profundo, y su rostro estaba blanco como la cera. Dependía de ese dinero para luchar contra Carlos. "Debe ser Adolf Yin. ¡Ese imbécil me vendió!", dijo James completamente fuera de sí. Adolf Yin era uno de los gerentes del Grupo ZL. Cuando James fue el CEO, se unieron para malversar una gran cantidad de dinero de la compañía y aceptar sobornos.

"¿Qué podemos hacer ahora? ¿Qué vamos a hacer?". Glenda planeaba vivir su vida en el extranjero con ese dinero.

De repente, la cara de James se puso morada de rabia, ya que Carlos no le había dado ninguna oportunidad de defenderse. Tenía la intención de erradicarlo por completo. "Dame el dinero que Angus te dio. Contrataré a algunas personas para secuestrar a Carlos, a Debbie o incluso a su hija". En tanto que él pudiera tener en su poder a alguno de ellos, él tendría la oportunidad de cambiar las tornas a su favor.

Glenda se estremeció ante sus palabras. No quería entregarle ese dinero, pero al final, no tuvo más remedio que asentir. "Bien".

El clima en la Ciudad Y estaba horrible en esos días. Había llovido mucho y hacía frío y la humedad calaba los huesos.

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