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   Capítulo 515 Estoy interesado en tus inmuebles

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 8485

Actualizado: 2019-10-28 00:55


Carlos arrojó la colcha a un lado, y se acomodó a su lado para decirle: "¿No dijo el doctor que si era lo suficientemente cuidadoso podíamos tener relaciones sexuales?".

Carlos ganó esa mano porque Debbie había estado allí cuando el médico había dicho eso. "Pero...".

"Sin peros". El Carlos, autoritario y mandón, ya estaba de vuelta. "No hay excusas, ni explicaciones. Te deseo a ti, solamente a ti, y ahora".

Cuando Debbie estaba de seis meses de embarazo, el médico les había revelado el sexo del bebé. Era una niña.

Carlos estaba que no cabía en sí de la alegría, completamente feliz con la noticia.

El verlo tan feliz hizo que a Debbie se le ocurriera una idea. Esa noche, antes de acostarse, le dijo a Carlos: "Viejo, necesito comprar algunas cosas para tu hija menor. ¿Puedes dejarme algo de dinero?" Carlos siempre había sido generoso con ella, y tenía más dinero del que ella podía gastar.

"Claro". Sin decir otra palabra más, Carlos le dio dos tarjetas de crédito.

Debbie las miró y le preguntó: "¿Cuánto hay en ellas?"

"Unos cuantos cientos de millones", respondió después de pensarlo por un momento.

'Esto es solo una fracción de la riqueza de Carlos'. 'No es suficiente', pensó.

Al darse cuenta de que ella estaba callada, preguntó: "¿No es suficiente dinero?".

Debbie sacudió la cabeza como respuesta a su pregunta.

Ante esta respuesta, Carlos sacó su billetera del bolsillo, retiró una tarjeta de crédito para su uso y luego le entregó su billetera a Debbie. De esa manera ella tenía todas las otras tarjetas bancarias que él poseía.

Debbie sonrió y besó su billetera muy contenta.

Esa noche, Carlos se fue a dormir con sus brazos alrededor de Debbie, mientras que Debbie tenía sus brazos alrededor de la billetera de Carlos.

Un día, cuando Debbie tenía alrededor de ocho meses de embarazo, Carlos regresó de un viaje de negocios. Tan pronto como entró en su oficina, Dixon se le acercó y le dijo vacilante: "Sr. Huo...".

Carlos le lanzó una mirada. "¿Qué pasa?".

La amenaza de Debbie pasó por la mente de Dixon. Perdió el valor y cambió de opinión acerca de decirle a Carlos. "Er, nada. La señora Huo dejó dicho que le gustaría cenar con usted esta noche".

Carlos solo tuvo que mirar a Dixon para saber que algo estaba pasando. Debbie debe haber hecho algo. "La bebé nacerá muy pronto, por lo que Debbie ha estado de mal humor últimamente. Si ella quiere hacer algo, deja que lo haga. Si tiene una rabieta, haz que esté más contenta", dijo Carlos. Ni siquiera él podía hacer n

¿Hay algo más que quieras?

La redistribución de personal entre los altos ejecutivos fue repentina e inesperada. Parecía que Debbie no estaba siendo razonable, pero en realidad había considerado todo con cuidado. Ella no sabotearía el funcionamiento de la compañía.

"Ahora que lo mencionas, pues sí, hay algo más que podrías hacer por mí". Debbie no jugó el papel de mujer tímida en absoluto. "Estoy interesada en tus propiedades inmobiliarias. ¿Me puedes transferir los títulos? Quiero ver qué se siente ser millonaria".

Carlos sonrió. 'Entonces esto es lo que ella realmente quiere'.

Carlos no respondió de inmediato, y Debbie se preocupó un poco, por lo que instó: "Dijiste que me darías cualquier cosa".

"No estaba mintiendo. Relájate, cariño. Haré que Dixon se ponga con ello". Con eso, volvió a levantar su teléfono y estaba a punto de llamar a Dixon.

Debbie puso su mano sobre la de él para detenerlo, le sonrió y le dijo: "Cariño, ya he preparado todo lo que se necesita. Solo tienes que firmar los papeles".

Carlos sostuvo su mano y le preguntó seriamente: "Te los firmo, pero antes respóndeme una pregunta".

"Claro. ¿Qué quieres saber?", Debbie estaba nerviosa. '¿Ha descubierto por qué lo estoy haciendo?'.

Por supuesto, Carlos lo sabía. "¿Estás tratando de fugarte con otro hombre y llevarte todo mi dinero?".

"¡Hombre! ¡Por supuesto que no!", Debbie dijo, sintiéndose irritada. Ella retiró la mano que su marido le tenía cogida y gritó: "¡Escucha, imbécil! ¡Yo te amo y no hay otro hombre en mi vida!".

Eso era todo lo que Carlos necesitaba escuchar. Él asintió y dijo con ternura: "No te enojes, cariño. Llama a Dixon. Firmaré esos papeles ahora".

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