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   Capítulo 523 Felicidades, Sra. Gu

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9008

Actualizado: 2019-10-30 00:02


El lugar de la boda estaba decorado en su mayoría de color rosa y blanco. Era como una boda de cuento de hadas, había un carruaje de calabaza y diferentes tamaños de brillantes tacones de cristal, rosas, pianos y otros adornos colocados por el pasillo. Y en el centro del recinto había un pastel de bodas de diez pisos, y música romántica amenizando el lugar. La decoración en todo su conjunto lucía absolutamente lujosa y elegante.

Un conocido presentador subió al escenario para anunciar el inicio de la ceremonia. Poco después, las puertas negras que tenían tres metros de altura se abrieron lentamente.

Los reflectores se enfocaban en las puertas. Bajo la suave melodía romántica, la novia, vestida con su magnífico vestido blanco, entró lentamente en el pasillo, sosteniendo un ramo de rosas rojas y blancas, una larga cola de novia se arrastraba mientras caminaba por la alfombra roja.

Ella atraía toda la atención del lugar.

Debbie, la festejada, lucía una elegante sonrisa, caminando con elegancia hacia el apuesto hombre al otro lado de la alfombra roja.

Detrás de ella iban los dos niños con las flores: Sean y Evelyn.

Evelyn miraba a su alrededor, con los ojos bien abiertos. Todo esto era realmente increíble y especial, pues asistía a la boda de sus propios padres.

Sebastian acompañaba a Debbie por el pasillo para entregarla a Carlos.

El anillo de bodas que Debbie llevaba, era de diamantes mismo que Carlos le había regalado unos años atrás. ¡El mismo que era del tamaño de un huevo de paloma! Carlos quería comprarle un anillo nuevo, pero Debbie se negó. Insistió en que ya tenía suficientes anillos. Pero sobre todo, este anillo de diamantes le evocaba muchos buenos recuerdos, recordándole el amor de Carlos.

Al final, Carlos cedió y no insistió más.

La ceremonia de la boda transcurrió sin ningún incidente. Como regla tradicional, la pareja se inclinaba respetuosamente ante los mayores de las dos familias, sirviéndoles té. Los miembros de la familia les daban sus bendiciones.

La ceremonia principal se prolongó durante una hora, y finalmente llegó a su fin cuando la pareja se besó cariñosamente, seguida de un gran aplauso de los invitados.

Luego de la ceremonia, los invitados salieron del pasillo. Carlos había organizado algunos eventos para entretener a sus distinguidos invitados.

Marcharon hacia la orilla del mar para ver el espectáculo de vida marina.

Había delfines, ballenas y otras formas de vida marina en el espectáculo, pero no eran entrenados como los de un acuario. Fueron atraídos hacia la isla, para hacer lo que solían hacer en el mar. Era un espectáculo natural, sin representar daño a los animales. Todos lo disfru

e.

A Carlos no le importaban los problemas que tuvieran Gustavo y Decker, siempre y cuando no lastimaran a su esposa. Así que, luego de brindar con ellos, pasó a la mesa de al lado y continuó socializando con los otros invitados.

La noche se prolongó. De vuelta en la mansión, Carlos subió la escalera un poco aturdido, pues había bebido demasiado. Se detuvo en el pasillo del segundo piso. Su amada mujer estaba en el dormitorio al otro lado del pasillo.

Era su noche de bodas.

Apoyado contra la pared del corredor y mirando en dirección a su habitación, Carlos no pudo evitar sonreír.

Sonrió torpemente, con su rostro brillando de felicidad.

Respirando profundamente, continuó caminando, tambaleándose hacia su habitación. Cuando llegó a la puerta, la abrió lentamente. Solo la lámpara de la cama estaba encendida dentro de la habitación. Bajo la tenue luz, vio una figura acostada en la cama matrimonial. El juego de cama era de color rojo, con estampados de dragones y fénix, siguiendo la costumbre de bodas del país.

Pero... Algo andaba mal.

Aunque estaba algo ebrio, Carlos siempre estaba alerta. Sintió como si hubiera más de dos personas en la habitación, además de él. Buscó el interruptor para encender todas las luces.

En un instante, la habitación se llenó de las luces brillantes.

Miró atentamente a su alrededor, pero no encontró nada sospechoso.

Sin bajar la guardia, se dirigió hacia la cama. Una mujer de cabello largo yacía a un lado de la cama. La mitad de su rostro estaba bajo la delgada colcha, y sus ojos estaban cubiertos bajo su largo cabello. Carlos no podía ver su rostro con claridad.

Estiró el brazo y retiró la colcha. En un instante, esa persona se levantó, saltando a los brazos de Carlos y gritando: "Cariño, ¡feliz matrimonio!".

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