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   Capítulo 525 El desierto de Gobi

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 9108

Actualizado: 2019-10-30 00:24


Curtis era un gran partido para cualquier mujer, por lo que Carlos se aprovechó de esa cualidad para llegar a él.

Curtis quedó ensimismado por un momento, e intentó desesperadamente rememorar lo que le había pasado. Una de sus colegas se enfermó a altas horas de la noche y él la llevó al hospital... ¿Pero había sido un mes atrás? Apenas si recordaba algo. De repente, su teléfono sonó y lo sacó de su letargo. Obviamente, era su esposa.

Y a pesar de que no había hecho nada, se puso nervioso. Al igual que Iván, Curtis se apresuró a salir mientras contestaba el teléfono. Todos sabían que Carlos podía causarles problemas fácilmente, sin importar lo bueno que hayan sido con él. Él siempre descubría el punto débil de la gente.

Al ver cómo Carlos se había encargado de Iván y Curtis, Damon se asustó y rápidamente se puso de pie excusándose: "¡Oh, mierda! Olvidé comprar la formula láctea para mi hijo, ¡debería irme de inmediato!".

Wesley le recordó secamente: "Tu hijo no toma fórmula desde hace tiempo".

Damon trató de enmendar lo que había dicho y se excusó: "Sí, lo sé; quise decir mi hija".

Los demás se quedaron mudos, viendo cómo Damon salía corriendo de la habitación.

Por su parte, Jeremías siempre le había temido a Carlos, y ahora con más razón. Antes de sentar cabeza, había sido todo un Don Juan, y si Carlos llegaba a mencionarle todas sus ex-novias a Sasha, ella se enfadaría mucho con él. Así que para evitar que algo sucediese, rápidamente se puso de pie, y al llegar a la puerta, gritó: "¡Oye, Damon! ¡Espérame! ¿Me puedes dar un aventón?". Finalmente salió de la habitación y se fue con su hermano.

No quedaban más que los hombres solteros en la habitación de Carlos, Kisley tenía una prometida, pero nunca había hecho ningún comentario de las mujeres con las que estaba. Sin embargo, Carlos lo sabía todo.

Lo miró con una sonrisa intrigante antes de llamarlo: "Kinsley".

Al ver su expresión, a Kinsley se le puso la piel de gallina, y respondió: "¿Qué pasó?".

"¿Por qué no hablamos de la esposa de tu hermano? ¿La recuerdas? ¿Recuerdas cómo coqueteaban hace cinco años? Si bien, para ese entonces, ella no estaba casada con tu hermano, quisiste separarlos diciéndole a ella que tu hermano estaba enamorado de otra...".

"¡Detente!", dijo Kinsley con los ojos espabilados de pánico. ¿Cómo se había enterado Carlos de todo eso?

Apenas fue un desliz, pero Yates se volvería loco si se enteraba. ¡Incluso podía liarse a golpes con él! "Muy bien, ya entiendo. ¡Me voy!".

El influyente hombre volvió tras sus pasos tan rápido como pudo y se fue de la habitación.

Niles temblaba de miedo al ver que cada uno de sus amigos se habían ido uno por uno. ¿Pero qué podía hacerle

ta cobija roja sobre ella y ahora simplemente la quito y ya; como si nada hubiera pasado".

Carlos resopló, "¿Fue idea de Niles?".

"Sí".

"¡Ah! No sigas, pídele a las criadas que vengan a cambiar las sábanas". Incluso si Niles tomara una ducha de un día, Carlos seguiría creyendo que está sucio.

Seguidamente, se levantó de la silla, empujándola hacia atrás y suspirando fuertemente. Se supone que esa noche sería la más feliz noche de bodas, pero ahora su esposa no estaba, y se sentía desolado.

Cuando Decker estaba a punto de salir de la habitación, se volvió hacia Carlos y le dijo: "Debbie está en el desierto de Gobi":

Cuando Carlos finalmente encontró a su mujer, ella estaba montada sobre un camello en medio del desierto, mientras cantaba fuertemente. A pesar de que llevaba sombrero y lentes de sol, pudo reconocerla por la larga bufanda roja. Un instante después, él se acomodó su pañuelo y sus lentes de sol, y se acercó a ella. Una vez estando lo suficientemente cerca, agarró la silla del camello de Debbie y se montó con ella, abrazándola fuertemente por detrás y diciéndole: "Hola cariño, finalmente te encontré".

Al oler su peculiar aroma, Debbie se quedó aletargada por un momento. 'Ciertamente huele mucho mejor que el almizcle del camello', pensó. Al cabo de un momento, volvió en sí y se volteó para ver al hombre detrás de ella. "Justo acabo de subirme a esta cosa. ¿Cómo me encontraste tan rápido?".

Para llegar al desierto de Gobi, Debbie había tomado un vuelo de 16 horas, luego un par de horas más en un tren de alta velocidad y luego un lento viaje en bus.

Acababa de llegar y ya Carlos, mágicamente, estaba allí. ¿Cómo podía ser posible?

"Llegué directamente en mi avión privado", le dijo con una sonrisa. Ahora tenía sentido, eso le había ahorrado mucho tiempo.

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