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   Capítulo 528 Todos los días, papá perdía el tiempo con hombres

Respira Conmigo Por Bai Cha Palabras: 7585

Actualizado: 2019-10-31 00:02


"Sí, la pasé muy bien", respondió Debbie con una sonrisa. Pero en su mente, maldijo: '¡Qué aburrimiento! Tengo que evitar a los amigos de Carlos. ¡Y como tengo admiradores en todo el mundo, tendría que esconderme en alguna zona aislada, como el Tíbet!'.

Carlos sonrió ampliamente mientras le acariciaba el cabello. "Me alegra escuchar eso".

Cuando su mano se deslizó de su cabeza a su cintura, su rostro se ensombreció: ella llevaba un vestido de noche con la espalda descubierta. La atrajo hacia su cuerpo y le susurró al oído: "Cariño, eres muy traviesa".

Debbie le guiñó el ojo, le regaló una sonrisa y cambió de tema. "Vamos a buscar a Decker". Ella trató de alejarse de él.

Pero Carlos la abrazó con más fuerza. Ignoró todas las miradas a su alrededor, se quitó el saco del traje y se lo puso sobre los hombros. Luego, la tomó de la mano y le dijo: "Vamos".

Debbie puso los ojos en blanco por lo que hizo el hombre.

Cuando encontraron a Decker, Carlos habló antes de que Debbie pudiera decir algo. "Tenemos algunos asuntos urgentes que atender, tenemos que irnos".

"¡Espera! Yo no...", protestó Debbie. Carlos le lanzó una mirada de advertencia, lo que la hizo tragarse el resto de la frase.

Al ver el saco del traje sobre los hombros de Debbie, Decker sonrió maliciosamente y le susurró al oído: "Te vas por varios meses y cuando regresas, apareces vestida así. Mi querida hermana, estás acabada".

"¿No me vas a ayudar? ¿Qué tipo de hermano eres?".

Decker dio un paso atrás para mantenerla a cierta distancia. "¿Crees que yo podría luchar contra tu marido hambriento?", preguntó con una sonrisa malvada.

Debbie ni siquiera supo cómo responder a ese comentario.

Su aparición en la fiesta hizo añicos el rumor de que ella y Carlos ya se habían divorciado, estaban más juntos que nunca. Carlos era tan posesivo con su esposa que no permitiría que nadie viera su torso desnudo.

Incluso después de que la pareja saliera de la fiesta, los invitados siguieron hablando de ellos.

Dentro del Emperor negro, Carlos se abalanzó sobre Debbie y desgarró el vestido de noche en cuestión de segundos.

Miró a la mujer que estaba debajo de él con sus ojos oscuros. "Tres meses... Cariño, ¿cómo puedes ser tan cruel?".

La cara de Debbie est

o de cruzar la calle cuando él salió de su auto, caminó hacia ella y la tomó en sus brazos. "¡Hola, cariño!".

"¡Carlos!". Los ojos de Debbie se iluminaron.

Bajó la cabeza y besó sus labios con cariño.

Dentro del hotel, tan pronto como Debbie abrió la puerta de su habitación, Carlos la presionó contra la pared y le dijo con un tono triste: "Cariño, ya no deberías castigarme así". Durante los últimos meses que ella estuvo fuera, él finalmente se dio cuenta de por qué Debbie había estado huyendo de él.

Ella presionó las manos contra su pecho y dibujó círculos sobre él. "¿Por qué no?".

"Yo no hice nada a propósito, tú sabías que había perdido la memoria, ¿cierto? Atrapamos y castigamos a nuestros enemigos y viviré para compensarte. Cariño, sabes cuánto te amo, ¿no?".

Por supuesto, Debbie sabía que Carlos estaba locamente enamorado de ella. "Sí".

Carlos lanzó un suspiro de alivio. "Por favor no me dejes de nuevo, realmente te extrañé mucho".

"No lo haré, yo también te extrañé, viejo". Como ya sabía sus intenciones, ella había logrado su objetivo y no necesitaba dejarlo de nuevo. Además, lo había extrañado mucho a él y a las niñas.

Carlos sonrió y se apoyó en su hombro. "Cariño, ¿podemos ir a la cama ahora? Tengo sueño".

"¡De ninguna manera! Cada vez que nos encontramos, lo primero que hacemos es tener relaciones sexuales. ¿Estás aquí por mí o por el sexo?", Debbie preguntó, frunciendo los labios, a pesar de que sabía que en algún momento de la noche tendrían sexo.

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