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   Capítulo 8 Centro Comercial Miramar

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 7648

Actualizado: 2018-11-08 00:20

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ISBN: 978-1728946689


La temperatura del ambiente se elevó bruscamente, y la atmósfera romántica se extendió cada centímetro a su alrededor.

¡Espera! ¿Hablaba en serio?! No fue hasta entonces que Lola se asustó y supo que realmente no debería haber desafiado a este hombre ...

No podía decir ni una sola palabra, ya que Jorge la estaba besando. Ambas manos fueron sostenidas sobre su cabeza por la mano de Jorge. Ella solo podía negar con la cabeza agitándola para expresar su protesta.

Sin embargo, Jorge no le hizo caso. Lola estaba tan asustada que juró definitivamente que sería una chica obediente en el futuro.

¿Era demasiado tarde?

La última vez estaba bajo el efecto de la droga y tuvo sexo con él sin saber lo que estaba pasando. Y esta vez, estaba consciente de todo, aunque había bebido.

¿Qué hago? ¿Qué hago? El hombre comenzó a acariciarla mientras Lola todavía estaba pensando qué hacer.

Ella sintió dolor e inconscientemente le mordió los labios. Un ligero olor a sangre se extendió entre sus bocas.

"Me tienes furioso. Eres tú quien me sedujo la última vez, me llamaste puto, me pegaste y todavía me debes 250 dólares ¡Lola, me debes mucho! Ya es hora de pagarme". Jorge susurró en su oído, sin importarle la sangre de sus labios.

Esta mujer no solo lo obligó a salvarla con arrogancia en aquella noche, sino que también se volvió violenta

¿De verdad pensó que él era impotente?

Ahora se iba a enterar

"Jefe, todo es mi culpa. Te pido disculpas ahora. ¡Por favor, déjame!" ¡Ay! Todos deberían pagar sus propias deudas tarde o temprano.

"¡Ya es tarde!"

Al principio, se podían oír bien los insultos de Lola, pero poco a poco se estaban reemplazado por sus quejidos.

Al amanecer, Lola estaba a punto de conciliar el sueño e insultó al hombre que estaba a su lado: "¡Bestia!" Pero Jorge no le hizo caso y seguía limpiando el cuerpo de Lola.

Habían planeado obtener la licencia de matrimonio a la mañana siguiente. Pero el plan cambió ya que Lola no se levantó hasta las dos de la tarde y el hombre que durmió con ella anoche también había desaparecido.

Estando cansada, se levantó para tomar un baño. Las magulladas marcas sexuales en su cuerpo la hicieron sospechar que el hombre con el que se iba a casar era una bestia.

Ella había dudado en registrar el matrimonio con él. Pero teniendo en cuenta que se había acostado con él dos veces, decidió aceptar el certificado y casarse con él. Al menos, el matrimonio demostraría una relación formal entre ellos. Ya que no era gran cosa que ella fuera obediente con él en el futuro. De lo contrario, parecería una amante financiada por él sin la dignidad personal.

¿Amante? Su abuela la despellejaría si supiera que su nieta se convirtió en una amante.

"Abuela, papá, mamá, los extraño muchísimo".

Lola aceleró el ritmo en el baño, se vistió, terminó la comida recalentada por la señora Du de manera apresurada y entró al estudio de Jorge con el fin de buscarlo, quien estaba ocupado haciendo trabajo de la empresa, para ir la Oficina de Registro Civil.

"¿Tienes prisa?" Jorge se sorprendió y se preguntó qué era lo que hizo que cambiara de opinión

"¡Pues claro que sí ¿Qué pasa si la Oficina del Registro Civil cierra?" Ella se inventó una excusa.

Jorge echó una mirada a la marca roja que había en el cuello de Lola. Y lanzó unas palabras, lo que hizo que Lola quisiera matarlo, cortarlo y tirarlo al mar para alimentar a los tiburones:

"¿Estás tan satisfecha con el maravilloso servicio de anoche? Si quieres, podemos hacerlo todos los días."

...... ¿Hacerlo todos los días? ¡Hazlo con tu madre!

Lola se sentó elegantemente en el coche, apretó los puños y optó por ignorar la cara dura que estaba a su lado.

"Lo tomaré como un sí" Jorge sonrió levemente, viendo que obviamente ella apretaba los puños.

Antes de ir a la Oficina del Registro Civil, Jorge condujo su Maybach negro a la casa original de Lola. Ella quedó completamente atónita cuando vio a Jorge quitar el sello de clausura. Después sacó la llave, abrió la puerta y entraron directamente al chalé.

"¿Por qué ... por qué ... por qué tienes la llave de mi casa?" La casa debería haber sido vendida en subasta. No era nada fácil obtener la llave. ¿Cómo ha podido abrir la puerta y entrar a la casa directamente?

"Tiene el poder absoluto en la Ciudad D?"

"Ve a buscar las escrituras de tu hogar. No tardes mucho". Todo había sucedido demasiado rápido, por lo que Lola dejó muchas cosas en su propia casa.

Lola entró lentamente al chalé. La casa, que antes había estado bulliciosa, ahora estaba fría y triste. Intentando no llorar, Lola caminó al segundo piso, abrió la puerta del estudio de papá y encontró el registro de la familia en un cajón. Antes de abandonar el chalé, fue a la habitación de papá, a la de abuela y a la suya. Todo se mantenía como antes. El único cambio era que ya no había nadie viviendo aquí.

Lola se secó las lágrimas y bajó las escaleras. Ella estaba profundamente agradecida con el hombre alto en la puerta. Gracias a su ayuda, ahora podía volver a visitar su propia casa de nuevo.

"¡Compraré esta casa una vez que tenga suficiente dinero!" Lola se prometió a sí misma

Cuando llegaron a la Oficina del Registro Civil, los oficiales estaban a punto de dejar el trabajo. Casi ninguno de ellos conocía a Jorge Si, ya que acababa de regresar del extranjero y no se había hecho cargo oficialmente de la compañía del grupo. Obtuvieron la licencia de matrimonio con éxito y se fueron en silencio.

Después de cenar en un restaurante, Jorge compró un nuevo teléfono móvil para Lola y condujo hasta el estacionamiento del centro comercial Miramar. Salieron del coche y tomaron el ascensor directamente al área de diamantes en el piso 8.

El centro comercial estaba bien distribuido, con docenas de marcas que ocupaban cientos de metros cuadrados en cada piso: un hipermercado en el primer piso subterráneo, joyas en el primer piso, productos para el cuidado de la piel y cosméticos en el segundo piso, ropa y bolsos de mujer en el tercer piso, ropa de hombres en el cuarto piso, suministros para el hogar en el quinto piso, equipo al aire libre en el sexto piso, bebidas alcohólicas en el séptimo piso y diamantes en el octavo.

Este centro era uno de los centros comerciales favoritos de Lola.

Ella había venido al octavo piso unas veces. Compró muchos diamantes, ya sea para ella misma o para regalar a otras personas.

Cuando apareció Jorge en la tienda de diamantes, las dependientas se quedaron enamoradas de él ¡Qué hombre más guapo por dios! Todas sabían que él debía de ser un hombre super rico. Por lo tanto, muchas dependientas se apresuraron para ofrecerles su servicio.

Lola todavía se preguntaba por qué Jorge la trajo aquí. "¿Ha venido para comprarme un anillo?" No era probable. Aunque obtuvieron el certificado de matrimonio, ambos sabían que no era por amor. Se casaron por diferentes motivos, pero ella no sabía lo que Jorge quería.

¿Era porque habían pasado su primera noche juntos, tal como él dijo? Ella no era tonta. Si él no le dijera la razón, ella no preguntaría. Lola no tenía nada que perder en absoluto en este momento. Lo único que podía darle era su cuerpo...

Pero, a lo mejor tampoco era por eso, porque un hombre tan poderoso y rico como él, podía salir con quien quisiera. Lola sabía que ella era bonita, sin embargo, existían muchas más mujeres que eran más guapas que ella, y más ricas, más atractivas.... hay tantas, que eran imposible de contar.

"Ven aquí. ¿Te gusta este?" Jorge interrumpió sus pensamientos errantes. Lola refrescó su mente y caminó hacia él.

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