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   Capítulo 469 El Pez Gordo todavía se esconde detrás de la cortina

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 7363

Actualizado: 2019-03-25 00:21


''¿Qué pasó?". Los miró con ojos preocupados...ambos estaban heridos.

Jorge esterilizó la herida de Yonata y dijo: ''Tenemos algo que discutir. Cuando terminemos, iremos a descansar''. Le hizo un gesto a Lola con la mirada para que se fuera y los dejara solos.

Asintió, pero antes de entrar a la tienda, primero, buscó a sus lobos. Ya no estaban, pero cuando avanzó, los vio caminando hacia la entrada de la cueva.

¿Había varias salidas y entradas? Confundida, Lola regresó a la tienda.

Tenía varios orificios de bala, pero todavía se podía usar. Entró, agachada y pronto, se quedó dormida.

Justo antes del amanecer, escuchó el sonido de un motor de automóvil. El auto se usó para enviar a los guardias que resultaron gravemente heridos a Mando Bay y para encontrar nuevos hombres para su misión.

Colocó atrás solo un tercio de la comida que había preparado con anticipación. Los guardias se alejaron en el vehículo todo terreno y les dejaron la camioneta militar.

En la fogata.

Jorge miraba, un poco melancólico, las llamas que crecían frente a él.

"Estos son solo algunos subordinados sin cerebro y eso significa que el pez gordo todavía se esconde detrás de la cortina''. Yonata reflexionó sobre todo mientras miraba a su gente que limpiaba la escena de batalla.

"Pienso lo mismo, pero sin ninguna señal telefónica, no podemos ponernos en contacto con Tomás Herren. No sabemos cómo van las cosas de su lado''. Sus teléfonos no podían realizar ninguna llamada y solo podían localizar su posición.

Yonata miró a Jorge y se sorprendió un poco. "¿Tomás Herren? ¿El hombre que siempre estuvo cortejando a Lola?''.

Jorge asintió con la cabeza. Nunca creyó que Tomás Herren alguna vez se recuperaría en el país A. La expedición debía ser una gran oportunidad para él. Esta era la última y única posibilidad para recuperar lo que anheló durante todo este tiempo.

Por la mañana, Jorge regresó a la tienda mientras Lola todavía dormía profundamente.

La miró alegremente. Luego, levantó un poco la manta y el abrigo, se metió en la cama y se quedó dormido sosteniendo a Lola, con fuerza, en sus brazos.

Después, por la tarde, siguieron su camino.

Esta vez Lola, Jorge y

ez no llegó. Por la tarde, Jorge revisó la comida y observó que ya no había más.

No tenían gasolina y por eso tampoco podían avanzar.

Pero no podía quedarse allí sin hacer nada. Tenía que encontrar algo de comida y así, se llevó a dos tipos para buscar por los alrededores.

Al atardecer, hicieron retroceder la furgoneta. El resto de las personas estaban muy preocupadas.

Lola se apresuró y avanzó cuando el auto se detuvo. Miró a Jorge, que estaba sentado en el asiento del conductor, y le preguntó: ''¿Adónde fuiste?". Estaba preocupada porque se habían perdido el contacto por un rato.

Jorge quería acariciar su cabello, pero en lugar de eso, levantó los brazos y la abrazó. "Estoy bien. ¿Ves? Estoy sano y salvo. Simplemente, salí a buscar algo de comida para todos''.

"¿Encontraste algo?".

"Él huele a pescado... ¿Estuvo pescando?'', se preguntó.

Luego, dos guardias lanzaron una bolsa al lado de la fogata.

Dentro, había peces e incluso algunos langostinos.

Dio un paso atrás y luego lo miró de arriba abajo. "Ciertamente, sus pantalones están empapados. Debe de haber pescado él", pensó Lola.

"Cámbiate de ropa''. Le conmovió que Jorge, quien siempre vivió en la abundancia, consiguió el pescado solo para ellos. Estaba a punto de gritar en voz alta con mucha gratitud, pero se contuvo.

Los pantalones empapados y el olor a pescado apestoso no eran muy encantadores. Así, Jorge siguió su consejo y fue a la tienda a cambiarse.

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