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   Capítulo 471 Había también algunas marcas de quemaduras

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8548

Actualizado: 2019-03-25 00:41


Sánchez se sintió contento cuando miró a Lola y le preguntó: ''Señora Si, ¿me extrañaste mucho?''.

Cuando escuchó esto, Jorge se enojó aún más. Lola finalmente se calmó y dijo: ''Extrañé la comida, pero no a ti''.

Después de escuchar estas palabras, la expresión de Jorge cambió gradualmente y se veía mucho mejor.

Luego, bajaron todos los suministros necesarios que estaban en la parte trasera de los autos.

Sánchez le explicó a Jorge la razón de su demora. Su tardanza de dos días que en realidad fueron tres.

Enviaron un helicóptero y se dirigían hacia ellos en el momento en que recibieron la primera señal de socorro de Jorge.

Pero, a mitad de camino, se encontraron con una gran zona de glaciares y su señal repentinamente se interrumpió.

No pudieron avanzar más y tuvieron que retirarse. Después de eso, avanzaron por la carretera. En su camino hacia aquí, vieron el coche de Yonata.

No había nadie, pero notaron que el auto tenía perforaciones que eran orificios de bala.

También había un montón de huesos a un costado.

Cuando Jorge recordó a los lobos salvajes, pensó que estos animales habían devorado los cuerpos de los hombres muertos.

''¿Viste a alguien en el camino?''. Yonata preguntó esto con mucha confusión y giró sus ojos.

Sánchez negó con la cabeza y dijo: ''Todo estuvo muy tranquilo hasta aquí. Incluso cuando acampamos en la zona del glaciar por la noche, no vimos a nadie, solo estábamos nosotros''.

Esto era muy extraño. ¿Había otros caminos para llegar hasta aquí?

Jorge pensó que no sería muy prudente dejar de vigilar todavía, porque el verdadero líder aún estaba por llegar. Se imaginaba que algo podría suceder. ¡Creía que sería así y también, estaba seguro de quién era el jefe!

''No hay señal aquí. Dejaré a diez personas para protegerlos''. Esta vez, Sánchez pidió ayuda al equipo de la policía internacional, la que cada miembro era bueno en todos los aspectos.

También transportaron suficientes suministros. Finalmente, Sánchez le dijo a Jorge: "No volveré esta vez. Me quedaré contigo''. Odiaba la vida en Mando Bay.

Prefería atravesar los dolores y las penurias del desierto antes que regresar a ese lugar maldito, donde podría, en realidad, vivir una vida extravagante.

Jorge lo miró y solo le dio una palmada en el hombro, sin pronunciar ni una sola palabra.

Al día siguiente, todas las personas se dividieron en dos grupos. Algunos de ellos entraron en los dos autos y regresaron.

El resto, se subió a otros cinco autos más y continuaron avanzando. Sabían que les

o pronunció ni una sola palabra y la abrazó con fuerza.

Ya habían pasado por el glaciar después de ocho días, pero todavía estaban avanzando en la tierra. Jorge sostuvo el telescopio en su mano y observó todos los alrededores. Vio que todavía no había nada allí.

Luego regresó al auto, sacó el mapa y el instrumento de localización. Después de mirar cuidadosamente los lugares, descubrió que ahora tenían que ir hacia el sureste.

Pero el equipo de localización no mostraba ninguna información y por eso, debían continuar en línea recta.

Luego, condujeron durante varias horas. Ya era la tarde y todavía estaban en la interminable franja de tierra.

¿Qué tan grande era este terreno? Condujeron durante dos días, pero aún no habían llegado al final de la extensión.

Lola sostuvo el telescopio en sus manos y miró a través de él por casualidad.

Hacia el sureste, vio algo que parecía un edificio.

Le pasó el telescopio a Jorge con mucho entusiasmo y le dijo: ''¡Mira! ¿Qué es eso delante de nosotros?''. ¡Probablemente estaban llegando a su destino! ¡Sí! ¡Sí!

Jorge lo tomó y miró hacia el sureste mientras Lola le daba instrucciones. ''Es probable que sea un edificio'', dijo. No veía con mucha claridad qué tipo de edificio era.

Pero, ahora, estaba seguro de que habían llegado a su destino.

Acamparon nuevamente. Solo estaban en un terreno sin fin y no vieron ninguna otra criatura junto a ellos.

Dentro de la tienda.

''¿Qué nos espera allí? ¿Cómo podemos llevarnos el tesoro si hay muchas joyas de oro?'', preguntó, Lola. Se acurrucó en los brazos de Jorge, tocó el viejo reloj de bolsillo y se imaginó la escena final cuando llegaran al límite de ese árido terreno.

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