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   Capítulo 675 Ojalá fuera mi hija

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 7597

Actualizado: 2019-04-24 01:02


Después de colgar, Samuel estuvo junto a la ventana durante bastante tiempo.

Quienquiera que le hubiese hecho daño a Luna iba a pagar por ello, sea Catalina o Emma.

Samuel seguía planeando su venganza cuando dos niños pequeños se filtraron dentro de la sala de VIP, pero él estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no se dio cuenta.

Fumó un cigarrillo tras otro, terminándose el paquete en un santiamén. Luego, volvió a guardarse el teléfono y se dirigió a la sala, pero se detuvo brevemente antes de entrar. Mirando a través de la ventana, vio a una niña pequeña con un abrigo color lavanda tratando de trepar a la cama.

Cuando lo logró, se quitó la mascarilla que llevaba y besó a Luna, quien estaba durmiendo, en la mejilla.

¿Quién era?

¿Acaso era la niña que había venido con Gerardo a su oficina? Samuel la miró con cariño.

La pequeña parecía tenerle mucho afecto a Luna.

Cuando la besó, la abuela de Gerardo los estaba mirando con amor.

Violeta también se encontraba ahí pero estaba de espaldas a él, de modo que no podía verle la cara.

Después de observarlos por unos momentos más, Samuel abrió la puerta despacito, sorprendiendo a todos en la habitación, salvo a Violeta, quien no mostró verse afectada por su repentina presencia.

Si bien Irene estaba preparada para encontrarse de nuevo con su papá, no pudo evitar estremecerse una vez que lo vio parado frente a ella. Inmediatamente se volvió a poner la mascarilla, pero se sentía triste.

No podía entender por qué Luna le prohibía llamar papi a Samuel, sin embargo, la obedeció.

"¡Papi!" Gerardo sintió miedo por un instante, pero pronto se calmó. Corrió hacia Samuel y lo abrazó por la pierna.

Este se agachó y lo levantó en sus brazos, "¿Cómo llegaste aquí?"

La respuesta de Gerardo no podía ser más honesta: "El chofer nos trajo aquí después de la escuela. El papá y la mamá de Irene no están en casa, así que la traje conmigo. ¿Está bien, papá?".

Samuel miró a la niña, cuyos ojos brillaban de alegría.

Gerardo continuó, sin darle a Samuel la oportunidad de responder: "Sabes papá, a mamá le agrada Irene. Estoy seguro de que estará muy feliz de verla".

Parecía que Irene y Luna tenían una relación estrecha, lo cual le extrañó.

Luna acababa de regres

a de ser una cualquiera hace tiempo, verdad? Pues usa eso como arma. Quiero que su reputación como abogada y como persona quede completamente arruinada".

"Entendido, ¡señor Shao!"

"Y… bueno, te llamaré más tarde". Planeaba ayudar a su esposa a llevar a cabo su venganza tan pronto como ella despertara.

Después de colgar el teléfono, terminó las sobras de su cena y se acercó a la cama.

Miró a Luna, quien todavía estaba durmiendo. De pronto, como si hubiera sentido la intensidad de su mirada, ella se despertó y abrió los ojos lentamente. Vio en la tenue luz a un hombre atractivo. Era Samuel.

No le quedaba más que admitir que era muy guapo.

"Tengo hambre." Apenas terminó de pronunciar estas palabras cuando su estómago gruñó.

'¿Quiere comes? Pues es un buen comienzo', pensó Samuel y se rió.

La besó en la frente y caminó hacia el microondas encima de la mesa, donde calentó su comida.

Cuando estuvo lista, Luna se inclinó y él se encargó de darle de comer.

"Samuel, ¿haces esto a propósito?", se quejó ella después del tercer bocado.

Samuel arqueó un poco las cejas y dijo inocentemente: "Acabas de tener una cirugía, deberías estar feliz de estar comiendo miso". Aunque por suerte, no había sufrido heridas en los órganos vitales y sólo había tenido una cirugía menor, generalmente se aconsejaba a los pacientes que no comieran nada después de una operación.

"Llévatelo. Quiero un poco de agua." Enojada, volvió la cabeza hacia un lado, negándose a comer más sopa de mijo.

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