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   Capítulo 744 Ella estaba ebria

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 9079

Actualizado: 2019-03-22 00:13


"¡Lo lamento! El número que usted marcó por el momento no está disponible, por favor marque más tarde..."

Daniel maldijo entre sí, miró a Ire durmiendo plácidamente y sin contemplación la tomó del brazo y la despertó: "¡Ire Shao, levántate ahora!"

Con mucho trabajo, Ire pudo abrir un ojo, observó al hombre que tenía frente a ella y con una voz llena de sarcasmo le preguntó: "¿Y tú quién diablos eres?"

Al escuchar eso, el hombre se puso furioso y no dudó en soltarla. ¡No pensaba cruzar una palabra más con esa idiota!

Ire iba a caer de nuevo sobre el asiento en cuando Daniel la soltó, pero rápidamente se aferró como pudo a sus brazos. Esto tomó por sorpresa a Daniel que no pudo hacer nada, perdió el equilibrio y

Cayó completamente sobre ella: "¡Ay!" Ire, quien se había lastimado con la caída, comenzó a sobar la parte de su cuerpo que él había golpeado.

Daniel estaba a nada de perder la cabeza cuando quedó pasmado después de verla acariciar su cuerpo. No tuvo otra reacción más que tragar saliva.

Ire no tenía idea de lo que estaba provocando con su masaje, simplemente se quejaba del dolor: "Eres un tonto, me lastimaste el pecho. ¡En definitiva tendrás que recompensarme por lo que has hecho!

La exquisita fragancia de la chica embriagaba por completo su sentido del olfato, cautivando cada poro de Daniel, que no pudo soportarlo un segundo más. Agachó la mirada, detuvo sus ojos en esos hermosos y pequeños labios, y los besó apasionadamente.

¡Eran tan dulces!

Una extraña atmósfera sentimental se propagó por todo el automóvil. Como cualquier otro reflejo humano, Daniel la tomó por su cintura, delgada y estética, después pasó sus labios por su oreja, recorrió su piel blanca como la nieve hasta llegar a su cuello.

"Eh, no..." Esa sensación extraña terminó por incomodar a Ire.

Mientras, todo lo que ella balbuceaba se convirtió en un afrodisíaco para él, lo que provocó que tomara con más fuerza su cintura, oprimiendo aún más su cuerpo junto al de él.

"¿Pero qué diablos estás haciendo?" Daniel volvió en sí, justo después de escuchar esa aguda voz gritando y exigiendo una respuesta.

Al mirar a esa chica debajo de él, y notar que aún tenía los ojos cerrados, Daniel quedó en un estado de shock. De inmediato soltó su cintura y salió del auto.

Daniel intentó recobrar la compostura y fue así como Samuel finalmente pudo ver quién era la chica que se encontraba dentro del auto. ¡No era otra más que Ire!

Si Samuel no hubiera reconocido los tacones de Ire, que él mismo le había comprado hace poco, no le hubiera tomado importancia. Incluso si hubiera sucedido justo en frente de su casa, no hubiera estado dispuesto a entrometerse bajo ninguna circunstanci

dor con su bata de noche. Gerardo no era como una hija que debería ser protegida.

Samuel tenía razón. No tenían la necesidad de cuidar de él con todo esfuerzo. Así que Luna ya no intentó marcarle más a Gerardo esa noche.

Al día siguiente, cerca del mediodía, en su habitación rosada, Ire intentaba acomodarse entre las cobijas de su cama.

"Ire, ya es la hora de almorzar. ¿A qué hora vas a levantarte?" Luna tocó la puerta de la recámara de Ire y al no escuchar respuesta, entró. Al notar su cuerpo pequeño debajo de las cobijas de su cama, no pudo ocultar su sonrisa.

Irene estaba haciendo massage a su cabeza ya que no soportaba el dolor que tenía. Justo después de escuchar la dulce voz de su madre, movió la cabeza negando la posibilidad de haberla escuchado.

En verdad creía que estaba escuchando la voz de su mamá. ¿No debería estar con papá en un lugar lejano disfrutando de todo?

En ese momento, Luna jaló la cobija de Ire. Recostada en la cama, que aún tenían los ojos cerrados, la chica rápidamente despertó por completo: "¡Mami! ¡¿De verdad eres tú?!"

"Mi amor, por supuesto soy yo." Se fundieron en un caluroso abrazo, después de no haberse visto el uno al otro por varios meses.

Sin embargo, dos segundos después, Irene miró a Luna con los ojos llenos de emoción: "¿Y Samuel dónde está? ¿Dónde está mi papa?"

¡Esta chiquilla malcriada!

Luna inmediatamente cambió la expresión en su rostro, con un tono más serio, miró a su hija: "¡Cepíllate los dientes, lávate la cara y baja a almorzar!"

Irene notó que su madre se había puesto celosa: "Mamá, ¡vamos a ver qué te he traído, que es tan maravilloso como tú!"

Ire se levantó a toda prisa, se dirigió a una maleta de cuero que estaba a un lado de su cama, sacó dentro de ella una caja y la puso en las manos de Luna.

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