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   Capítulo 828 ¿Por qué traes el cabello suelto

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8642

Actualizado: 2019-04-11 09:01


En ese momento, Irene se sintió culpable y se aclaró la garganta, intentando no emitir más sonidos extraños. "Madre, estoy en una reunión... ¡Ah! No importa, madre. Estoy en una reunión ahora...", dijo.

Pero luego, de repente, dejó de hablar porque estaba tratando de apretar los dientes.

'¡Daniel, eres un hombre tan despreciable!', pensó.

"Ire, ¿estás en una reunión? ¿A qué hora volverás a casa? ¿Quieres que tu padre vaya a buscarte?", le preguntó. Al no obtener respuesta de Irene, revisó el teléfono y ¡resultó que ella todavía estaba conectada!

Irene inmediatamente negó con la cabeza, pero cuando se dio cuenta de que su madre no podía verla, clavó las uñas en el brazo de Daniel y respiró profundamente.

"No, madre, gracias. ¡Estoy ocupada en este momento y la reunión terminará más tarde!", respondió en un sólo aliento.

Después, rápidamente colgó el teléfono y jadeó en busca de aire.

"Daniel, ¡eres un bastardo!", gritó. Con los brazos alrededor de su cuello, le dio un mordisco con furia.

...

A eso de la medianoche, Irene, con su largo cabello suelto, comenzó a ponerse la ropa a toda prisa. Cuando vio el abrigo sin botones en el suelo, lo recogió y se envolvió en el.

Después de eso, tomó su teléfono, el cual no había parado de sonar, y dejó la habitación de Daniel, sintiendo las piernas fláccidas.

No fue hasta que se subió a su auto que se atrevió a llamar a su padre. "Padre, ¿qué pasa?"

"Ire, ¿qué está pasando? ¿Por qué te tomó tanto tiempo contestar el teléfono?", preguntó Samuel, quien ya se había vestido y estaba a punto de salir a buscar a su hija.

"Acabo de salir de una reunión y mi teléfono estaba en modo silencioso, pero ya voy camino a casa sana y salva", respondió Irene. Apretó con fuerza el volante y su corazón comenzó a latir más rápido porque acababa de decirle una mentira a su padre.

Luego miró hacia el segundo piso de la mansión Número 9, y descubrió que la luz del cuarto de huéspedes había sido encendida y apagada nuevamente, Y ello le recordó las palabras de Daniel.

'Entonces, ¿Daniel de verdad va a la habitación de Adele...?', ---- pensó.

Era una chica con mucha imaginación pero, de hecho, Adele sólo había ido al baño y en ese momento acababa de regresar a la habitación.

"Hum. Sólo ten cuidado en el camino y llámame si pasa algo", dijo Samuel. Luego colgó el teléfono.

'No. ¡Esto no está bien!', pensó él. Cuando se enteró de que su hija salía de trabajar tan tarde, decidió hablar con ella para decirle que no tenía que trabajar tan duro.

Posteriormente, Irene condujo lentamente

go.

Él le había comprado a su hija ese abrigo en Estados Unidos y recordó que, de hecho, tenía botones cuando lo compró.

Al recordar el extraño comportamiento de Irene la noche anterior, Samuel frunció el ceño con curiosidad.

Después de mirarse mutuamente, Luna y Samuel parecían estar comprendiendo las cosas.

En ese momento, Irene ya había llegado a las escaleras del segundo piso. Después de que Samuel le guiñara un ojo a su mujer, inmediatamente volvió a poner el abrigo en la bolsa.

Con sus propias ideas en mente, terminaron su desayuno. Después de despedirse de sus padres, Irene se llevó la bolsa de papel en la mano y salió de la villa.

Su padre le había comprado ese abrigo, de modo que no estaba dispuesta a tirarlo. Lo pensó por un segundo y decidió llevarlo al centro comercial y ponerle los botones antes de dirigirse a su tienda.

Justo al salir de su villa, se encontró con un muy familiar Rolls-Royce. Dentro del auto se encontraba Adele, sentada en el asiento del pasajero.

Irene apenas y lo miró, y luego subió a su propio auto.

Aunque ya lo sabía, no pudo evitar ponerse triste cuando los vio, sin embargo.

No culpaba a nadie, porque ella misma había insistido en amarlo, incluso a sabiendas de que Daniel ya tenía novia.

Su Benz siguió por unos metros al Rolls-Royce y luego ambos autos partieron en diferentes direcciones después de salir de la zona de la villa.

Dentro de la villa Número 8, Luna subió las escaleras, sacó su teléfono y marcó el número de la tienda de Irene.

"¡Hola! Zaferina, soy la madre de Irene... ¿Puedo preguntarte algo...? Bien, ¿a qué hora saliste del trabajo anoche?", le preguntó. Se había sentado junto a Samuel al hablar por teléfono.

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