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   Capítulo 852 ¿Esa es la sangre de Adele

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 9314

Actualizado: 2019-04-16 17:07


En el instante en que Adele se dio cuenta de lo que en verdad estaba sucediendo, quiso interrogar a Irene. Sin embargo, pensó en Daniel, volteó hacia él y susurró sutilmente: "Daniel, me duele demasiado la cintura..." Ella se quejó.

Daniel estaba molesto por todo lo sucedido, miró a Rafael y le dijo: "¡Quiero que lleves de inmediato a la señorita Song al hospital!"

Adele se mordió el labio a regañadientes después de escuchar las palabras hirientes de Daniel. ¿Cómo se atreve este hombre a portarse tan frío con una mujer?

Rafael tomó de inmediato a Adele y la llevó fuera de la oficina, dejando solos a Daniel y a Irene en un silencio incómodo. "Dime, ¿te sientes mucho mejor?" Daniel preguntó. El hombre fue el primero en romper el silencio, y enseguida tomó en sus brazos a la chica enojada que tenía frente a él.

Sin embargo, la molestia de la chica era tan grande que lo único que quería era deshacerse de él tan rápido como fuera posible.

"¿Qué? ¿Eso te hace sentirte mal contigo mismo?" Irene juró en ese momento que jamás confiaría de nuevo en ese hombre tan cariñoso. Él acababa de presentarle a Adele como su hermana, pero ahora...

justo aquí y ahora, él se estaba acurrucando con ella.

"¡Es suficiente, Ire! ¡Yo solo te amo a ti! Era solo una farsa con ella." Daniel rodeó con sus brazos a Irene y besó apasionadamente sus labios de color carmín.

"¿Una farsa? Entonces eso significa que también me engañaste, ¿verdad?" Justo después de mencionarlo, Irene no pudo contener su ira y mordió sus labios, que de alguna manera la hizo sentir mucho mejor.

Un suspiro profundo salió desde el corazón de Daniel y en ese momento, se dio cuenta de que su pequeña niña simplemente no tenía ni idea de lo que sus palabras a Adele realmente significaban.

Antes de siquiera pudiera dar una explicación más detallada, el timbre del celular los interrumpió, Daniel contestó y de inmediato una furia cubrió todo su rostro. Finalmente, liberó a Irene de entre sus brazos.

"¿Adele resultó herida? ¿Quiénes fueron?" Se dirigió a su escritorio y del último cajón sacó una pistola que de inmediato colocó en su cinturón.

"De acuerdo, justo ahora voy en camino." Al terminar la llamada, Daniel se dirigió a Irene: "Daré instrucciones para que los guardaespaldas te lleven a casa. Adele está en problemas y necesito estar ahí, salvarla."

Irene sin pensar sus palabras, le reclamó "Aún si ella estuviera en verdaderos problemas, ¿por qué debes ser tú quien deba estar con ella?" De inmediato notó cuán tonta y fuera de contexto había sido su pregunta, pues ante todos, Adele era la novia oficial de Daniel.

Daniel caminó hacia ella, y mientras se perdía en su mirada sincera, con el pulgar acarició suavemente su mejilla y dijo: "Ire, no pude terminar antes mi rel

, sin mí?' Daniel no dejaba de pensar.

Repentinamente, la mujer que se encontraba recostada en la cama se movió, Daniel se inclinó hacia ella y la llamó por su nombre. "¿Adele?"

Ella comenzó a hablar entre sueños, sin embargo, parecía que tenía pesadillas. " ¡No!... Por favor, déjame salir de aquí... Daniel..." Ella murmuró, pero sólo algunas palabras se pudo comprender.

Él colocó suavemente su mano en la frente de Adele para revisar que no tuviera fiebre, su temperatura era normal. En ese mismo instante, la mujer tomó su mano.

Lo que hizo que Daniel se sintiera incómodo ya que Adele la había sujetado con todas sus fuerzas. Intentó retroceder, pero Adele quien aún tenía pesadillas, no paraba de gritar. "Daniel, vete! Daniel..."

Esas palabras le hicieron recordar el momento exacto cuando ella lo cubrió con su cuerpo, evitando que una bala lo impactara.

No podía negarse, debía dejar que ella sujetara su mano.

Justo después de que Adele tranquilamente saliera del coma, pudo conciliar el sueño sin darse cuenta.

En ese instante, un auto se detuvo en el estacionamiento del hospital. Una mujer bajó del auto rápidamente, llevaba puesto un abrigo de color púrpura claro, un par de botas altas de estilo Martin y una bufanda, fue directo al octavo piso del hospital.

De inmediato encontró la sala, se acercó y abrió lenta y silenciosamente la puerta.

Encontró a una mujer durmiendo profundamente, con una venda que envolvía su cabeza, y junto a ella se encontraba Daniel, dormido sobre sus propios brazos.

Intentó tomarlo con calma, especialmente porque su corazón se encontraba palpitando a mil por hora, se acercó a ellos, y para su sorpresa encontró sus manos entrelazadas.

De forma brusca, notó que el latido de su corazón disminuyó, y comenzó a quedarse sin aire, su respiración se volvió cada vez más difícil.

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