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   Capítulo 892 Registrar nuestro matrimonio

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8437

Actualizado: 2019-04-24 02:21


Sus explicaciones no convencieron a Irene. En cambio, la hicieron sentir que Daniel tal vez estaba demasiado distante.

"¡No confiaré en nada de lo que dices! ¡Terminamos!" Irene soltó estas palabras y se liberó de su agarre. Luego caminó hacia la puerta de la oficina.

Daniel le explicó tantas cosas, pero ella todavía seguía enojada con él, e incluso le dijo "terminamos", lo que lo irritó mucho.

Dio unos pasos y arrastró hacia atrás a la mujer que trataba de irse. Una vez más, ella volvió a caer en sus brazos.

Luego bajó la cabeza para besar sus labios rojos.

No fue solo un beso, en realidad mordió sus labios.

Irene sintió dolor, colocó sus manos en su cintura maciza y la apretó con fuerza.

Después de un largo rato, el hombre finalmente la dejó ir y la observó tragar saliva. Sus ojos ardían con intensa rabia y dijo: "Irene, ¿no recuerdas cómo me trataste en la cama anoche?"

Continuó: "Recuerdo que estabas muy activa y apasionada conmigo. Me llamaste hermano Daniel y lo que es más, también me llamaste tu marido..."

Las palabras de Daniel hicieron que la cara de Irene tornara de un rojo brillante. Ella cubrió su boca y gritó: "¡Cállate! ¡No digas una palabra más!"

'¡Incluso tienes el descaro de mencionar algo así! ¡Tú fuiste quien me obligó a llamarte esposo anoche!' pensó Irene.

El hombre le quitó la mano y al apretar los dientes, le advirtió: "¡Irene, no estoy de acuerdo que terminemos! ¡Nuca menciones eso en mi presencia de nuevo!"

"¡De ninguna manera! ¡Debo romper contigo! ¡No estaré con un hombre tan malvado y perverso!" protestó Irene. Mientras ella lloraba y le gritaba, también luchaba por escapar de su control, pero el hombre no la soltaba de su muñeca ni un poco.

"¡No depende de ti decidir si terminamos o no! Espérame. Pronto le pediré las bendiciones a tu padre, así que compórtate ¡y cásate conmigo!" dijo Daniel. Pero luego, de repente, corrigió sus palabras y dijo: "En realidad, ¡no!" Daniel parecía haber cambiado de opinión, y miró a la terca mujer con una mirada contundente y un fuego en sus ojos.

"¿Qué?" preguntó Irene. Su mirada penetrante la asustó.

"¡Vamos a la Oficina de Asuntos Civiles ahora mismo para registrar nuestro matrimonio!" dijo Daniel. Daniel la arrastró a los tirones de su mano y se dirigió hacia la puerta.

'¿La Oficina de Asuntos Civiles?' Irene se sorprendió y al instante sus ojos se agrandaron. '¿Está loco?' pensó Irene.

"¡No, no voy a ir! ¡Quiero romper contigo!" Ella se agarró con fuerza al sofá de la ofi

remos por caminos separados!" dijo Irene. Se puso la mochila y saludó a Estela. Caminó rápido y estaba a punto de salir de la oficina.

Pero su mochila se atascó y no pudo avanzar.

Daniel arrastró a la mujer desobediente hacia sus brazos y le advirtió: "¡Irene, si realmente quieres desafiar mi paciencia, iremos a la Oficina de Asuntos Civiles esta noche!"

'¿Ir a la Oficina de Asuntos Civiles?' se preguntó Estela. Miró a las dos personas peleándose con una mirada increíble que brillaba en sus ojos.

"¡Qué pena! ¡La Oficina de Asuntos Civiles cierra por la noche!" dijo Irene sarcásticamente.

El hombre sonrió con pretensión y le respondió: "¡Cuando les pido que vuelvan a trabajar, vuelven a trabajar!"

... Irene se enfureció y al fin se soltó de él. Luego dijo de manera impulsiva: "Daniel, ¿te estás vendiendo tan barato?"

En ese momento, la oficina quedó en silencio. Estela se sorprendió por el coraje de Irene para desobedecer las palabras de Daniel de una manera tan agresiva.

Daniel miró a Irene con su rostro ahora sombrío. Dijo de forma clara: "¡Eso depende de ti!" Luego se alejó.

Estela le dirigió una mirada contundente a Irene, se marchó también con rapidez y alcanzó a Daniel.

'¿Depende de mí? ¡Debería decir que depende de mí!' pensó Irene.

Miró hacia la dirección donde desapareció y curvó sus labios, se sintió aún peor.

'¿Por qué no tuvo más paciencia para persuadirme? ¡Debió retirarse porque temía que yo descubriera sus mentiras! ¡Eso es! ¡Daniel tiene la conciencia culpable ahora!' pensó Irene.

Teniendo en mente que Daniel era un hombre malvado realmente, Irene negó con la cabeza y luego abandonó la oficina del CEO.

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