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   Capítulo 924 Irene se ha ido

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 6440

Actualizado: 2019-05-02 00:17


Las advertencias seguían sonando en su mente, especialmente las de su madre. "Ire, eres una buena chica. Tienes que cuidar de ti misma."

"Ire, ustedes dos aún no están casados. Deben usar contraceptivos."

...

Una vez, sondeó su madre preguntándole su reacción si descubriera que su hija se había quedado embarazada antes de casarse.

Su madre se quedó muda por un rato antes de gritar con rabia que definitivamente, la echaría de casa si eso sucediera.

En realidad, Luna solo había querido asustarla. Después de todo, fue lo que le había pasado a ella. Si le hubiera ocurrido a Irene, ella la entendería.

Jamás la echaría.

Pero Irene se lo tomó en serio.

Ella repasó impotente su lista de contactos, pero no encontró a nadie con quien hablar.

Estela...

Cerró los ojos con tristeza.

Daniel... Olvídalo... Recordó lo frío que se puso cuando le pidió a Valentina que abortara.

Si supiera que estaba embarazada, ¿le pediría lo mismo?

¡No! ¡De ninguna manera!

Irene se quedó un rato en la cafetería. Y entonces, se le ocurrió una idea.

Decidió actuar como hizo su madre. Cuando Luna se quedó embarazada, escapó con Daisy por temor a que Samuel la obligara a abortar.

Irene temía que los demás también la obligaran a abortar.

Así que debía irse.

Una vez que tomó la decisión y se calmó, pensó en el señor que la había contactado para comprar la tienda.

Y se la vendió en secreto.

Depositó el dinero en una tarjeta bancaria que dejó en la habitación de Samuel y Luna, con una nota... que decía: "Padre, Madre, no se preocupen. Volveré cuando me encuentre mejor. Devuelvo el dinero que Padre había invertido en mi tienda, con los intereses. Tomen el dinero para viajar, ir de compras o lo que prefieran."

Antes de irse, fue a la casa vieja y permaneció una noche con Milanda.

Nadie notó su comportamiento inusual. Todos lo tomaron como un bache emocional debido a su última r

000 por él.

Era noche cerrada cuando salió de la casa de empeños. Algunos hombres se le acercaron con malas intenciones.

Irene se asustó y retrocedió rápidamente, con las manos sobre su vientre.

"¿Qué pretendéis, chicos?"

Intentó tranquilizarse y los miró enfadada.

La empujaron hasta un callejón cercano. Uno de ellos dijo con una mueca malvada: "¿Qué vamos a hacer? ¡Dame el dinero!"

¿El dinero? ¡De ninguna manera! ¡Era imposible que les entragara el dinero que tenía que salvarle la vida!

"Será mejor que no me hagáis nada. Sé Kung Fu. ¡Cuidado con lo que hagáis!" Irene soltó su maleta y adoptó una pose de pelea.

Algunos de ellos estallaron en burlas. Uno de ellos se echó a reír y dijo: "¿Puedes? Tigre, ¡golpéala!"

Un gigante musculoso salió del grupo mientras crugía sus nudillos.

Irene le dio una patada en el brazo extendido. Tigre no pudo esquivarla.

"Hey, interesante. Parece que sí sabes algo de Kung Fu," dijo Tigre. Entonces, los dos empezaron a luchar.

Debido a que Irene estaba embarazada, no se atrevía a actuar con fiereza. De repente, la mano de Tigre golpeó su cara. Irene se quedó inmóvil, incapaz de moverse.

Los otros muchachos sonrieron y gritaron, "Danos tu dinero. O si no... Te haremos nuestra también. ¡Jajaja!..."

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