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   Capítulo 936 Tan desesperada por deshacerte de mí

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8946

Actualizado: 2019-05-04 00:42


De repente, se dio cuenta de algo mientras miraba con cariño a su preocupada hija. "¿Escapaste de casa porque tenías miedo de que yo me enojara con tu embarazo?"

Irene asintió en silencio.

...

"¿De hecho, pensabas que te pediría que abortaras?"

Asintió de nuevo.

Luna tocó sus sienes, angustiada. ¡Qué chica tan tonta era!

"¿Cómo pudiste pensar algo así? Por supuesto que al principio me habría enfadado un poco, pero después de todo, ¡soy tu madre y te habría cuidado en todo momento, asegurándome de que estuvieras a salvo y tuvieras los bebés!" Luna sollozó mientras se culpaba a sí misma por haber sido demasiado dura con su hija, y se preguntó si esto había influido en las decisiones de Irene.

Irene se acercó a su madre, la abrazó con fuerza, y dijo: "Mamá, ¡deberías habérmelo dicho!" Las dos estallaron entonces en llanto.

Acariciando suavemente la cabeza de Irene, Luna sonrió con los ojos llenos de lágrimas. "Niña tonta, nunca te hubiera pedido que abortaras. ¿Realmente piensas que tu madre es así de mala?"

Cuando vio que su hija estaba saliendo con Daniel, ya se le había pasado por la cabeza que tal vez se casaría estando embarazada.

Sin embargo, las cosas acabaron de un modo totalmente distinto a lo que había imaginado. Ellos se separaron y ahora, Irene se había convertido en madre soltera.

"Mamá, Michelle está ahora en país Z y Gaspar la está cuidando. Hay muchos miembros de la familia Qiao que sienten devoción por los gemelos. No te preocupes, todos son muy amables con ellas." La familia Qiao estaba asociada con los hombres de Tianye, pero eran de naturaleza amable y siempre eran buenos con su propia familia y amigos.

Después de dar a luz a las gemelas, Irene había perdido la memoria. Gaspar le contó que en realidad, era la jefa de los hombres de Tianye. Esta noticia la sorprendió, pero le creyó.

Desde entonces, se había recuperado gradualmente algunos recuerdos, pero todavía no tenía ni idea de lo que tenía que hacer. En el fondo, sentía que tenía que devolverle el mando a Gaspar.

"Por favor, invita a Gaspar al País C. Tu padre y yo queremos agradecerle personalmente lo que hizo."

Irene asintió; ella le debía mucho a Gaspar, y no era el tipo de deuda que se podía pagar simplemente con dinero.

Cuando pensó en eso, Irene se apartó de Luna y dijo: "Mamá, todavía debo ir mañana al país Z. Tengo que esconderme de Daniel por un tiempo."

Su repentina decisión confundió a Luna.

"¡Se niega a que vea a mi hija, y no le daría a Melania por nada en el mundo!"

"No necesitas esconderte de él, deja que tu padre se encargue de esto. Tu padrino y tu madrina también podrían ser de ayuda. ¡Daniel

nojar a nuestro querido Jefe Qiao?" Preguntó Fonzo en tono de broma al hombre entristecido.

"¡Váyase!" Le espetó Gaspar mientras seguía engullendo copas.

Fonzo arqueó las cejas. Bebiendo su vino con elegancia, preguntó casualmente: "Pensé que ustedes dos estaban viviendo juntos. ¿O no? Si me pregunta, todo lo que necesita hacer es ir a su habitación y dormir con ella."

Al escucharle, Gaspar dejó de beber y le dirigió una mirada severa.

"No estoy bromeando. Las mujeres suelen ser leales a sus parejas, especialmente una chica como Irene. Estoy seguro de que tan pronto como se acueste con ella, ¡le será leal, tanto mental como físicamente!"

Gaspar dibujó una sonrisa falsa con sus labios. Las palabras de Fonzo sonaban correctas, pero él no sería el primer hombre de Irene. Su corazón pertenecía a otro.

¡En este momento, Irene era leal a su primer hombre!

Fonzo volvió a abrir amigablemente la boca y dijo: "Mire a Melania y Michelle. Bueno, bueno, bueno, ¡si pudiera conseguir unos gemelos tan adorables como ellas!"

Aquella noche, cuando llegó a casa, Gaspar estaba bastante borracho, y apenas podía caminar en línea recta.

Fue llevado a su habitación por el mayordomo, pero Irene le escuchó y salió de su dormitorio.

Se sentía culpable porque le había enojado muchísimo al principio de la velada. Estuvo pensando toda la noche si debería hablar con él o no.

"Gaspar, ¿cómo estás?" Irene estaba en la puerta de su habitación, y el mayordomo acababa de ayudarle a acostarse cómodamente en su cama.

"Está borracho", le informó educadamente.

'¿Borracho?' Irene mandó al mayordomo a por un sirviente, en caso de que Gaspar necesitara algo durante la noche.

Pensó para sus adentros: "No pasa nada. Hablaré con él mañana cuando esté sobrio."

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