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   Capítulo 941 No podemos lastimarla

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 9094

Actualizado: 2019-05-05 07:59


Irene se sentia más dudosa a medida que escuchaba lo que decia Vern. ¿Por qué le había preguntado eso a ella? ¿Ya había vuelto Gaspar al País C?

Se quedó en silencio por un momento y se dio cuenta de que Gaspar no había dicho todo lo que sabía; algo estaba escondiendo. Pensaba en eso, por lo que negando con la cabeza dijo, "No sé dónde está. Él no me dijo nada."

Martin entró a la habitación y se sentó junto a Lucio que parecía no estar contento Entonces éste, en voz baja, le dijo a Martín al oído, "Parece que esos tipos no terminaron con su misión ya que todavía no han regresado a nuestra sede. ¿Qué demonios están haciendo?"

"No te preocupes. Si no cumplen, yo mismo terminaré la tarea." Martín frunció el ceño. Estaba bastante molesto a causa de sus camaradas.

Al observar la expresión de enojo en la mirada de Martín, Lucio le recordó, "No seas tan impulsivo, no olvides que tenemos otras misiones para esta noche. Hay muchas personas importantes aquí, entonces debemos aprovechar la oportunidad de convertirlos en nuestros amigos."

Cuando Irene escuchó la conversación entre ellos, su mirada se perdió en sus pensamientos.

En ese momento, Biel se puso de pie e hizo un brindis por Vern. diciendo, "Sr. V, muchas gracias por venir a esta fiesta, fue un placer conocerlo. ¿Puedo tomar una copa con usted?"

Vern asintió sutilmente, levantó el vaso y tomó un sorbo de vino. A diferencia de Vern, Biel vació el vaso con un solo trago.

Luego se acercó a Daniel y le dijo, "Sr. Si, eres un hombre fantástico. ¡Gracias! Gracias por salvarme la vida hace cinco años, estoy profundamente agradecido y en deuda con usted. ¡Salud!"

Daniel también levantó el vaso y respondió en tono sereno, "Biel, eres más que bienvenido. Tampoco fue gran cosa."

Compartieron una bebida e intercambiaron saludos cordiales unos con otros.

Biel le pidió a su compañero que le llenara la copa de nuevo, luego se dirigió hacia donde estaba Irene y la halagó por su carrera. "Señorita Irene, su negocio está prosperando. Puerta Tianye ha ganado un lugar en el Pais C, por lo que admiro su coraje y gran habilidad. Por cierto, es muy bonita y es un verdadero placer haberle conocido."

Al oír sus zalamerías, Irene le sonrió respetuosamente y respondió, "Sr. Biel, gracias. También estoy muy contenta de estar aquí, y gracias por demostrarme su enorme amabilidad."

Se levantó de su asiento y se tomó todo el vino que tenía la copa.

Lucio se asombró al verla y le dijo, "¡Guau! ¡Eso fue genial! Srta. Irene, usted también es muy buena para beber. ¡Debes ser un ícono femenino!"

Irene se sentó, y limpiándose la boca con un pañuelo pequeño, le dijo, "Lucio, no seas tan modesto. En realidad eres mejor que yo

tante que Martín era quién lo había traicionado. Quería pelear contra él, pero dos soldados lo agarraron del brazo y lo sujetaron antes de que pudiera hacerle algo. Lucio perdió el control y le gritó a Martín, "¡Franc! No, en realidad debería llamarte Martín. ¡Bastardo enfermo, nos has traicionado! ¡Vete al infierno!"

Martín miró impasiblemente a Lucio. En ese momento se arrancó la barba falsa y le mostró sus credenciales a Lucio, diciendole con frialdad, "Estás arrestado bajo sospecha de estar involucrado en el tráfico de personas y de armas. ¡Enciérrenlo!"

"¡Maldita sea, Franc! ¡Eres un enfermo bastardo! ¡Te mataré! ¡Sólo espera y verás!" Lucio gritó con mucha rabia mientras un soldado lo apretaba fuertemente con sus brazos.

De repente, un hombre salió corriendo de la multitud, tomó una pistola y apuntó a la cabeza de Irene.

"¡Será mejor que dejes ir a mi jefe, o de lo contrario mataré a esta mujer!", gritó el hombre.

Lucio estaba muy sorprendido por lo que veía. Intentó hacer recapacitar a su compañero y le dijo, "Santiago, ¡no seas tonto! ¡Cálmate! Ella tiene un entorno importante, y no podemos hacerle daño. ¡Déjala ir!"

Lucio pensó, '¡Qué idiota torpe! Puerta Tianye nunca lo dejará ir si Santiago lastimase a Irene.'

Santiago también entró en pánico. Miró a Lucio y gritó, "¡Jefe, ayúdame! ¡No quiero morir!"

Martín y Daniel se preocuparon de que Irene se asustase por lo que había sucedido, sin embargo ella mantuvo la calma todo el tiempo.

"Santiago, confía en mí. Soy la jefa de Puerta Tianye, pero no soy nadie para la policía. Tu trabajo no tiene valor alguno, y ellos no me van a rescatar. Por favor, déjame ir ahora." Mientras decía esto, Irene señaló a Daniel, quien estaba sentado mirando toda la escena con una expresión plácida y tranquila en el rostro.

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