ManoBook > Romances > Enamorada del CEO

   Capítulo 957 Ambos asumiremos las correspondientes consecuencias penales

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8653

Actualizado: 2019-05-08 00:50


Mientras Valentina sostenía a su hijo de un brazo y del otro arrastraba su equipaje, seguía caminando rapidamente. Solo había regresado para rezar en la tumba de su hermana mayor. Hoy era el aniversario de su muerte.

Martín le lanzó una mirada a los dos hombres que estaban detrás de él. Uno tomó el equipaje de la mano de Valentina y dijo: "Señorita Valentina, déjeme ayudarla a llevar su equipaje".

El otro hombre tomó a su hijo, lo sostuvo en sus brazos y le dijo: "Hola, pequeño, ¡deja que tu tío te lleve de paseo!"

Martín se acercó a Valentina y la tomó sobre su hombro. La llevó hacia el auto militar Audi.

Con la cabeza boca abajo y sobre el hombro de Martín, Valentina se sentía tan incómoda que ni siquiera podía soltar un grito. No tenía más remedio que dejar que la llevara al vehículo militar.

"¡En marcha!" Ordenó Martín a su compañero. Martín tomó a su hijo de los brazos de su hombre y luego, agarró la muñeca de Valentina con fuerza.

Valentina tomó aliento y descansó por un momento hasta que ya no se sintió mareada. Luego, sacó su celular del bolsillo y gritó: "¡Debo llamar a la policía! ¡Nos están secuestrando!"

"Marca el 911, por favor. ¡Haz lo que quieras!" Dijo Martín. Obviamente no le importaba, y siguió abrazando a su hijo.

¡Finalmente había cumplido el deseo de su abuelo de tener un hijo propio a la edad de treinta y un años!

Valentina apretó los dientes y soltó el teléfono. Trató de disuadirlo diciendo: "Señor, me ha confundido con otra persona. ¡Ese es mi hijo, y a usted no le conozco!"

Martín dijo entonces: "Eres Valentina Yi, y tienes veintiún años. Hace tres años, cuando tenías dieciocho, te obligaron a tomar una droga. Entonces, escapaste y te metiste en la habitación de otro hombre... Yo era aquel hombre".

"¡Cállese!" Gritó Valentina. Al escuchar la risita que provenía de los asientos delanteros, Valentina se sonrojó.

Martín mantenía sus ojos en su hijo, Nil, que tenía la misma sonrisa que él. Nil preguntó: "¿Realmente eres mi padre?"

"¡Sí, por supuesto!" Dijo Martín en tono afirmativo. 'De hecho, mis genes son poderosos. ¡Mira! ¡Mi hijo realmente se parece a mí! ¡No hay duda posible, este es mi hijo!' Pensó Martín para sí mismo.

El soldado que estaba sentado en el asiento del pasajero giró la cabeza, sonrió a Valentina y dijo: "Srta. Valentina, nuestro jefe la ha estado buscando durante tres años. Descubrió dónde estaba cuando reservó su pasaje de avión."

Al escuchar sus palabras, Valentina desvió la mirada hacia Martín y le preguntó: "¿Por qué me buscabas?"

Martín realmente le había s

o. Dijo: "Estoy bastante bien, pero Bill... Ay..."

Julio suspiró tristemente, lo que hundió a Irene. Se preguntó qué le había pasado a Bill.

Mientras subían las escaleras, Julio le hizo un breve resumen de la situación.

En un motín en África, los terroristas cortaron uno de los brazos de Bill cuando iba a rescatar a una niña herida.

Se detuvieron frente a una habitación del segundo piso. Cuando Julio llamó a la puerta, se escuchó un grito desde el interior. "¡Vete! ¡No quiero comer!"

Irene y Julio intercambiaron miradas. Este dijo: "Por favor, entra y haz todo lo que puedas para convencerlo".

Irene empujó lentamente la puerta para abrirla. El dormitorio estaba oscuro ya que la cortina estaba cerrada.

Cuando el hombre que estaba sentado al lado de la cama vio que la luz entraba por la puerta, gritó: "¡Te dije que no quería comer! ¿No me has oído? ¡Sal!"

'Bill... ¿Por qué se había convirtido en un hombre tan negativo?' Se preguntó Irene.

Sintiéndose desconsolada, se acercó lentamente a él.

El hombre llevaba una camisa negra. Estaba sentado en la alfombra cerca de la cama. Había algunos libros a su lado. Miraba distraídamente la brecha entre las cortinas.

"Bill", llamó Irene.

La dulce voz sorprendió a Bill; le tembló el corazón.

Volvió la cabeza y miró a la mujer que se le acercaba. Pero su vista estaba nublada, por lo que se frotó los ojos.

"Bill, soy yo. He venido a verte".

Esta voz familiar... Y esta figura conocida... ¡Era Irene de verdad!

Bill se levantó de un salto, pero de repente se dio la vuelta y se quedó de espaldas a Irene. "Irene, vete. Por favor", exigió Bill.

Aunque solo fue por un breve momento, Irene había visto la cara sucia de Bill.

Free to Download MoboReader
(← Acceso rápido del teclado) Anterior Contenidos (Acceso rápido del teclado →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Subir

Compartir