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   Capítulo 971 Una cálida familia para las gemelas

Enamorada del CEO Por Bai Cha Palabras: 8418

Actualizado: 2019-05-11 00:28


La gente que se encontraba en la sala de estar quedó sorprendida. "Ay, Dios mío Ire, ¿eres alérgica a algo?" Selina Bo, con cara de asombro, observaba con detenimiento el cuello de Irene.

"Ire, ¡has soportado tantas cosas!" Sally se rio. Estaba casada y sabía lo que le había sucedido a Ire.

"¡Ay Dios mío, Daniel, eres de verdad muy fuerte!" Gonzalo Si cruzó los brazos y miró al hombre que estaba fumando.

Irene se sonrojó y se cubrió el cuello. Sintiéndose desconcertad, dijo, "¡Todos, dejáis de mirarme!"

Intentando esconder su rostro sonriente, Selina preguntó, "Daniel, ¿quieres un segundo hijo con Irene?"

"¿Un segundo hijo? ¡Incluso si lo quisiera, definitivamente no lo volvería a tener con él!" Irene se había puesto furiosa y mencionó algo que había irritado terriblemente a Daniel.

Él fumaba su cigarrillo, y cuando escuchó las palabras de Irene, dijo de repente, "¡Si alguna vez te atreves a tener un segundo hijo con otro hombre, lo mataré!"

...

Haciendo oídos sordos a las risas de la gente que la rodeaba, Irene miró con furia a Daniel diciéndole, "¡Daniel, simplemente espera la invitación a mi boda!"

Luego corrió hacia el guardarropa de él, sacó una bufanda de invierno y se la envolvió en el cuello.

La multitud volvió a reírse, y más tarde todos abandonaron el Orilla Complejo.

Irene, quién era la última del grupo, miraba fijamente a Gerardo Shao hasta que este comenzó a sentirse incómodo.

"¿Por qué me miras así?" Preguntó.

"Tu hermana no vino a casa en toda la noche; ¿por qué no hiciste algo al respecto?"

Se quejó Irene. Se entristeció al pensar que esto de no regresar a la casa por las noches ya lo había hecho muchas veces pero su familia no se preocupaba ni tampoco la buscaba.

Ay. Ese era el motivo que la había hecho enojar tanto. Gerardo la comprendió pero no le respondió sino que le dijo algo más. "Bueno, Daniel vino a nuestra casa anteayer. Le regaló a nuestro padre un frasco costoso de té fresco cuyas hojas habían sido recogidas a mano por jóvencitas que tenían alrededor de dieciséis años. Las hojas de té más nuevas habían sido recolectadas con sus labios para que el agua del té estuviera limpia y fresca, y..."

"¡Para de hablar! Hermano, ¿de qué diablos estás hablando ah?" Irene se sintía agotada y por eso interrumpió a Gerardo.

Gerardo asintió, y sin que se le entendiera mucho le respondió a Irene, "Durante los últimos tres años, Daniel fue quien ayudó a cuidar a nuestros padres. Siempre venía a ver a sus suegros y cada ve

és de ver lo que había sucedido, Daniel fue el primero marcharse.

La montaña Dongcui se ubicaba a unos doscientos kilómetros del centro del Pais C, y era catalogada como uno de los mejores sitios naturales a nivel nacional. Había un paisaje montañoso muy hermoso, llamado "el lienzo pintado de diez kilómetros".

A la gente le llevaba dos días visitar la montaña.

La montaña más alta del País C estaba al lado occidental de la Montaña Cuiping, y del lado oriental había muchas cascadas y un bosque de arces. Si las personas se despertaran a horas tempranas de la mañana, tendrían la oportunidad de ver uno de los amaneceres más maravillosos de sus vidas.

Cuando llegaron al pie de la montaña Cuiping, ya era mediodía. Sus costosos autos también eran motivo de atracción para los otros turistas.

Fueron a almorzar a un restaurante local en el que charlaban sentados todos juntos mientras esperaban la comida.

Gonzalo dijo, "Ha pasado mucho tiempo de la última vez que viajamos", y agitó su cabeza en señal de pesar.

Irene se rió de él y dijo, "¿Qué hay de tu luna de miel con Estrella?"

Ella estaba sentada junto a Sally y Daniel, entonces se corrió acercándose un poco más a Sally y así mantener distancia de Daniel.

Se sintió atemorizada de él al ver que trataba con un poco de frialdad a la gente.

Gonzalo la miró y luego golpeó tres veces la mesa con sus palillos. Y dijo, "¡Ya han pasado tres años de nuestra luna de miel!"

"Bueno, tengo uno, dos, tres años..." Irene contaba con sus dedos, "Bueno, saquemos uno. ¡Han pasado dos años de la última vez que viajé!"

Gerardo tomando las manos de su esposa, dijo: "¿Para mi? ¡Eh, unos diez años!"

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